Cuando la música no es puro grupo

Sebastián Espósito
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24 de diciembre de 2018  

El grupo de WhatsApp de las mamis y papis del jardín; el del consorcio; el de los amigos del club; el del trabajo. Hace tiempo que, por su comodidad e inmediatez, esta aplicación que reemplazó los mensajes de texto, los mails e incluso las llamadas telefónicas se convirtió en nuestra herramienta de comunicación predilecta.

Para un amplio grupo de cancionistas que residen entre la Argentina y México, el grupo de "wasap" Núcleo Distante fue la manera de conocerse, ponerse al día, intercambiar información y música e incluso acompañarse en la compleja tarea de hacer y difundir la obra propia. Todos ya tienen un recorrido hecho, al menos dos discos editados y varias giras en su haber, pero ninguno "la pegó", traspasó la barrera del under y llegó a las grandes ligas. Precisamente es en esos aspectos y en los estilísticos donde encontraron la manera de "ayudarse" y entenderse, de complementarse y de sumar obra. Por esa misma vía en la que se recomendaban canciones y sugerían cosas empezaron a pasarse temas propios y a conocerse más. Así, argentinos como Lucio Mantel, Loli Molina y Ezequiel Borra, el mexicano David Aguilar, la peruana La Lá y los uruguayos Florencia Núñez y Franny Glass, entre veintidós nombres, se encontraron con un disco que no buscaban y con la posibilidad que perseguían: la de un proyecto que tenga más capítulos en los que la distancia sea, como en este caso, una mera anécdota.

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