Fieles al mundo de Mozart

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22 de agosto de 2001  

Presentación del Ciclo de Grandes Conciertos en la Facultad de Derecho , con la Orquesta Sinfónica de Tres de Febrero, dirigida por el maestro suizo invitado Thüring Bräm y la participación de los pianistas Ricardo Zanón y Daniel Goldstein; el flautista Fabio Mazzitelli, la arpista Adriana Ruiz Cheylat y la soprano Patricia Giannattasio Puyó. Programa Mozart: Concierto para flauta y arpa KV299; arias de las óperas "Il sogno de Scipione" y "La flauta mágica"; y Concierto para dos pianos KV 365. En el aula magna de la Facultad de Derecho.

Nuestra opinión: muy bueno.

Como culminación de las actividades didácticas del V curso, concurso y beca internacional organizado por El Sonido y el Tiempo, destinado a instrumentistas y directores de orquesta, se ofreció un concierto que fue dirigido por el destacado maestro suizo Thüring Bräm que encabezó en esta ciudad el encuentro -del que participaron varios maestros argentinos-, al frente de la Orquesta Sinfónica de Tres de Febrero.

El programa formulado para este concierto, al igual que el primero de ellos, ofrecido unos días antes por la entidad en el Museo de Bellas Artes, también incluyó obras de Mozart que fue el objeto de la reunión de Buenos Aires, donde se escuchó una relevante versión de la Sinfonía N° 29 en La mayor K. 201. En esta oportunidad, los pianistas Ricardo Zanón y Daniel Goldstein, interpretaron nuevamente el Concierto para dos pianos KV 365 del compositor salzburgués, en un ámbito más grande que a pesar de ofrecer mayor capacidad no resulta el más adecuado por razones acústicas.

Ambos solistas, además de la sincronización que evidenciaron, conjugaron bien sus intervenciones separadas y conjuntas con la orquesta; sus pasajes rápidos con escalas y arpegios fueron percibidos con clara definición sonora. Lo mismo debe decirse de la sonoridad, pese al deficiente estado de los instrumentos utilizados en la ocasión, ya que fueron accionados por dos profesionales que conocen a fondo la técnica instrumental para obtener un sonido redondo. El Allegro estuvo animado de convincente vivacidad y el Andante tuvo momentos de gran expresividad, particularmente en sus diálogos con la flauta. Por su parte, la Orquesta de Tres de Febrero dirigida por Bräm tuvo un calificado desempeño evidenciando un singular espíritu de entrega y respuestas concomitantes con la inteligente intencionalidad que emanaba del podio.

El mundo de Mozart no sólo fue revivido cabalmente por este brillante concierto para dos pianos; también se escuchó el encantador Concierto para flauta y arpa K. 299 con la participación del flautista Fabio Mazzitelli y la arpista Adriana Ruiz Cheylat, quienes tuvieron en sus partes lucido desempeño.

Es ésta una genuina pieza de música de salón compuesta por Mozart -pero sin por ello dejar de ser Mozart-. Fue compuesta en 1778, durante uno de sus viajes a París, y dedicada a dos ilustres aficionados serios que ejecutaban esos instrumentos.

Los extensos diálogos que entablan los solistas, de factura brillante y aérea, fueron expuestos con magnífico trazo melódico por la flauta y sostenido por los arpegios del arpa con apropiado sentido del estilo. Lo mismo ocurrió en sus intervenciones concertantes con la orquesta, que exhibió un apreciable grado de transparencia sonora en el diáfano acompañamiento de las cuerdas.

Encanto bucólico

Los intérpretes extrajeron del Andantino toda su tierna expresión bucólica, respondiendo Adriana Ruiz Cheylat al encanto sutil de la flauta con depurados arpegios y un fraseo expresivo que valorizó las bellas modulaciones de la partitura. El último movimiento ( Rondó. Allegro ) iba a rescatar en los intérpretes el espontáneo vigor y el grado de virtuosismo en las elaboradas frases que Mozart confía al arpa.

Las arias que cantó la soprano Patricia Giannattasio Puyó figuran entre las que más requisitos virtuosísticos poseen entre las compuestas por Mozart. En "Lieve sono al par del vento" (de "Il sogno di Scipione") y especialmente las de la Reina de la Noche (Der holle Rache) de "La flauta mágica". Ambas requieren un dominio técnico especial en las altas tesituras del registro, algo que las actuales condiciones vocales de la soprano no confirman totalmente.

Su caudal es pequeño y en la sala resultó casi inaudible para transmitir la mezcla de seducción y maleficio del personaje máximo del sombrío reino de la noche mozartiano. Hubo no obstante, momentos de acierto interpretativo por la sensibilidad puesta de manifiesto en el fraseo.

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