Espléndida versión de Aida

(0)
25 de febrero de 2007  

Opera Aida , de Giuseppe Verdi , con libreto de Antonio Ghislanzoni, según textos de Camille du Locle y A. E. Mariette, organizada por Fundamús, con la Orquesta y el Coro de la entidad, juntamente con los coros de La Lucila, Facultad de Derecho, catedral de San Isidro y Vicente López (dirección. Martín Palmieri y G. Felice). Dirección general: Roberto Luvini. Idea y puesta en escena: Eduardo Casullo; escenografía, Atilio Lafore; coreografía, Luciana Prato; vestuario, Mariela Daga y Azello Polo, e iluminación, Ernesto Bechara. Cantantes: Haydée Dabusti, María Luján Mirabelli, Carlos Duarte, Ricardo Ortale, Oreste Chlopecki, Cristián De Marco, Andrea Maragno y Martín Pagano. Bailarines y figurantes. En el Teatro Avenida.

Nuestra opinión: muy bueno

Ante el próximo fin de una temporada estival que tuvo esporádicas manifestaciones musicales al aire libre, la vuelta anticipada de un ávido público operístico a las salas teatrales se vio engalanada con un temprano comienzo en el Avenida con la espectacular realización de Aida , una de las mayores y más maduras obras de la lírica de todos los tiempos. El considerable despliegue escénico requerido por la obra enaltece este esfuerzo de producción y el de sus realizadores, sobre la idea y puesta en escena de Eduardo Casullo, con un prolijo trabajo de reconstrucción y desplazamientos escénicos, que amplían las dimensiones del escenario mediante accesos laterales y centrales en la platea.

La confrontación entre patriotismo y amor humano va de lo épico a la intensidad del drama íntimo y es representada con la dignidad del caso, si bien no siempre se evita el desvío hacia el mero espectáculo y una teatralidad que, aunque es necesaria como alternativa del poderoso drama de pasiones, resulta aquí algo excesiva al añadirse varias escenas danzadas y de expresión corporal además de las requeridas por la obra, que resultaron, por cierto, muy lucidas.

Ello no obstante, queda a salvo la progresiva intensidad de la narración. Situada en la culminación del brillante período medio de Verdi, Aida ostenta un considerable peso dramático que recae en las voces -las que deben sortear el mero vocalismo-, y un admirable tratamiento orquestal. Ambos requisitos, que configuran un arco perfecto, sin fisuras ni episodios que comprometan su cohesión y unidad expresiva, fueron suficientemente atendidos por los protagonistas de esta versión.

Caudalosas voces

El esplendor palaciego a partir del primer acto; la solemnidad de sus personajes; los atinados desplazamientos de masas que exhiben brillantes y suntuosos atavíos y máscaras estuvo, empero, apuntalado por caudalosas voces como la de Chlopecki (Ramfis) junto a un portentoso Carlos Duarte (Radamés) cuyo brillo tímbrico, consistencia y expresividad vocal lo sitúan en un incuestionable primer plano, desde su conmovedora "Celeste Aida" (pese a eliminar el pianissimo final) y a lo largo de toda la obra. María Luján Mirabelli (Amneris), cuya voz va inextricablemente unida a su desenvoltura dramática, tuvo momentos excepcionales en un crescendo interpretativo que hizo admirable eclosión ante el veredicto final. La exigente línea de canto que Verdi reservó a la soprano protagónica (Haydée Dabusti) fue cumplida con gran idoneidad y lucimiento; reveló una ascendente evolución de esta valiosa figura de la lírica local, que tuvo no pocos momentos de magnífica emisión y expresiva calidad. Resultó ostensiblemente importante la definitoria participación de Ricardo Ortale (Amonasro) por la calidad de su voz y su desempeño actoral, rasgo que el bajo Cristián De Marco (el rey) engalanó con parejo timbre de voz. En otros papeles secundarios, Andrea Maragno (Shapenupet) exhibió una bella voz y Martín Pagano (mensajero) cantó con inusual eficacia su breve papel. Mención especial debe hacerse del director Roberto Luvini, no sólo por el hábil manejo de las masas corales vocacionales intervinientes, sino también por haber conducido a la orquesta con auténtico espíritu verdiano.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?