Alessio Bax: el virtuosismo como acto intelectual todavía ocupa un lugar esencial

El pianista logró su cometido con un recorrido variado y exigente
El pianista logró su cometido con un recorrido variado y exigente Crédito: Liliana Morsia
Pablo Gianera
(0)
3 de julio de 2019  

Programa: Concierto para oboe en re menor, D D 935, de Alessandro Marcello; Variaciones sobre un tema de Corelli, opus 42, de Sergei Rachmaninov; Quaderno musicale di Annalibera, de Luigi Dallapiccola; St. Francois d' Assise: La prédication aux oiseaux, S 175/1, Après une lecture de Dante: Fantasie quasi Sonata, de Liszt. Mozarteum Argentino. En el Teatro Colón / Nuestra opinión: excelente

Siempre fue claro -aunque a veces tienda a olvidarse- que la inteligencia de un músico precede al momento de tocar. Tanto la precede que ni siquiera comporta decisiones interpretativas, sino bastante antes en saber qué tocar y en cómo organizar eso que se opta por tocar en un arco que ofrezca una insinuación más allá del linde de cada pieza. Ya habíamos escuchado al pianista Alessio Bax, pero su presentación de este año, gracias una vez más a la invitación del Mozarteum Argentino, tuvo una contundencia en todos los frentes: la elección del repertorio, su ordenamiento y su realización.

El hecho de que Bax sea italiano puede haber influido en el corazón del programa (incluso en las referencias a San Francisco de Asís y a Dante), pero en realidad el pianista no se orientó por ese pintoresquismo. La suya fue una decisión en profundidad, justificada por afinidades menos evidentes. En las manos de Bax, el Concierto para oboe en re menor, de Alessandro Marcello (en la trascripción de Johann Sebastian Bach), se escuchó en el primer movimiento con una sequedad casi clavecinística. En el movimiento lento, por el contrario, pareció tratarse literalmente de otro instrumento más estratificado. Es apenas una parte del ilusionismo del pianista. La pieza de Marcello tuvo una prolongación en la relectura del barroco que hizo Sergei Rachmaninov en las Variaciones sobre un tema de Corelli, opus 42, cuya segunda variación, por ejemplo, conectaba sin fisuras con el adagio del concierto. Rachmaninov pide virtuosismo, pero Bax se las ingenió para que esa exigencia técnica un poco trivial quedara más bien oculta, como si fuera inesencial.

No menos barroquizante es el Quaderno musicale di Annalibera, de Luigi Dallapiccolla, aunque en este caso la escritura serial se sirve del contrapunto. Dallapiccolla consigue los contrastes más extremos, que Bax subrayó y conquistó algo todavía más importante: que, como decía nuestro querido maestro Gerardo Gandini, las mejores obras dodecafónicas son las que parecen menos dodecafónicas.

El resto fue puro Liszt, y esto hay que entenderlo en sentido nada metafórico. La predicación a los pájaros de San Francisco de Asís estuvo cargada de presagios del siglo XX, con una diferenciación pasmosa de las voces, y un aliento de meditación que Bax condujo al carácter casi de himno. En Après une lecture de Dante: Fantasie quasi Sonata, verdadero monumento y declaración de principios lisztiana que Bax tocó sin interrupción, el pianista intelectual volvió a derrotar al virtuoso, y aquello que podría parecer superficialidad programática fue un poema sin palabras.

Hubo dos piezas fuera de programa: el Preludio para la mano izquierda, de Alexander Scriabin, tan afín a Liszt, y una transcripción de la Danza húngara n° 5, de Brahms.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.