Cuánto pagarías por una noche con Rod Stewart: detalles de la cena gala que dio el cantante británico en Costa Salguero

A los 73 años, el rockero celebró San Valentín con una gala en Costa Salguero; el viernes se presentará en GEBA
A los 73 años, el rockero celebró San Valentín con una gala en Costa Salguero; el viernes se presentará en GEBA Fuente: LA NACION - Crédito: Patricio Pidal
Dolores Moreno
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15 de febrero de 2018  • 08:17

Camino a Costa Salguero hay una pregunta que se hace inevitable: ¿quiénes son las personas que van a la cena gala de Rod Stewart? ¿cuánto dinero estuvieron dispuestos a pagar? Los precios de las entradas son, comparados a los de 2011 cuando el hombre de la voz carrasposa hizo un encuentro similar, tres veces más elevados.

Manuel estrenó saco. Es empleado público de un banco. La semana pasada estaba pensando en cómo sorprender a Raquel, empleada de Edenor, su mujer desde hace 12 años, y encontró en Internet una opción: la cena gala de Rod Stewart, el día de los enamorados, en Costa Salguero. Lo pensó un rato, desistió. Lo volvió a pensar y apretó el botón "comprar". Esperó el momento para contárselo a la madre de sus dos hijos. Al enterarse del plan, Raquel se emocionó: los dos son fanáticos del británico de padres escoceses. A la tarde, Manuel, ya tenía resuelto el atuendo pero Raquel no. Dio vueltas y vueltas hasta que dio con el vestido adecuado. Es corto, negro y con brillos. "Había que vestirse de gala", dice mientras disfrutan del cóctel previo a la cena más cara de sus vidas. Raquel no quiso saber el precio y Manuel se escudó: "Es una sola vez en la vida". Lo cierto es que para estar ahí tuvieron que pagar, en cuotas, el total de...

Vamos por partes: la fila, el cocktail y la espera

Laura, de 44, y Andrés, de 50, caminan hasta el pabellón de Costa Salguero. Miran la hora. Ella tiene un vestido largo verde con brillos, él, un traje. La fila avanza rápido. "Girl Just Wanna Have Fun", de Cyndi Lauper, se escucha de fondo. La frase vuelve a repetirse "es un gusto que te das una sola vez en la vida", dicen casi a coro cuando analizan el abultado precio que pagaron para estar ahí. Hace seis años que están juntos y Rod es la banda sonora de esa relación. "Habíamos pensado en ir a Las Vegas y verlo ahí. Gastás la misma plata casi", cuenta a LA NACION la licenciada en administración que sigue a Stewart desde los 16 años. "Venimos de un año difícil y era un mimo que nos queríamos dar", suma Andrés, aunque no evitan quejarse de los 300 pesos que pagaron en el valet parking. Adelante, otras parejas van camino hacia el mismo lugar, como llamadas por la música y el reflejo de las luces azules, verdes, rojas y amarillas que salen disparadas desde el salón con clima dance.

Algunos utilizaron el día de los enamorados como excusa para celebrar, otros están acostumbrados a las galas internacionales. El patrón que une a la gente de la fila es la edad: en su mayoría tienen más de 50 años. Hay atuendos especiales para lo ocasión: vestidos de fiesta, con transparencias y brillos, trajes con corbata y moños. Pero también está el que decidió no hacer caso al "elegante" de la consigna y que tiene zapatillas y jeans.

