Cuando la poesía se hace actuación

René Vargas Vera
(0)
17 de noviembre de 2012  

A GALOPAR / Direccion: Humberto Lío / Intérprete: Hugo Ponce / Texto: Glosas y cantares del romancero español, de diversos poetas españoles desde la Edad Media hasta la actualidad / Musica: Paco Ibáñez / Laúd y guitarra: Sebastián Stauchler / Teatro: IFT, Boulogne Sur Mer 549 / Funciones: Sábados, a las 20.30

Nuestra opinión: muy bueno

Que la mejor poesía española retoce, con la gracia de un repentino juglar, en medio de la cacofonía invasora de esta segunda década del siglo XXI, es casi un milagro. Que salten y brinquen alegremente los versos irreverentes de aquel incisivo humorista (curioso pagano medieval como mester de clerecía), el Arcipreste de Hita (Juan Ruiz); que nos convierta en cómplices el desparpajo de la crítica social en plenos años del 1700 contra curas, monjas y otras hipocresías por el hoy olvidado Samaniego; que se instale hoy aquella poesía popular de los romances anónimos de los siglos XV y XVI con sus historias de reyes y condes, de maestres y moros, de enamorados y sus amadas, y que nos sacudan el pensamiento y el corazón el verbo punzante de Quevedo, los versos luminosos de García Lorca y Miguel Hernández, y los testimonios lacerantes de la España republicana de la Guerra Civil y aledaños, en las voces de Rafael Alberti, Gabriel Celaya, León Felipe, Luis Cernuda, Blas de Otero y José Goytisolo, es un apetecido, esperado y demorado regalo.

Y que esta quijotada, emprendida por el cantante y actor Hugo Ponce, fuese concebida como homenaje a Paco Ibáñez, quien puso melodías y ritmos a tan alta poesía, y como tributo al inolvidable José María Vilches (aquel del inefable El bululú ), es digno de ser celebrado.

La sorpresa y la originalidad que pide la buena música y la excelsa poesía han sentado aquí sus reales. A un costado del escenario se ha instalado un laúd, cuya música renacentista tañen los minuciosos dedos de Sebastián Strauchler. Es el sutil pórtico para que irrumpa un juglar de vistoso atuendo, dispuesto a ofrecer canciones a cambio de albergue y comida en casa de unos señores.

Es a partir de su histrionismo, pletórico de gestos faciales y corporales, y de desplazamientos de saltimbanqui que Ponce teje un fascinante entramado de cantares que nos remiten directamente a Paco Ibáñez y su mesurada empatía con estos amados y admirados poetas españoles, pero también nos acercan a la teatralidad admirable de Vilches. Atrapan la límpida y cultivada voz baritonal de Hugo Ponce, su impecable afinación y técnica vocal, y los riquísimos matices con los que sabe expresar los contenidos del restallante humor y la honda filosofía que habita en la poesía española. Nos hacía falta un poco de tanto ingenio, honestidad, compromiso y vuelo creador.

ADEMÁS

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.