Elton John, todo un divo

Daniel Amiano
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28 de junio de 2002  

No hay como los divos importados. Mientras vemos que Pipo Cipolatti escucha los reclamos de su mujer por algunos talk shows televisivos, Elton John tiene que pagar más de diez millones de dólares por perder un juicio en el que reclamaba el doble de dinero. Mientras Pipo le pide a su mujer que por favor le envíe ropa (y todos podemos ser testigos de ello, en directo) y algún par de zapatillas para lucir en su programa de TV, nos enteramos de que Elton gastó varios millones en su última gira, y alguna parte de ellos en caprichos tales como comprar flores. Sí, flores.

Y mientras en esta parte del mundo la palabra dólar -como mínimo- desconcierta (para no hablar de cierto estupor), Elton se deshace de los billetes con una facilidad asombrosa. No es que compró algunos ramos de más, demasiados floreros o decenas de coronas. Gastó más de 200.000 dólares en naturaleza muerta. Tal vez parezca exagerado, pero los divos importados son así. No se fijan en la cantidad, sino en el gesto espontáneo.

Histérico, caprichoso, de gustos excéntricos y talentoso, Elton irrumpió en glam rock en el momento adecuado. A comienzos de los años 70 todo era válido siempre que no se temiera hacer el ridículo. Lentejuelas, tacos altos, un puñado de buenas melodías y lentes extravagantes hicieron que John fuese condecorado, por ejemplo, el quinto Beatle. Con Taupin formó la dupla compositora más exitosa después de Lennon-McCartney, y en tres décadas de carrera vendió más de cien millones de álbumes.

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En el apogeo de su ego, Prince tenía dos empleados que lo acompañaban a hacer compras. El trabajo era simple: debían recoger la ropa que elegía el divo, y lo sabían de una forma muy clara: tiraba al piso los modelos que le gustaban. Elton, en cambio, puede despedir al operador de sonido en pleno concierto (como pasó en Buenos Aires). Aquí nos tenemos que conformar con escándalos caseros.

Hace ya muchos años que Elton dejó de ser el candidato a quinto Beatle y se convirtió en el cantante oficial de la realeza británica. No hay cumpleaños, boda, entierro u otro acto conmemorativo o celebratorio en el que no forme parte como estrella central. Siempre tiene un tema adecuado para la ocasión, y de no tenerlo, lo compone o lo adapta, para luego venderlo en cantidades.

Dicen que Elton es generoso (de hecho, siempre se anota en las acciones de beneficencia), pero también dicen que tiene caprichos onerosos: propiedades lujosas, brillantes, autos. Y flores. Muchas flores. Y el florista, feliz.

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