Gérard Mortier lleva su proyecto renovador de Salzburgo a París

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16 de diciembre de 2001  

Gérard Mortier, que se desempeñó como director del Festival de Salzburgo durante diez años, será el sucesor de Hughes Gall al frente de la Opera Nacional de París, a partir del verano boreal de 2004.

Esto se desprende del hecho de que el irreverente director -nacido en Gante, Bélgica, en 1943- fue nombrado director delegado de la Opera de París, el paso previo para acceder a la dirección de esta institución, que tiene a su cargo la actividad de la Opera de la Bastilla y del Palais Garnier.

El propio Hugues Gall ocupó el mismo cargo que tendrá ahora Mortier de 1994 a 1995, antes de hacerse cargo de la dirección de la Opera, en 1995. Los estatutos de la Opera de París establecen que su máximo responsable ocupe durante un tiempo el cargo de director delegado y que la edad límite para el director es de 65 años. Gall no puede renovar su mandato a partir de 2004, ya que excederá esa edad. Además, la Opera de París establece que su director no puede permanecer en el cargo más de siete años. Según informó Le Monde, Mortier tomará posesión de su cargo a principios de 2002.

Dos perfiles diferentes

Se trata de dos de las personalidades más destacadas del mundo de la ópera europea, pero con perfiles realmente distintos. Tanto Mortier como Gall tienen justa fama, ganada por gestiones de altísima calidad profesional, pero llevadas a partir de proyectos estéticos y formas de ser que se encuentran en las antípodas. En el caso de Mortier, es un verdadero agitador cultural que, luego de ganarse el reconocimiento por la renovación estética del Teatro de la Moneda, de Bruselas, se animó a tomar la brasa que representaba asumir la dirección del célebre Festival de Salzburgo, después de la muerte de Herbert von Karajan.

Lejos de amilanarse, Mortier produjo un sacudón en el festival austríaco, apostando por una fuerte renovación en materia de puestas escénicas y de repertorio y optando por trabajar con cantantes jóvenes.

Siempre manteniendo un perfil alto, Mortier se enfrentó con aquellos que le reclamaban moderación, en un ambiente político como el austríaco que se fue haciendo cada vez más conservador. Lo cierto es que en diez años consiguió mantener una altísima cuota de ocupación de las salas (arriba del 90% ) y el apoyo de grandes intelectuales de todo cuño, de Pierre Boulez a Mario Vargas Llosa.

Por el contrario, Hughes Gall siempre cultivó un perfil conservador en materia de programación artística, tanto durante su paso por el Gran Teatro de Ginebra como en la Opera de París, a la vez que se destacó como un hábil funcionario y administrador. Esto le permitió producir un boom de público en las dos salas de ópera que tiene a su cargo. También se destacó por tener habilidad política para enfrentar los conflictos con los duros gremios franceses.

El pase de la dirección del festival, que se desarrolla durante un mes y medio y con un presupuesto millonario, al trabajo anual del complejo parisiense es el nuevo desafío que aceptó Mortier. Allí deberá ahora congeniar su audacia estética con la realidad de mantener abierto un teatro que, en parte, también realiza temporadas "de repertorio".

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