Daniel Binelli tocó en China y volvió encantado

El bandoneonista compartió con su grupo Tango Metrópolis y con la pianista Polly Ferman actuaciones y clases magistrales
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20 de diciembre de 2001  

"Este fue un año fantástico para mí. Estoy en una etapa especial de la vida. Siendo un abuelo feliz por primera vez, lo que más me interesa ahora es tener hijos musicales."

A esta primera confesión de Daniel Binelli le sigue una retahíla de revelaciones íntimas, dictada por experiencias inolvidables como ser humano sensible y músico inquieto.

"En Shanghai (una ciudad con diecisiete millones de habitantes, con un teatro modernísimo y lujoso) me presenté con mi grupo instrumental y coreográfico, Tango Metrópolis (integrado por quince personas), y con la pianista Polly Ferman en el Tercer Festival Internacional de las artes de Shanghai. Allí, como en Japón, dictamos cinco clases magistrales en universidades. Y también tocamos al aire libre, en una fría mañana, con un éxito rotundo. Todo fue muy emocionante; ya desde el momento en que hay que tener coraje para subir a un avión después de la catástrofe de las torres gemelas: me agarré un fuerte stress. Necesité masajes que fueron una cura fenomenal a través de los centros neurálgicos del cuerpo. En China comprendí la superioridad de ese país sobre otros pueblos. Ellos tienen una herencia de dos mil años y en todas partes asoman los signos de su sabiduría. Todo eso me ratificó que estaba dando buenos pasos al tratar de hacerme controles médicos periódicos, de fumar menos, de caminar, de bajar de peso para no tener problemas de salud más adelante. Hoy trato de vivir en plenitud, de rescatar la riqueza interior, de rendir mejor con la música para disfrutar el bagaje de una historia personal cargada de sucesos familiares y artísticos de todo tipo. La vida nos enseña que hay que ser selectivo para no complicarse; que la cabeza decide cosas del cuerpo y que el cuerpo y el espíritu deben marchar en armonía; que uno es viejo en la medida en que uno se deja estar, que es cuando aparecen las "enfermedades silenciosas"."

- Desgranás estas reflexiones afianzadas por un largo viaje...

-Creo que sí. Estuve en gira, fuera del país, desde el 4 de octubre hasta el 1° de diciembre últimos. Quiero hablarte, antes que de música, de emociones fuertes que experimenté en este viaje. El 6 y el 7 de octubre toqué con la Filarmónica de México, justo el día del inicio de la invasión a Afganistán. El dato me lo dio el propio director mexicano. Entonces pensé que tal vez se trataba de la última presentación de mi vida. Al otro día debía viajar a Montreal. Después de los aplausos por los tres tangos sinfónicos de Piazzolla, decidí decirle a la gente, con el lenguaje de la música: "Les entrego de corazón algo que representa a mi país". Me pareció que era lo único que debía hacer. Por eso toqué "Los mareados". Viajé a Montreal pasando por Chicago. Los aeropuertos estaban semivacíos.

El concierto del 11 de octubre se había suspendido porque Martha Argerich no quiso viajar en avión. Estaba conmocionada por los ataques a Nueva York. Debí permanecer dos semanas en el hotel. Me pagaron todo. El 20 de octubre llegó Martha y se fue de Montreal en auto hacia nueva York con el director Charles Dutoit. Yo me había ido antes en avión. Eramos seis pasajeros. El aeropuerto Kennedy estaba vacío. Como llegué una semana antes, ofrecimos unos conciertos (previstos para el 23) con Polly Ferman en la American Society de Nueva York.

Allí presentamos con muchísimo éxito el disco de nuestro dúo, que habíamos editado aquí. En Broadway había poca gente, pero me impresionó ver a norteamericanos y extranjeros con banderitas en manifestación de unidad universal. Para el 27 estaba programado el concierto que yo iba a protagonizar en el Carnegie Hall junto a Martha Argerich. Fui al teatro con Polly Ferman y probé con la orquesta lo que íbamos a tocar.