Adentro, la música suena fuerte. Hay una barra en el centro con vinos de la bodega Rutini. Los mozos pasan con bandejas con canapés, empanaditas de verdura, dips con queso en forma de mini conos. Al pasar la puerta, unas pulseras doradas o plateadas -de acuerdo al tipo de entrada que se tenga- dan la bienvenida al all inclusive. Hay alfombra roja por la que posarán los famosos que, en esta oportunidad, no serán muchos: Martín Insaurralde y Jésica Cirio, Ana María Orozco, Karina Mazzocco, Luli Fernández, Laura Laprida, Eleonora Wexler y la mejor amiga de Pampita, Barbie Simons. También son parte del comitiva el Bambino Veira y los hermanos Barros Schelotto. Hay flecos y no tanto glamour. Salvo por la pareja de profesores de económicas de la UBA: Raquel y Juan están acostumbrados a galas europeas. Elegantes los dos: ella con un vestido negro largo y él con traje con moño rojo que hace juego con el pañuelo y los botones de la camisa. Ella mira con extrañeza los looks del resto de las mujeres, él se toma una copa de vino mientras comparan experiencias. "En Europa pagamos menos incluso por ver a Paul Simon", dicen. Aunque el precio no fue un problema.

Son las 21 pasadas y por altavoces invitan a pasar a las mesas. Los clásicos de los 80 siguen sonando. Hay plantas artificiales adentro de las barras, además de la central, hay tres más. Las selfies se suceden una a una. "Big in Japan", de Alphaville, es uno de los temas con que el set de los DJ del cóctel se despide. Es hora de pasar a la mesa.

La cena

Con mantelería negra y centros de mesa blancos, de a poco se van llenando las 184 mesas, aunque a lo largo de la noche ven a sobrar unos cuantos lugares. Seguramente, como dice una pareja de peruanos que viajó desde Lima especialmente para ver este show ya que Rod los había impactado en Las Vegas, los que no pudieron pagar esa entrada podrán ir a verlo el viernes a GEBA.

El escenario está al fondo y dos pantallas gigantes, con buena definición, a los costados, completan la puesta. Faltan casi dos horas para que el show arranque. Los platos empiezan a desplegarse: burratina especial, con duraznos a la plancha, emulsión de albahaca y speek crocante, de entrada; bife extracotto, con papa solano, chutney de tomates y gremolata de hierbas, de principal; y por último, pavlova de ananá y menta, con helado de crema y salsa de maracuyá, de postre. Todo de EAT catering.

En las mesas de adelante, Insaurralde y Cirio saludan y posan; más atrás hay una mesa de celebridades de rojo, invitadas por una conocida revista. El resto, en su mayoría, son parejas. Hay grupos de amigas. Y está Jorge Camacho, fotógrafo, que sigue al británico desde 1978 y lo vio cerca de 20 veces; él irá contando paso a paso todo lo que va a pasar en el show. Las copas de vino y champán son rellenadas casi mecánicamente. El ambiente es de festejo, de casamiento. Damsel Talk empieza a tocar, son la banda soporte, comandada por Jenny de Inglaterra, que a lo largo el set hablará en francés, inglés y español.

El show

A las 23, Rod Stewart y su ajustada banda se apoderan del escenario. La gente aplaude, festeja. "Denle la bienvenida a Rod Stewart y su banda", dice el vocalista que, con sus 73 años, ocho hijos y cinco mujeres, parece el mismo que hace 6 años cuando fue protagonista de una gala de magnitud similar. Es Dorian Gray.

Viene de compartir una gira junto a Cyndi Lauper por los Estados Unidos y también realizó shows en el Caesar's Palace de Las Vegas, pero ahora está en Costa Salguero. Lo acompañan trece músicos: seis mujeres (tres coristas, una percusionista, dos violinistas y una que irá rotando de instrumento, entre ellos, una imponente arpa dorada) que cambiarán en cuatro oportunidades de vestuario y siete hombres (un saxofonista, un pianista, dos guitarristas, un bajista y dos bateristas). Suenan "Love Train", "Having a party", "Some guys have all the luck". Rod está vestido de negro con saco plateado; más tarde lucirá un traje con un estampado chino para terminar con uno blanco; sus chicas pasarán de vestidos cortos con flecos a polleras escocesas.

