Dos conciertos sobresalientes

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24 de mayo de 2003  

Conciertos inaugurales del ciclo Nuova Harmonia 2003 , con la actuación del pianista Enrico Pace, organizados por la Fundación Coliseum con el auspicio del gobierno de Italia, el Instituto Italiano de Cultura y el Cidim. Primer programa: Sonata en Mi mayor Op. 109, de Beethoven; "Kreisleria" Op. 16, de Schumann; 10 Morceaux Op. 12, de Prokofiev; y Suite de "El pájaro de fuego", de Stravinsky-Agosti. Segundo programa: Sonata Op. 109, de Beethoven; "Kreisleriana", de Schumann, y "Les jeux d´eau ˆ la Ville d´Este", Soneto 104, del Petrarca, y "Aprés un lecture de Dante" (Fantasía quasi sonata), de Liszt. En el teatro Coliseo.

Nuestra opinión: excelente

Esta nueva visita en la que el notable pianista italiano Enrico Pace se presentó en Buenos Aires en noches sucesivas jalonará sendos puntos sobresalientes de la presente temporada musical.

En sus dos conciertos, Pace, que visitó nuestro país hace cuatro años, inauguró brillantemente el ciclo Nuova Harmonia, con muestras concluyentes de su arte, que ha alcanzado un notorio grado de excelencia.

Como representante de una generación intermedia de pianistas, Pace demostró que pese a su sólida formación técnica y al hecho de haber ganado premios internacionales, distinciones y fama consagratoria, no ha sucumbido a la tecnología pianística. Ha probado que es un cultor de la verdadera música, que reina sobre los métodos o escuelas, por más efectivos o innovadores que éstos sean.

Sus recursos técnicos poseen noble procedencia, le posibilitan un buen sonido, excelente manejo del color, amplia disponibilidad de géneros de toque y de la acústica del instrumento gracias a un empleo poco frecuente de los pedales (especialmente el tonal y la sordina, o ambos combinados). Pero por encima de ello está el comando que siempre ejerce sobre sus medios técnicos y expresivos, así logra un apreciable sentido de unidad.

Pace tiene un estilo personal, introspectivo, de la música; quizá por eso comenzó su programa con una sonata beethoveniana como la Op. 109, en Mi mayor, libre en su concepción y original por su fantasía que rehúye los moldes clásicos de la forma, a tal punto que su autor finaliza la obra con un Andante que se extingue con sencillez.

En la amplitud de ese espacio poético y la paulatina elevación espiritual del discurso, Pace se movió con naturalidad y dominio en las modificaciones del movimiento y la dinámica, a veces con efectos contrastantes y violentos como en el "Vivace, ma non troppo inicial", con gran sentido del ligado; e hizo gala de un estilo cantable muy expresivo en el "Adagio..." que siguió. El "Prestissimo" no tuvo secretos para su pulcra digitación, que es capaz de escudriñar los mínimos detalles de cada frase, ni tampoco los tuvieron los planos sonoros intermedios del complejo discurso que debía ser expresado literalmente con "el más profundo sentimiento" -según la indicación beethoveniana- con gran control de la sonoridad, sin perder la ilación de ideas musicales. El "Andante molto cantabile ed espressivo", que va sutilizando el mensaje hasta el sereno final, fue admirablemente elaborado.

La refinada expresividad musical de Pace hacía presagiar una "Kreisleriana" Op. 16 excepcional por la variada gama de recursos que Schumann pide, concomitantes con las ráfagas de su errática fantasía y la volubilidad general de su estilo, pero la nota principal de esta versión fue el profundo grado de compenetración interior logrado, ajeno a toda exteriorización efectista.

Dos compositores rusos, en obras poco difundidas, se escucharon la primera noche. Los "10 Morceaux" Op. 12, de Prokofiev, junto con la Suite de "El pájaro de fuego", de Stravinsky, en transcripción del eminente pedagogo italiano Guido Agosti (1901-1989) tuvieron un tratamiento magistral en Pace, con extrema precisión en el ritmo y refinamiento en el toque, y gran comprensión del estilo seco y virtuosístico, de líneas angulosas en alguna de ellas, o la expansión de refinado lirismo en otras.

También admirable fue la transcripción que Agosti hizo de la Suite de Stravinsky, en la que el concertista hizo gala de un virtuosismo de superior jerarquía y exhibió el sorprendente toque afiligranado que posee y que iría a lucir en el bis de la primera noche, repetido en la segunda. En el segundo concierto, a las dos primeras obras se incorporaron páginas de Liszt: "Juegos de agua de la Villa de Este" (de "Años de peregrinaje", tercer año), donde añadió calidad a la descripción del gran húngaro sin caer en el pintoresquismo. Hubo intenso dramatismo en las escenas dantescas de su "Fantasía quasi sonata", y genuina poesía en el Soneto 104, de Petrarca. Sus bises fueron antológicos: un estudio trascendental sobre los "Caprichos", de Paganini, de Liszt, y el célebre "Vuelo del moscardón", de Rimsky-Korsakov-Rachmaninov.

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