El retorno de New Order

Daniel Amiano
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14 de diciembre de 2001  

Pocos esperaban la vuelta de New Order. ¿Para qué forzar un regreso después de casi una década de vacío? La cuestión no es tan fácil: ese punk electrónico que comenzó como Joy Division y se transformó en New Order le puso orden rítmico al caos depresivo y pospunk de los años 80. Una invitación al baile con un concepto experimental que se negaba a envejecer, a pesar de sus talentosos hijos pródigos como Primal Scream, Chemical Brothers e incluso los más revoltosos Prodigy.

No había por qué esperar un nuevo álbum de New Order después de una década de búsquedas no del todo eficientes, aunque con algunos momentos interesantes e inconclusos como “Electronic”, y de la aparición de “Republic”, último CD de la banda, que resultó poco satisfactorio tanto para los músicos como para sus fieles seguidores. Era más el producto de un compromiso contractual que el de una necesidad expresiva. Parecía que la búsqueda del ritmo blanco de Manchester había llegado al límite de su capacidad de sorprender, o al borde de un camino que durante los últimos diez años se ramificó en otros nombres y otras propuestas que consagraron la música electrónica como un género con vida y creatividad propias.

* * *

Por supuesto, no se trata sólo de poner en marcha una máquina de ritmo y apretar algunos botones en una computadora. Eso estuvo siempre claro en New Order y se confirma en “Get Ready”, no sólo el nuevo álbum del grupo, sino el trabajo que lo reconcilia con su historia. No hay nostalgia por la gloria alcanzada dos décadas atrás. Apenas guiños, argumentaciones musicales propias (con invitados como Billy Corgan, de los Smashing Pumpkins) y la recuperación del relax que habían perdido en “Republic”.

“Get Ready” aparece en un momento en el que muchos grandes se reconciliaron con su historia y en el que la música electrónica vive el mayor esplendor popular de su ya larga historia. Además, permite que New Order sea no sólo parte de lo mejor que sucedió en este terreno durante los últimos veinte años, sino del presente.

Un presente en el que la crisis industrial (que no resigna su ambición numérica con la fabricación de nuevas estrellas, todas parecidas) no impide que aparezcan, en casi todos los rincones de la Tierra, nuevas propuestas que extienden los supuestos límites de la música con espíritu digital. El espíritu de estos tiempos, en el que New Order ocupa un lugar de prestigio al que no está dispuesto a renunciar.

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