Stewart desplegó toda su energía sobre el escenario, hizo suspirar a sus fans, repartió pelotas de fútbol y repasó sus más grandes éxitos
Stewart desplegó toda su energía sobre el escenario, hizo suspirar a sus fans, repartió pelotas de fútbol y repasó sus más grandes éxitos Fuente: LA NACION - Crédito: Patricio Pidal

Los de seguridad piden a los más eufóricos que tomen asiento, mientras que el fanático del Celtic empieza a tirar pelotas de fútbol para las mesas. Convoca gente de la mesa 25, de la 67. Algunos, como Camacho, logran evadir a los de seguridad y vuelven con su pelota autografiada. "Es la quinta", dice orgulloso, cuando regresa con el trofeo. Rod mueve los brazos, tira pasitos, quiebra la cadera. La gente grita y levanta servilletas. Pero lo que más hace es grabar videitos. A lo Mick Jagger, Stewart no para de moverse sobre el escenario: levanta hombros, mueve las piernas haciendo figuras. Tiene el carisma intacto. La puesta lumínica es azul, más tarde roja, rosa. Los tambores, piano y baterías tienen la misma estética: simulan un piso damero, son cuadrados blancos y negros en sus fachadas.

Sigue con su set, donde su voz es protagonista. Se ve su casa de fondo, cada una de las proyecciones tienen que ver con él. También va a haber imágenes de sus hijos con camisetas del Celtic y de cuando el príncipe Guillermo lo distinguió como Sir, algo que sucedió en octubre de 2016. Saca uno de sus temas más emblemáticos ("Tonight´s the night") y la gente canta mientras él se agacha. Se saca el saco y los suspiros se escuchan desde las mesas. Tiene unas zapatillas brillantes, un regalo de Daniel Marra, un zapatero argentino al que más tarde hará subir al escenario junto a su hija.

El show continúa con "Forever Young" para hacerle honor al great american songbook. Presenta a sus chicas, cada una cuenta de donde es: Dublin, Hollywood, Las Vegas, Nueva York. Llega "Dowtown Train" para darle paso al costado más íntimo con "The first cut is the deepest", con flores y corazones como parte de la escenografía, "People Get Ready", "I don't want to talk about It" ("es una hermosa canción, es buena para el corazón y para el alma", dice el cantante) y "Have I told you lately". Suenan violonchelos y guitarras acústicas. Rod deja los pasos para mostrar su costado más romántico. Las chicas tienen otro outfit: el mismo vestido del principio pero multicolor. Rod se va del escenario, y deja a una de sus coristas como primera voz en "Proud Mary", de Creedence Clearwater Revival.

Video

El final se acerca. Stewart, quien decidió dejar el fútbol, su primera pasión, y se dedicó a la música, vuelve para reconquistar a los presentes con su swing y su característica voz: elige para terminar un enganchado de "Maggie May", que levanta al público de sus sillas, "Baby Jane" y "Da ya think I'm sexy?", con la que el baile se traslada del escenario al resto como una ola contagiosa. Hay servilletas blancas en el aire. Y, como cierre, "Sailing".

Rod saluda y se va. No hay bises. Ya volaron pelotas por el aire, hubo pasos, temas románticos, brazos balanceándose. Camacho sonríe y cuenta su hazaña: cuando fue para adelante en busca de una de las pelotas, le mostró a Rod que tenía abajo de su camisa la camiseta del Celtic. "Si te ve la camiseta, te la da en la mano", revela.

La gente lentamente deja el salón para ir hasta donde horas antes tuvo lugar la recepción. Es jueves, sonaron 16 canciones, el show duró hora y media pero el plan bastante más. Las parejas se abrazan, ya terminó el día de los enamorados.

Yendo al interrogante planteado al principio: ¿cuánto costó? Mucho. "Casi 30 mil pesos", contaba en la recepción Manuel. Él optó por las entradas gold que salían 12 mil (más impuestos) cada una. Otros por las platino, a 14 mil (más impuestos), para poder estar un poco más adelante.

Si es solo una vez en la vida, ¿por qué no?

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