
El espíritu colectivo de Vernon Reid
El guitarrista de Living Colour brilló junto a los músicos de The Masque
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BUZIOS (Brasil).- En un clima de algarabía callejera, el grupo del guitarrista Vernon Reid cerró anteanoche la octava edición del Visa Buzios Jazz & Blues. Las calles del centro de la ciudad mostraron un color inusual, con el público bailando y disfrutando de una propuesta que tiene como núcleo al rock, aunque desde una mirada de abierta simpatía hacia el lenguaje jazzístico.
Reid, acompañado por Leon Gruenbaum en teclados y sintetizador, Stephen Jenkins en bajo eléctrico y Don McKenzie en batería, propuso durante las dos horas de su concierto en el Chez Michou, un local a cielo abierto, su nuevo plan musical, protagonizado más por el espíritu colectivo que por las individualidades, una suerte de contracara de las expresiones jazzísticas brasileñas, muy recostadas sobre las individualidades.
La música de Reid, su atmósfera, sonó especialmente orientada hacia la de Jimi Hendrix, un puente adecuado para desarrollar desde el rock un criterio estilístico moderno que tiene al jazz como lenguaje. Cargada de electricidad, la música de Reid and The Masque fue un muestrario de potentes ideas que, no obstante, necesitan de algo más de tiempo.
Otra de las interesantes propuestas que trajo este festival a Buzios fue la presentación del nuevo disco de Ed Motta, "Aystelum", en la plaza Santos Dumont, una suerte de fusión de géneros poco definible por la variedad, pero de una sólida fuerza melódica. Motta, junto con el Septeto Euphonico Moderno, dejó entrever su amplísima paleta creativa. Una música organizada sin lugares comunes y con un espíritu de deliberada exploración cuyo resultado refleja un interesante viaje por los infinitos gustos del artista.
Respecto del jazz brasileño, al menos el que pisó este festival (nos estamos refiriendo a las propuestas de los saxofonistas Carlos Malta y Leo Gandelman) por moderno entiende acercar el jazz a formas ligadas al rock o al soul, con un mensaje fuertemente rítmico.
La actuación de Gandelman mostró un puñado de composiciones atravesadas por larguísimos y exhaustivos solos apoyados en la calidad técnica del intérprete. En un punto, el saxofonista parecía dedicado a decir lo mismo de muchas maneras diferentes. Era más importante cómo lo decía que lo que decía. Su grupo, Supernova, un combo fuerte y de una dinámica pareja, le posibilitó un andar tranquilo sobre el escenario con un guitarrista notable como João Gaspar.
En otro lugar de la ciudad, en el elegante Pátio Havana, el grupo de Miguel Botafogo y Cristina Dall puso un elegante color azul a la noche del cierre. Composiciones propias, algunos clásicos y una fuerte llegada con la gente construyeron una velada memorable para esta ciudad. El final de su presentación, con el boogie-woogie "Shake Your Moneymakers", de Elmore James, provocó que el público entrase en una suerte de trance rítmico.
Mientras que el organizador Mario Fernández se acercaba al centro de prensa para anunciar que la edición 2006 estaba asegurada, el primer balance que surge de esta muestra es la potencialidad de esta zona para encuentros artísticos. Una exitosa reunión entre un sector privado emprendedor y un Estado que apoya programas culturales, tanto pequeños como grandes, y que demuestra un criterio de sano pragmatismo, donde el turismo recibe de la cultura un estimulante aporte.
El jazz y el blues atrajeron cientos de turistas, tanto de Europa como de otras ciudades de Brasil. La belleza del paisaje enriquecida por dos géneros que, surgidos en otras latitudes, se mimetizaron con una de las ciudades más hermosas del Brasil.



