Encuentro de música popular

Participaron Luisa Calcumil y varios artistas patagónicos
Mauro Apicella
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28 de mayo de 2003  

GENERAL ROCA.– "Estamos aquí, en el Sur, preparando un acontecimiento cultural denominado ‘Mateando con tiempo, de canto y baile con identidad patagónica’. Si podés venir sabrás por qué el título es tan largo."

Estas frases llegaron por correo electrónico a la redacción de LA NACION una semana atrás, con la firma de la actriz y cantante Luisa Calcumil. Sólo era cuestión de preparar un bolso con buenos abrigos –según recomendaban las últimas líneas del mensaje– y salir para Río Negro.

Días después, aquí, en General Roca, quien esperaba la llegada del este cronista era Sergio Herrera, el organizador del encuentro, a bordo de un Falcon modelo 66; el mismo Ford de motor poderoso que muchas veces salió por pueblos y parajes en busca de músicos para sumar a la fiesta.

El último fin de semana la primera recorrida fue por la ciudad, para controlar que todos los detalles estuvieran en marcha. El armado del escenario, las sillas y mesas de la escuela que recibiría a artistas y público y más de 150 docenas de empanadas que preparaban cinco laboriosas cocineras.

Cerca del mediodía Calculmil ponía el crédito en otros nombres ("Yo no organizo, sólo le pongo un poco el hombro", decía), pero al mismo tiempo abría las puertas de su casa para un almuerzo con antiguas recetas (Nguilleu y concones) y comentarios sobre la intérprete mapuche Aimé Painé. El nombre de esa artista volvía a repetirse durante la noche en letras grandes. Porque era el "Escenario Aimé Painé" el que recibía a músicos de Neuquén, La Pampa y Río Negro. Además de Calcumil, pasaron Saul Huenchul, Osvaldo Tom, Ricardo Pino, Pancho Villamán, Los Rancheros del Sur, y Secundino Hilarión (el personaje creado por el actor Rafael Teixido), entre otros. También participó la artesana mapuche Margarita Ñancupé, una señora de mirada silenciosa que mucho tiene para decir a través del oficio de tejedora que comparte con su hija Rosita.

Ellos fueron los protagonista del octavo encuentro que se realiza cada dos meses, desde enero de 2002, y que reúne a más de mil personas. La idea fue impulsada por el programa de radio "Mateando con tiempo, de canto y baile con identidad patagónica", que produce Herrera y, como dice el conductor, intenta mantener el sentimiento de pertenencia y dar a conocer a los músicos de la Patagonia", desde referentes de varias regiones que ya tienen unos cuantos discos editados, hasta los menos conocidos. El porqué del título largo que anunciaba Calcumil encontró su explicación en las casi nueve horas de guitarra y acordeón, de cueca, algún chamamé que prende bastante por aquí, mucha ranchera y valsecito cordilleranos, y una pista colmada de bailarines de ropas urbanas o paisanas que llegaron para encontrarse desde sus distancias, siempre largas en esta Patagonia. A primera vista es, simplemente, una peña multitudinaria. Pero, en realidad, este "Movimiento por la identidad" reúne sonidos y maneras de tocar y cantar distintos estilos a través de un proyecto popular multiplicador.

El festejo tuvo su bis al día siguiente en una reunión íntima entre los artistas del octavo encuentro, con sabroso cordero al asador y más música para la sobremesa. Y Luisa, que la noche anterior había interpretado con su grupo un repertorio criollo, cursaba una invitación para el espectáculo que daría en El Cuy, un pueblo de unos 600 habitantes.

Hacía allí salió el "Calcusueño", una camioneta cargada de equipos, la percusión de Matías (hijo de Luisa), las guitarras de Claudio Maica y el acordeón de Alejandro Brittes. Con rumbo a la Línea Sur, y después de atravesar un atardecer de cielos celestes y rojos, aparecían los talleres de artesanía mapuche Milikilin Huitral, donde la labor que realizan desde hace 14 años un grupo de mujeres tejedoras es muy elogiable. "Promocionar la mujer a través de la revalorización de su trabajo" es uno de los objetivos que saben llevar adelante dentro de esta pequeña comunidad.

La llegada de la actriz y cantora –muy viajera e inquieta– convocó la atención de muchos vecinos. Primero fueron sus charlas con gente que domina la lengua mapuche. Luego, desde el escenario, historias y explicaciones didácticas traducidas al español, y cantos sagrados acompañados por el parche de su kultrum. Y más tarde, junto a sus músicos, un repertorio criollo que a pesar de la timidez del público consiguió que la reunión continuara en baile de rancheras, valsecitos, chamamé y hasta un poco de tango.

De madrugada, el "Calcusueño" emprendió el retorno a General Roca, hacia el Fishc’ Menuco, entre el cielo frío y el asfalto desolado. En El Cuy la fiesta seguía.

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