El colectivo Tango Hembra expone el origen machista de la música popular

Mauro Apicella
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18 de agosto de 2019  

Síntoma de este tiempo, la lucha de género provoca reacciones en cadena que se manifiestan en diferentes ámbitos, a veces por toma de conciencia, otra por contagio y en algunos casos por gestos políticamente correctos y de rapidez de reflejos. Más allá del modo como se reaccione ante el hecho, esto es algo que está establecido y no tiene vuelta atrás porque detrás del síntoma (en este caso la palabra está asociada al profundo malestar) hay un signo.

Solo por mencionar dos ejemplos, la última edición de los premios Gardel fue protagonizada por las mujeres músicas, lo mismo que el Festival Nuestro. Quizá la tarea de un colectivo femenino sea doblemente meritoria cuando se trata de ganar un espacio en el Festival y Mundial Tango Buenos Aires, no por conservadurismo organizativo sino porque el tango, como expresión cultura tiene en su historial una iconografía muy definida en torno a la figura del hombre y a la de la mujer. Incluso, es estereotípica en su descripción de los hombres (chabones, shushetas, puntos, malevos, bacanes, pitucos y, muchas veces, otarios) y las mujeres (chinas, pebetas, paicas, percantas o grelas).

El espectáculo Tango Hembra, que se vio el jueves en el festival y que responde al nombre del colectivo de tangueras feministas, comenzó con una imagen en la pantalla que mostraba títulos de tangos que cuando fueron compuestos no llamaban la atención y hoy se toma consciencia de que son claras muestras de violencia de género ("Tortazos", "Amablemente", "La toalla mojada"); de fondo se escuchaba las voces de los cantores que las interpretaban. De Gardel a Rivero, no se salvó ninguno.¿Que habría que hacer después de eso? Conseguir explosivos y dinamitar el tango. Otra no queda, porque el tango es viejo, tiene más de cien años, y, como la gente mayor, es difícil que cambie. Pero hay una alternativa que es no juzgar con las leyes de hoy lo que pasó hace 100 años y traer lo mejor que tiene el tango para construir tango hoy. Y sí, por supuesto, mantenerse "atentes" para que no se reproduzcan gestos tangueros nocivos del pasado en el tango de siglo XXI. Si elige ese camino, ese puede ser el mayor valor del colectivo Tango Hembra. Creación e inclusión en estado de alerta, hasta que llegue el día en que la igualdad se imponga y no haya que demostrar siempre una actitud beligerante.

Marisa Vázquez, Analía Goldberg, Julieta Laso, Elbi Olalla, Natalia Lagos, Natalí di Vincenzo, Nazarena Cáceres, Ana Stamponi, Verónica Bellini, Cintia Trigo, Rosa Príncipe, Viviana Scarlassa, Luciana Peyceré, Marina Ríos, Coni Banús, Bárbara Aguirre y Cyndi Harcha fueron las que dieron los primeros pasos con un show que programaron en una sala porteña en marzo del último año. Pero hoy son muchas más (Patricia Malanca, Lucrecia Merico, Claudia Levy, Natalia Bril, Gabriela Novaro, Vivi Verri y Flor Ubertalli, entre otras). Tanto que, para que todas pudieran participar, los 50 minutos habituales de los conciertos del festival de tango se convirtieron en 120 minutos. Dentro del mosaico estético de la propuesta artística, que es variado y de calidad dispar, sobresalió la orquesta típica La Rantifusa, que apareció hacia el final del espectáculo con una bellísima versión de "Canción de Alicia en el País", de Charly García.

Marisa Vázquez, que es una de las impulsoras de lo que desencadena en Tango Hembra, decía cuando se gestó el proyecto: "Empezó con la idea de visibilizar la ausencia femenina en la programación de festivales, ciclos y espacios de tango, dominado en su gran mayoría por hombres, pero va mucho más allá. Todas las mujeres vivimos alguna situación de maltrato en este ambiente. No es que el feminismo me toca como una cuestión que explota ahora. Vengo trabajando desde hace rato para lograr un espacio para la mujer. Ya no estoy sola".

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