Falleció la pianista Perla Brúgola

Anteayer, en Buenos Aires, como consecuencia de una prolongada enfermedad
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20 de diciembre de 2001  

Con la desaparición de la pianista Perla Brúgola, cuya vida se extinguió anteayer en la Clínica Alexander Fleming de esta ciudad como consecuencia de una penosa dolencia, nuestra vida artística perdió a una de las personalidades más destacadas de la interpretación y la educación musicales en el país. Sus restos fueron inhumados en la mañana de ayer en el Jardín de Paz, en Pilar.

Pianista de valores sobresalientes en su generación, ampliamente reconocidos en el país y en el exterior, su talento dio de ello tempranas muestras. Perla Brúgola se presentó en público por vez primera en 1936, a los ocho años, cuando su propia madre guiaba aún los primeros tramos de su carrera.

Estudió después con Amelia Coq de Weigand, que le transmitió las enseñanzas de maestros de la talla de Raoul Pugno y Ferruccio Busoni. Ingresó después en el Conservatorio Nacional de Música donde cursó brillantemente sus estudios y egresó a los quince años como profesora superior de piano y armonía; poco después se graduó en composición habiendo recibido la enseñanza de preclaros maestros como Floro Ugarte y Athos Palma, y la valiosa formación humanística del filósofo Vicente Fatone.

La superación constante y la búsqueda de la perfección signaron la vida de Perla Brúgola; no fue por eso difícil advertir en ella, junto a sus cualidades naturales, una artista seria con un mecanismo pianístico límpido y depurado, sin fisuras, junto con una variedad encomiable de recursos expresivos, y también de conceptos objetivos en materia interpretativa, que fueron vertidos con fluidez y elegancia. Todo ello fue prontamente advertido y valorado, cuando todavía se reconocían en el país cabalmente los valores de los intérpretes locales y éstos no debían emigrar para hacerse un nombre en otras latitudes con marcos institucionales y culturales más propicios.

Los francos y auspiciosos elogios que personalidades internacionales -como el insigne Claudio Arrau- prodigaron a su temprana plenitud artística se sumaron a los de su vena creativa cuando la Comisión Nacional de Cultura le otorgó el Premio a la Mejor Obra Instrumental; tenía, por ese entonces, tan sólo dieciséis años. A ella seguirían otras composiciones para piano, canto y piano, obras de cámara y sinfónicas.

Fecunda labor docente

Brúgola accedió, asimismo, a una labor docente fecunda, de singular relevancia en lo atinente a la organización y política educacional, ya sea como integrante del cuerpo directivo del Conservatorio Municipal de Música Manuel de Falla; de la Asociación Argentina de Compositores; o aun como delegada en el Consejo Argentino de la Música (filial del Consejo Internacional de Música de la Unesco). Ejerció las cátedras superiores de piano y de música de cámara en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de La Plata, también de los conservatorios Nacional Carlos López Buchardo y Municipal, antes mencionado.

Siendo su actividad fundamental la de intérprete, traducida en frecuentes giras por países europeos y latinoamericanos, abordó programas en los que junto a obras del repertorio universal figuraron a menudo los estrenos de compositores argentinos y americanos. Frecuentó, asimismo, el repertorio con orquesta, tanto de autores clásicos como contemporáneos en las principales salas de la Capital y en las provincias

Su primer recital en el Teatro Colón tuvo efecto cuanto tenía diecinueve años, y ha sido asimismo el marco en el cual Brúgola fue distinguida en 1962 con el Premio al Mejor Intérprete Argentino por la Municipalidad de Buenos Aires, cuando reestrenó el Concierto para piano y orquesta, de Roussel, o era aclamada por una versión -antológica- del Concierto para piano, de Ernesto Drangosch. Otras memorables actuaciones fueron, por ejemplo, la que protagonizó con el Primer Concierto para piano, de Liszt, junto al director checo Vaclav Smetacek; o de la "Danza de la muerte", del insigne húngaro, dirigida por el eminente Rafael Frühbeck de Burgos, en memorables versiones que aún perduran en el recuerdo de los melómanos.

Como uno de los valores relevantes del piano en la Argentina de los años sesenta, su nombre fue repetidas veces requerido por importantes batutas extranjeras que visitaron el país, hecho que se repitió en Chile, Brasil y Uruguay. La televisión argentina, en épocas más felices para la difusión auténticamente artística, transmitió un ciclo de cinco conciertos en 1958 y otros tantos en los años siguientes y, en 1962, Perla Brúgola interpretó 56 obras de compositores argentinos.

En las dos últimas décadas estuvo alejada de la vida artística, dedicándose tan sólo a fomentar la excelencia en los numerosos instrumentistas jóvenes que acudían a buscar sus enseñanzas o a solicitar consejo. No pocos llegaron a tener cierta relevancia en la vida artística local o en el extranjero.

En los años noventa, su nombre apareció vinculado con la organización de cursos de posgrado en el Conservatorio Municipal Manuel de Falla, y sólo rara vez se la veía en público, prefiriendo la vida retirada, a prudente distancia de la decadencia cultural, moral y espiritual que veía acentuarse cada vez más.

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