El regreso del rey del chamamé

El acordeonista Raúl Barboza, que reside en París, actuará hoy y el 14, a las 23
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7 de diciembre de 2001  

Los regresos de Raúl Barboza desde su residencia en París se están convirtiendo, a partir de los últimos años de la década del noventa, en costumbre. Saludable costumbre, ya que nos vienen permitiendo disfrutar, luego de un prolongado ostracismo, de la excelencia de su arte, en la música de la Mesopotamia argentina.

Barboza se presentará hoy y el próximo viernes, por lo pronto, en el galpón de La Trastienda, junto a Rogelio Soria en guitarra, Amadeo Monges en arpa y Alfredo Remus en contrabajo.

Dos novedades acompañan esta nueva visita del eximio acordeonista porteño: la edición mundial, este año, de un disco compacto en compañía de grandes solistas, que será grabado durante estos conciertos, y la culminación del rodaje de un documental de la realizadora Silvia Di Florio, sobre su música, por estrenarse en 2002.

Nos encontramos en París hace un par de meses en el hotel Bellevue de la Rue Pasquier, aledaña a la Gare St. Lazare, y charlamos con Raúl sobre su actividad y sus proyectos. Esta es una síntesis de aquel reencuentro.

"Antes de marzo de 2002 será editado mi nuevo disco, además del que grabaré en la Argentina con músicos nacionales. Será de chamamé. Hace mucho que no grabo en mi país. Llevo grabados cinco: cuatro en Francia y uno en Alemania. Los acompañantes que tengo asegurados por ahora son el arpista Amadeo Monges y el guitarrista Rogelio Soria."

Barboza, tras una primera reticencia dictada por su proverbial modestia, se desata y explaya, empezando por recordar sus tenidas con el guitarrista Juanjo Domínguez, en cuya grabación -ya editada- compartieron repertorios mutuos, una experiencia que desea repetir en esta visita.

"Seguiré con mis ensayos, encarando temas nuevos. En París se sorprenden por lo que llaman "infinito colorido" que ofrece el acordeón. Su sonido parece sugerirles paisajes distintos. Yo aquí he tenido el placer de dictar varias master classes en diferentes escuelas de música. Mi idea es abrir el oído, aprender a escuchar nuevos timbres y combinaciones rítmicas, diferentes técnicas y uso de la síncopa y los silencios. Porque, a pesar del alto grado de cultura, son muchísimos los que tocan, pero casi nadie escucha. Lo ideal es trabajar en armonía con lo ya conocido, es decir, hacer el fuego sin patear la leña."

- El arte de escuchar y sentirse libres de preconceptos...

-Soy músico autodidacto. No practico lo que dicta la academia. No tengo preconceptos ni barreras. Yo elijo. En todas las instituciones hay órdenes. Se impone una conducta artística. A veces buena. Otras no. Los preceptos dicen: es necesario creer esto, hacer así. Si no se los practica, se te deja al margen. Y hay quienes no pueden vivir al margen porque implica luchar mucho. A mí, al principio, me aconsejaron no concurrir a festivales u otros eventos. Pero hace rato que no acepto la imposición. Por esto es preferible buscar y por decantación llegar a la conclusión de que "esto es así". Lo contrario es hacer cosas técnicamente correctas, pero forzadas.

- ¿Seguís presentándote aquí?

-Sí. Me convocó la griega Yanatos (que canta temas de Yupanqui) al programa "Rencontre" para hacer algo sobre la base de un hilo conductor. Me presento con el músico hindú Bapi Das Baul, un percusionista extraordinario que encontré en los Estados Unidos. También con un balafonista (que toca vibrafón de madera con calabazas como caja de resonancia) y el guitarrista andaluz Pedro Soler. Por medio de estos contactos se descubren músicas coincidentes. En estos casos yo me acomodo a lo que ellos hacen; me adapto a su estética. Nos convertimos en dos amigos que se encuentran y que tocan cosas sin nombre, ritmos como el 4x4, compatibles con la memoria sensitiva de uno. Ocurre con Soler y sus bulerías o rumbas, cercanas a la Argentina. Lo mismo con Bapi. En su música yo puedo meter lo mío lo más tranquilo. Somos como peces que se adaptan a dos aguas, ¡y ninguno puede vivir fuera del agua! (risas). Por eso yo no puedo vivir fuera de la música. Soy músico de oreja. Aprendí a escuchar. Sé que no es lo mismo la inteligencia que la sabiduría. Que hay que andar con prudencia y humildad. Para mí los colores son la guía de una partitura. Yo utilizo lo que me conviene, pero siempre abierto a lo que mi entendimiento capta. Así hay cosas que no voy a comprender. Como lo superfluo, que me complica la vida.

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