El reencuentro más esperado

Ocurrió anteanoche, y LA NACION fue el único medio de prensa que estuvo allí
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10 de mayo de 2003  

"Cuando me pasan cosas como las de esta noche, pienso que realmente he muerto en el accidente y que ahora estoy en el cielo, viviendo de sueños". Herbert Vianna está emocionado hasta las lágrimas. Y también muy orgulloso. Acaba de terminar el último ensayo antes de su primera presentación en Buenos Aires luego del accidente que lo dejó en silla de ruedas, dos años atrás, y un seleccionado de rock nacional desfiló a su lado para brindarle apoyo y homenajear su amistad.

Charly García, Fito Páez, Ricardo Mollo y Los Pericos subieron al escenario del Gran Rex el jueves por la noche para compartir con Paralamas tres horas cargadas de emoción, alegría, fraternidad y música. Fue la noche del reencuentro, en la intimidad de un teatro vacío. Y sí, como dijo Herbert, fue como estar en el cielo.

Los primeros en llegar a este ensayo improvisado fueron Los Pericos. "Herbert produjo nuestro segundo disco y nos enseñó mucho de lo que sabemos", dice Bahiano. Llegan Bi Ribeiro y Joao Barone y se estrechan en abrazos con la troupe perica. Se intercambian discos propios y se cuentan anécdotas.

Entonces sí, desde el fondo, casi en silencio, aparece Vianna en su silla roja. Está más robusto, tan pelado como siempre y lleva dos pares de anteojos (uno puesto y el otro colgando de su remera). Ve a sus amigos argentinos y se golpea el corazón, se emociona y emociona a todos. La fuerza interna de este hombre que luchó por vivir hace que brille donde sea. Y da gusto verlo ahí arriba, a pesar de todo, con su guitarra, tocando.

Ya todos en sus puestos, prueban con "Párate y mira", el tema de Los Pericos que también popularizó Paralamas. Vianna canta en portugués y después Bahiano lo hace en castellano. Ribeiro y Barone son ahora los que se encargan de dirigir a la banda mientras que Vianna observa desde su lugar.

Este Vianna parece un tipo más calmo, más sereno y mucho más conectado con la espiritualidad de las cosas y las personas. Repiten la canción una, dos veces, hasta que sale perfecta: "Maravilla total, mirá vos, che", dice Vianna, choca las manos con cada uno de Los Pericos y los despide hasta mañana.

El segundo turno lo tiene Charly García, que acaba de ingresar en el teatro, con un elegante saco negro y con el pelo mojado (una buena señal en el universo García: recién se bañó, quiere decir que recién se despertó, quiere decir que está bien). Se abraza largo con su amigo Herbert. "¿Tudo bem?", pregunta Charly y el brasileño sonríe: "¡Cuánta conexión, Charlito! "

De aquí en más, como siempre, el show de Charly García. Pidió una silla, una guitarra, un teclado, le dio vuelta el monitor al propio Vianna, y estuvo media hora hasta que le pasó a todos los músicos los acordes de "Tu vicio". "Es fácil, Herbert", dice y le canta una deliciosa versión a capella. "Si, La, Do sostenido, Re, La... y tiene un sonido como de película de Quentin Tarantino, tipo surf."

El trío intenta seguirlo, pero es sabido lo difícil que resulta ir detrás de los pasos de García. "Vamos a tocarla tipo Rolling Stones, bien cuadrada", sugiere y remata al pasar: "Herbert, ¿te enteraste de que voy a ser ministro de Cultura? Sí, estoy en una buenísima".

No termina la frase que recibe un abrazo inesperado, desde atrás y sin aviso. Llegó Fito Páez. "¿Qué haces Fitito ?", saluda Vianna. "¿Qué hacés hijo?", saluda Charly y ríe. Los dos argentinos se abrazan y el brasileño mira como si estuviera soñándolo.

"¿Hacemos el "Rap de las hormigas?", se entusiasma Ribeiro. "Yo ya ni me acuerdo cómo era", retruca Charly, pero se larga igual. El Gran Rex es una fiesta y el puñado de privilegiados espectadores no puede dejar de bailar. Incluso Fito, que ahora mueve sus brazos desde la primera fila de la platea. "Maravilla total", repite una y otra vez Vianna.

Como si fuera un partido de la superliga de campeones del rock, ahora sale Charly y entra Fito. El rosarino se arrodilla junto a Herbert, lo abraza, lo mima, intenta bajar los decibeles después del terremoto garciesco.

El tema elegido para hacer con Páez es "Track Track", del disco "Ciudad de pobres corazones", y del que Paralamas también grabó una versión propia. Sin dudas es una de las canciones favoritas de los brasileños. De los músicos y de los asistentes, que ya imaginan un teatro repleto, saltando y cantando eso de "miro a los costados y nada que amarrar, ya no existen lazos... alguien hizo track, track, track".

Vuelve Charly sólo para invitar a Fito y a los Paralamas a seguir la zapada bien entrada la madrugada, en un local de Palermo. "Vamos y nos tomamos unos vinos", se despide el bigote bicolor. Todos sonríen y prometen estar ahí lo antes posible, para que la fiesta del reencuentro nunca se acabe.

Pero todavía queda uno por subir al escenario antes de que este ensayo termine. Y no por ser el último es el menos querido. Al contrario. Ricardo Mollo llega con su guitarra a cuestas y todos vuelven a abrazarse, a emocionarse, a reír con ganas. Los Paralamas tocaron por primera vez en la Argentina invitados por Sumo (el grupo en el que Mollo tocaba veinte años atrás), a mediados de la década del 80. Luego se convertirían en "la banda más argentina del rock brasileño". Todos juntos cierran este histórico reencuentro de Vianna con el rock argentino con una exquisita versión de "Mi bandera".

Ahora sí, aplausos, gritos de euforia y final. Ya es medianoche y los visitantes mueren por "un buen churrasco y un vaso de malbec ". Vianna está cansado, pero la excitación por lo que acaba de vivir lo llena de energía. "Che, ¿los viste a Charly y a Fito juntos?", me pregunta en su inconfundible portuñol , ahora mucho más pausado que años atrás. "No podía dejar de pensar cómo es que ellos son tan verdaderos, tan geniales. Fue una emoción y una alegría inmensa para mí. Aquí arriba hubo una vibración especial y sentí muy claramente que se construyó un canal de comunicación muy fuerte por el que pasan nuestras ideas, nuestro viaje y nuestra música. Para mí, es realmente conmovedor".

No, Herbert, los que estamos conmovidos somos nosotros.

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