Cuando ingresé en mi camarín tuve dos sensaciones encontradas: primero, un sudor frío debido al compromiso que asumía en esa prestigiosa sala; luego me acordé de quienes me habían ayudado en mi trayectoria, desde mi papá, en Quilmes, mis hijas. Empecé a tranquilizarme, aun sabiendo que esa noche sería inolvidable. Así fue que en la primera parte toqué el "Concierto para bandoneón y orquesta", de Piazzolla, "Adiós Nonino" y "Oblivión", con el oboísta de la Sinfónica de Montreal. Charles Dutoit me siguió respetuosamente en los mínimos matices que yo hacía, y respetó mis dibujos de improvisación. Los forte y los piano fueron de una perfecta sincronización. Un gran director estaba siguiendo mis pasos. Fue algo especial. Sentí la profunda emoción de haber representado bien a mi país. Tuve que salir tres veces a saludar. Luego le tocó el turno a Martha, con el concierto de Tchaikovsky. Fue un delirio. La aplaudieron durante más de cinco minutos. Y como se pedía el bis habitual, Martha me insistía en que lo brindara yo y no ella. No podía creerlo.

Fue algo tremendo; algo entrañablemente fuerte. Le dije: "De ninguna manera, Martha. Sé muy bien que el público te espera ansiosamente".

Sobrevivientes

Binelli cita obras musicales sólo a pedido de este cronista. El insiste en contar emociones.

"De allí nos fuimos a Japón con Polly Ferman. Yo había empezado a actuar en Japón en 1979, con Pugliese y con orquesta o grupos propios regresé al menos una docena de veces. Las más recientes, con la cantante Milva en 1997 y con la Sinfónica Nacional (y otra vez Martha Argerich) en 1998. Tocamos con Polly en Suite Basil, donde se presentan todos los grandes del jazz. Nosotros hicimos un programa exclusivamente de música argentina: de Piazzolla y mía, de Ginastera y del interior. Fue algo fuera de serie en mi vida. Polly había vivido ocho años en Japón y pudo organizar otros conciertos, esta vez en Kumamoto, en un patronato de leprosos, a beneficio.

"En la vida de Polly era otro más ese leprosario. Había gente de edad avanzada que había sufrido la guerra y la destrucción de Nagasaki, cerca de allí. Lo organizó un príncipe japonés. También tocamos en un castillo frente a mil seiscientas personas, en dúo con Polly y junto a los bailarines y coreógrafos Pilar Alvarez y Claudio Hoffmann. Con ellos formamos el grupo Tango Metrópolis desde hace tres años (son diez danzarines, mi quinteto y Polly). De Japón, donde dictamos una clase magistral en la Universidad de Rikkho, viajamos a China. Creo, absolutamente, que éste es el país del futuro. Es entrar en otra dimensión; majestuosa, ya desde el aeropuerto de Shanghai, diseñado por un arquitecto francés. Y no solamente porque tenga unos dos mil edificios como las torres gemelas, sino por su cultura milenaria.

"Tocamos en un teatro majestuoso y moderno, diseñado por el mismo arquitecto. Allí hubo mucho ballet, desde Béjart y el Bolshoi hasta óperas y música sinfónica de los mejores del mundo. Su confitería es un símil del célebre Maxim´s, de París. Debutamos con la compañía Tango Metrópolis con lleno total en todas las funciones. Fue la segunda vez que el tango llegaba a China, que no lo conoció antes. El público es especial. Si no le gusta algo, directamente se va de la sala. Bueno, nos aplaudieron de pie y a rabiar. Hubo una conexión directa entre ese público y el tango. También en Shanghai, y luego en su capital, Pekín (trece millones de personas) -siempre junto con Polly- dictamos clases magistrales en universidades y colegios de música. En este caso todo se cumplió a la perfección gracias al apoyo incondicional del embajador argentino Belloso, que organizó estos conciertos y presentaciones y que está empeñado en hacer conocer el tango y la producción argentina. Quiero resaltar aquí que tanto en Japón como en China, y en los aspectos musical y humano, conté con la compañía inestimable de Polly Ferman. Ella no solamente es una gran difusora de la música argentina sino que ha ingresado de lleno en el terreno del tango y lo hace con una garra y una exquisitez increíble."

Binelli y Ferman están de regreso. Estas son las sensaciones de un músico no sentimental y de una persona abierta, clara, sencilla al hablar.

Tras presentarse en Gandhi el sábado último con su quinteto, Binelli volverá a tocar, esta vez con su dúo con Ferman, mañana y pasado mañana en la librería Clásica y Moderna (Callao 892), a las 22, para interpretar música argentina, uruguaya y brasileña. En algunos tramos se les unirá el guitarrista César Angeleri.

"Polly y yo formamos una sociedad muy fuerte desde hace más de un año. Tuvimos muchísima actividad entre discos, clases magistrales y presentaciones exitosas, aquí y en el exterior, con música argentina. Su compañía artística y personal es deliciosa."

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