Drexler, un cantautor que sabe crear los climas para sus canciones

Gabriel Plaza
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22 de octubre de 2017  

Salvavidas de hielo / Banda: Campi Campón (programaciones, guitarras, percusión), Borja Barrueta (percusión y batería), Javier Calequi (guitarra eléctrica), Martín Leiton (bajo, guitarras y leona) / Teatro: Gran Rex / Función: jueves 19 de octubre/ Nuestra opinión: muy bueno

En el escenario, el cantautor uruguayo se hamaca naturalmente entre su nuevo disco y su obra
En el escenario, el cantautor uruguayo se hamaca naturalmente entre su nuevo disco y su obra Fuente: LA NACION

Sé que ésta es una semana triste para los argentinos", dijo Jorge Drexler al iniciar el concierto en el teatro Gran Rex en la primera referencia al caso Santiago Maldonado, a quien le terminó dedicando una canción. "Está muy alejado de mí hacer un comentario político, no creo mucho en la política partidaria, me gusta mucho la filosofía y la manera de pensar. Pero me gustaría dedicarle una canción a Santiago Maldonado. Sé que es una semana jodida. Pero una vida es una vida en cualquier circunstancia. Les pido que hagamos un esfuerzo mínimo de abstracción y pensemos que se trata de la vida de un pibe y la familia está pasándola mal. Todas las vidas merecen respeto". Acto seguido cantó "Polvo de estrellas", donde repitió la contundente frase: "Toda vida es sagrada". Fue un momento potente del recital, donde la música creó un estado de comunión colectiva y un sentimiento compartido.

El cantautor uruguayo vino a estrenar en vivo las nuevas canciones de su último disco, Salvavidas de hielo, y transitó las dos horas de concierto con la intención de crear un espacio de remanso y asilo para el público "para estar alejados del ojo de la pena", como advirtió. En ese tiempo no sólo estrenó temas, sino que hizo una amplia revisión de su discografía desde el álbum Frontera, que cambió el curso de su vida artística hasta Bailar en la cueva, antecesor inmediato de su último álbum.También contó la historia de muchas de las canciones nuevas y confesó que esa misma tarde tenía la voz a la miseria: prácticamente no se notó.

Las canciones de Drexler pueden funcionar como un espacio de protección y amparo incluso para él. "Visualícense dentro de la boca de la guitarra, que será su lugar de asilo. Afuera está el cielo", dijo mientras miraba al centro de la escenografía, donde estaba la imagen de la boca de la guitarra con las seis cuerdas, que aparece en la estética de su nuevo disco. Por la guitarra pasa toda su obra, su estética y su razón de ser.

Drexler está hecho de la columna musical de ese instrumento, síntesis perfecta de este músico que grabó todo su último disco utilizando los matices y sonidos que extrajo de la guitarra. En vivo, el desafío del cantautor uruguayo era adaptar todo ese proceso instrumental y experimental al concierto.

La banda todavía está buscando el equilibrio natural, entre un proceso de estudio y el show en vivo. Las programaciones de Campi Campón, las percusiones con guitarras de Borja Barrueta, la guitarra eléctrica de Javier Calequi, el bajo, la guitarra y la leona de Martín Leiton, por momentos, no llegan a esas versiones superadoras con picos de altura emotiva que consigue Drexler sólo con su voz y su guitarra.

En cambio, en "12 segundos en la oscuridad", que cuenta con el recurso lumínico de un haz de luz, que remite al Faro de Cabo Polonio al que está dedicada la canción, el grupo logra una atmósfera sugerente y oscura. Con versatilidad se moverán hacia un territorio más ligero y optimista en "Estalactitas", una marcha musical que se asemeja a un paseo de verano por la costa de Montevideo.

Con la canción "Despedir a los glaciares", una obra con destino de clásico dentro de su repertorio, gana fuerza en el mensaje poético. Es la antesala para un segmento con espíritu de serenata. Sólo con la guitarra crea un clima único de intimidad en la balada "Inoportuna", acompañado por el público haciendo chasquidos de dedos. Y logra la química perfecta cuando utiliza solo las seis cuerdas y la melodía de su voz para el vals "Asilo".

Drexler hamaca y arrulla al público con los versos sentidos de "Salvavidas de hielo", otra de las canciones de perfecta armonía y belleza; hace cantar a todo el teatro con "Sea"; y transforma el Rex en un fogón cuando interpreta "Zamba del olvido". Ya con trío de guitarras y guitarrón consigue clima de peña en "Pongamos que hablamos de Martínez", "Frontera" y "Alto el fuego", donde cita a don Alfredo Zitarrosa.

Con la banda completa recuerda a Tom Petty haciendo un mix entre "Free fallin'" y su canción "Antes", impregnado del sonido folk-rock de la generación Dylan. La cumbia psicodélica "Bolivia" prende la mecha del baile y la seguidilla de canciones con "Silencio", "Telefonía", "Trama y desenlace", "Luna de rasquil", "Universos paralelos", (donde cautiva con un flow de payador moderno), el público se levanta definitivamente de sus butacas hasta el final del show.

"Quimera" es el cierre y la despedida, como una forma de definirse musical y espiritualmente, entre el mundo de Dorival Caymmi y Eduardo Mateo cuando canta: "Soy un pescador de sueños / Soy un catador de auroras", dedicada a todos los músicos en la sala. "Y a todos los músicos de los que aprendimos: Spinetta, Páez, Yupanqui, Piazzolla".

Con sus músicos haciendo coros de murga y llevando el repique en sus instrumentos, Drexler inició la retirada transportando a la gente a una llamada de candombe, calle abajo, en el barrio sur de Montevideo. Su lugar en el mundo, como la guitarra.

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