El show de La Portuaria puso calor a la gélida noche porteña

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23 de junio de 2002  

Presentación del disco de La Portuaria "Hasta despertar", con Diego Frenkel en voz y guitarras, Sebastián Schachtel en teclados, sintetizadores y acordeón, Colo Belmonte en batería y Pablo Jiménez en bajo eléctrico. En Niceto.

Nuestra opinión: muy bueno.

Es una de las bandas que tienen en el rock argentino un lugar ganado por su original sonido. Un grupo con una distintiva personalidad que se corporiza en creativas atmósferas, en las que abundan distintos géneros. Señales de diferentes caminos por los que transita La Portuaria, en cuya música se plasman, por un lado, marcas geográficas evidentes y, por otro, el cruzamiento de los folklores se mimetiza con el pop y el rock.

El show que tuvo lugar anteanoche en Niceto, donde el grupo presentó su último disco, el EP "Hasta despertar", fue una puesta al día de este cuarteto. Una música que se aleja de cualquier definición estilística para volverse en una multitud de imágenes sugeridas.

El cuarteto, con Diego Frenkel en canto y guitarras, Sebastián Schachtel en teclados, sintetizadores y acordeón, el Colo Belmonte en batería y el debut de Pablo Jiménez en bajo eléctrico, produce una curiosa alquimia en la combinación estilística. Suena ajustado, hasta cierto punto refinado en sus arreglos y de una benéfica frescura. El grupo trabaja sobre los climas-imágenes que, como un artesano, construye Schachtel; Frenkel les pone la voz y el cuerpo, en tanto que Belmonte y Giménez dan dirección a la música. La música de La Portuaria logra atmósferas sobre las que se asientan la melodía y la lírica.

Alquimia musical

Gran parte de la alquimia musical descansa en la creatividad de Schachtel, que parece producir una tela sobre la que se dibujarán las imágenes melódico-rítmicas. El ambiente de las composiciones está, quizá, más definido por los climas que por la lírica, que toman la forma de relato juglaresco en el canto de Frenkel, artista que genera una evidente atracción sobre el auditorio, lo que ayuda fuertemente a que su mensaje encuentre una rápida respuesta de parte del público. Hay un feedback permanente que baja y sube del escenario.

Se podría decir que el repertorio de La Portuaria, que está en una etapa casi revisionista de su propio material, tiene una energía contagiosa.

Como innumerables nacimientos surgen los temas de este grupo, que persigue una sonoridad cuidada, diáfana y de arreglos en los que sobresale el buen gusto.

El estilo de Frenkel es todo un sello: inflexiones de voz, fraseos donde las altisonancias terminan por describir mejor que las palabras la marcha del relato, entonación personal y una notable plasticidad que enriquecen este concierto que casi sonó a reencuentro con el rock eléctrico.

Tampoco faltaron temas como "Nada es igual", "Aya", "Arde", "Me tengo que ir", "She said goodbye", "Mañana nunca se sabe", "Me mata la vida", "Rodando con el viento" y "El bar de la calle Rodney", que fueron delicadamente replanteados, pues hay un nuevo énfasis en el modo interpretativo que describe una mayor calidez.

Hay espacio también para los temas del disco: "Hasta despertar", una pieza que tiene antecedentes anteriores al pop, o "Háblame", un modelo de canción en el que el aporte de Schachtel desde los sintetizadores es central; la versión del bolero "Perfidia", más cuadrado que el original con un dejo de ritmo a go-go en la batería. "Nada es igual" surge como un himno sobre el escenario, la fuerza romántica en su estado más puro.

Ahora bien, ese mundo melódico-armónico se apoya sobre la solidez rítmica de Belmonte, cuyo swing y falta de ornamentación colaboran en el desarrollo de los climas.

Se acaba el show, pero el grupo necesitó de varios bises para poder marcharse del escenario tranquilo. Tanta calidez en el recinto y afuera Buenos Aires estrenando el invierno.

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