De los grandes y los chicos

Daniel Amiano
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28 de diciembre de 2001  

Una de cal y otra de arena. 2001 se despide con la tristeza de haber perdido a George Harrison y con la alegría de saber que en marzo próximo podremos ver a Roger Waters sobre un escenario argentino, el primer Pink Floyd que llega a este rincón del planeta. Una de cal y otra de arena. Los sellos internacionales ya no apuestan a una renovación del rock, sólo a nombres consagrados que, además, representan una cantidad extremadamente reducida; mientras tanto, como contrapartida, las producciones independientes se multiplicaron muy a pesar de la crisis que, para colmo, se hizo más profunda en estos últimos días, lo que impide mirar hacia atrás con mayor nitidez.

Una de cal y otra de arena. Hace décadas se decreta la muerte del rock; hace décadas que el rock se renueva. Bob Dylan, a los 60, sigue dando batalla. Gorillaz inventó una nueva forma de presentar un espectáculo rockero, una especie de animé agitadísimo.

No, el rock no muere. Muta. Se burla de sí mismo. Se enamora de estrellas fugaces. Se sorprende con constelaciones que parecían perdidas en el firmamento. Se permite dar un paso atrás, o dos. Avanzar con una psicodelia que acompañe estos tiempos. O sucumbir ante la distorsión de una guitarra. O se deja convencer por caricias electrónicas. Todo es posible, todavía, en el rock, y eso sigue haciéndolo protagonista de la cultura de este tiempo. Con nombres diferentes, sonidos que proponen renovarse, pero siempre con la convicción de no quedarse dormido en lo que conoce.

* * *

Incluso George Harrison, que luchó durante el último tiempo contra una enfermedad que le llevó la vida, hizo un voto de confianza cuando decidió grabar nuevas canciones que no llegaría a ver editadas. Nada mejor que un ex beatle para dar el ejemplo. Incluso McCartney, a los 59, sacó nuevo disco hurgando en sus raíces, y Ringo, a los 61, se divierte de gira con los All Starrs. Mientras tanto, Charly García y León Gieco celebraron, a su modo, el medio siglo de vida, y Luis Alberto Spinetta sale de su escondite para regresar mañana (después de muchos años) a Obras. Y los más chicos pelean en las divisiones inferiores para lograr el ascenso. No es fácil, claro. Las circunstancias económicas no ayudan. Pero las cosas nunca fueron demasiado fáciles.

Hace varias décadas que se anuncia la muerte del rock. Incluso muchos artistas renunciaron a él públicamente, a veces por capricho, a veces por querer ampliar la convocatoria. 2001 no fue testigo de su desaparición. Es más: trajo muchas gratas sorpresas en buenas canciones.

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