Elvismanía, 25 años después

Hoy se cumple un cuarto de siglo de la muerte de Presley y los fans desfilan incesantemente frente a su casa de Memphis
Juana Libedinsky
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16 de agosto de 2002  

MEMPHIS, EE.UU.– En todo Estados Unidos, pero sobre todo en esta pequeña ciudad sureña donde Presley vivió (y también murió hace justo 25 años, gordísimo y sobre el que probablemente sea el inodoro más famoso del mundo), la Elvismanía tomó renovados bríos.

Por Graceland –un palacete casi inverosímil por lo kitsch, donde está su cama de peluche, su living con cascadas y los cuartos sólo iluminados por las luces de decenas de televisores– pasaron, en los últimos cinco días, casi medio millón de personas. Por supuesto, la mayoría eran norteamericanos, pero también se vio una fuerte presencia germánica –Elvis estuvo destinado en Alemania como soldado– y sobre todo de japoneses.

Además, como broche de oro, y después de decenas de conciertos, festivales, concursos de canto, remates y espectáculos tridimensionales, anoche 70.000 peregrinos realizaron una vigilia frente a su tumba de mármol blanco llena de ángeles y flores, mientras algunos de sus temas más conocidos sonaban en el fondo. Pero si bien con esto las conmemoraciones habrán terminado, el Elvis de marketing –y de exportación– recién comienza.

El primer golpe de efecto se prenunció el mes último con el estreno de “Lilo y Stitch”, la película de Disney que trata sobre una niña hawaiana fanática de Elvis, y que tiene como banda de sonido algunos de sus temas más clásicos (el final feliz, por supuesto, incluye una visita a Graceland de los protagonistas). Y al mismo tiempo se lanzó al mercado el remix tecno de un tema poco conocido,  “A little less conversation”, que escaló al número uno del ranking en Gran Bretaña y que se conoció en todo el mundo a través de la propaganda de Nike en la que se juega al fútbol en un barco secreto.

A todo esto hay que sumar desde el lanzamiento de una “cajita feliz” alegórica en McDonald’s, hasta decenas de nuevas biografías, dos nuevas colecciones de CD –una con cien temas, la otra con 30 que lideraron las listas de más vendidos–, libros como “Elvis para principiantes”, “Elvis para la mujer moderna” y “El ABC de Elvis”, charlas en las facultades de música de las distintas universidades sobre su figura e incluso una nueva revista del grupo Bertelsmann, “Elvis ayer y ahora”, que, en su primer número, señala las semejanzas entra la vestimenta del Rey y la de Britney Spears.

“El problema es que el Rey será eterno, pero sus fans no lo son”, aseguran en Memphis. En efecto, aunque las autoridades de Graceland dicen que más de la mitad de los visitantes son menores de 40 años, en la recorrida que realizó La Nacion era impresionante la cantidad de bastones, e incluso de sillas de ruedas, que llevaban, en particular, algunas de sus seguidoras más fieles.

"Yo habría dado cualquier cosa por tirarme en esta cama de peluche de jovencita. Pero me tenía que contentar con ver mil veces cada una de sus películas", confesó Daphne Gillman, de 77 años, que viajó desde Chicago arrastrando a su nieta Caroline, de 12. "A mí me parece gracioso, con esas patillas. Pero no es cool como N´Sync o Shakira", aclaró la joven.

Cerca de ellos, la mexicana Elena Torres, de 54, profesora de música de secundario, traía una corona de flores especialmente desde Monterrey. "¿En la Argentina también son fanáticos? A mí se me hace que hasta su Charly García le debe mucho musicalmente. Dígale de parte mía que es una vergüenza que las estrellas del rock latino no se animen a traerle ni una florcita."

Mientras tanto, Graceland se ha convertido en el segundo inmueble más visitado de los Estados Unidos -sólo superado por la Casa Blanca- y su propietario (Elvis Enterprises, de su hija, Lisa Marie) tiene ingresos por 75 millones de dólares anuales, que este año serán muchos más.

Algunos especialistas en cultura popular aseguran que todo se debe, en gran parte, a que en épocas de crisis o guerras la gente se vuelca a la nostalgia. Pero otros van un paso más allá y dicen que frente a casos como Enron, que volvió a la población hipercrítica de los excesos en el estilo de vida de los empresarios más exitosos, Elvis se vuelve un modelo.

"Era una persona normal, como uno. Lo de los trajes con brillos era sólo exterior. Nunca dejó de ser un chico del pueblo, y por eso lo queremos", subraya Tom, un nativo de Memphis de 85 años, que cuida los autos.

Se trata simplemente de un fenómeno excepcional: "Cuando Elvis apareció, creó la mayor audiencia del mundo moderno. Ni siquiera la Iglesia Católica en la Europa medieval pudo hacer que tanta gente de edades y condiciones sociales tan distintas se uniera en una misma práctica cultural. Por eso se ve como la representación perfecta de la vida moderna norteamericana", señala The Financial Times, uno de los miles de medios de todo el mundo que siguen buscando respuestas a los interrogantes que, un cuarto de siglo después de su muerte, Presley sigue generando.

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