El último Verdi del centenario

Una de las óperas de su primera época, "El corsario", se verá en el Teatro Roma
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15 de diciembre de 2001  

El silencio musical veraniego se ha anticipado y no es necesario llegar hasta enero para comprobar que poco o casi nada sucede en los teatros musicales de Buenos Aires. Sin embargo, hay un terreno en el cual la pausa se ha anticipado, mucho antes de que los calores inunden la ciudad. Por cuestiones diferentes, pero que, en definitiva, conllevan el mismo resultado de carencia lírica inexorable, el Colón y el Argentino de La Plata, han abandonado la ópera hace ya un tiempo.

Por lo tanto, emprendimientos de mayores modestias y de disímiles alcances artísticos asumen ahora una importancia capital y se asoman sobre el horizonte como las mejores y únicas alternativas para poder gozar de óperas en vivo y en directo, por fuera de la hogareña y aisladísima posibilidad del compacto, el video o algún eventual canal de cable. Ahora, el Teatro Roma de Avellaneda repone "El corsario", una ópera de Verdi que tuvo su primera presentación en el país hace un año, precisamente en este mismo escenario, y que, posiblemente, sea el último homenaje que se le va a tributar al compositor italiano en el primer centenario de su fallecimiento.

Una historia romántica

Ciertamente, "El corsario", estrenada en Trieste, en 1848, goza de muchísimo menor predicamento y popularidad que muchas de sus hermanas verdianas, tanto las muy afamadas posteriores a "Rigoletto", de 1851, como, incluso, algunas de las que la antecedieron, como "Nabucco", "Attila" o "Macbeth", títulos eminentemente heroicos que, en pleno fragor del nacionalismo italiano, ubicaron a Verdi como el paradigma del compositor que conjugaba magistralmente el hálito patriótico con el teatro musical.

"El corsario" también posee ingredientes heroicos, pero es, esencialmente, una historia romántica, con componentes de amor, abnegación, sacrificios personales y pasión extrema y vital expuestos de la manera más acabada y contundente. No es ocioso recordar que la ópera está basada en el poema narrativo del mismo nombre de Byron, de 1814, un creador que, en sí mismo y en su obra, simboliza el espíritu libre de la literatura romántica. Conviene señalar que, dentro de esta poética, el corsario, desprendido, errante, valiente, casi al margen de la ley y no ateniéndose más que a sus propias y virtuosas normas y conductas, representa uno de los ideales románticos por excelencia.

En "El corsario", los estereotipos funcionan a la perfección, sin posibles dobles lecturas, con personajes generosos, nobles e impolutos, como Corrado, el protagonista; Medora, su amante, y Gulnara, en realidad la verdadera heroína de la historia, así como malvados crueles y odiosos, como el Pashá Seid. Hay escenas de prisión, de dolores intensos, de ajusticiamientos, de suicidios delicados o épicos y, por supuesto, cantos de amor y de desesperanza, es decir, arias y dúos verdianos para deleite del público.

Sin embargo, más allá de la diversa ventura con la que Verdi pudo haber escrito los momentos del canto solista, en general, y en lo estrictamente musical, no es "El corsario" la mejor de sus partituras. Desde la obertura, muy breve y a la vez reveladora, parecería que hubiera estado muy preocupado por detenerse en el retrato de algunas situaciones sumamente obvias, sin exhibir las infinitas sutilezas musicales que supo desplegar antes y, por supuesto, después de esta creación. La ópera comienza con una introducción que confronta los estruendos de las tormentas y las batallas, ciertamente a través de una instrumentación no demasiado original, y una calma tensa que no presagia amores felices.

No obstante, los amantes de la ópera no pueden sino recibir con beneplácito que se reponga nuevamente "El corsario". Más allá del silencio lírico total que inunda al Gran Buenos Aires, tal vez, la razón más convincente, en la idea de motivar al público para que se acerque hasta el Teatro Roma de Avellaneda, sea afirmar que toda ópera de Verdi merece ser vista, ya sea para satisfacer la mínima curiosidad como para tratar de encontrar a cada instante los secretos y los misterios que hicieron de él uno de los más notables compositores de todos los tiempos.

Funciones y elencos

Habrá cuatro funciones hoy, mañana, el sábado 22 y domingo 23. Dirigirá Andrés Juncos y habrá dos elencos alternativos, uno integrado por Fernando Chalabe, Rita Contino y Teresa Musacchio; el otro por Ariel Paltrinieri, Marcela Paturlann y María Bisso. En todas las oportunidades, el malo de la ópera será el mismo Enrique Gibert Mella, que no tendrá más alternativa que sufrir cuatro puñaladas mortales en el breve lapso de ocho días.

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