Golijov: profeta también en su tierra

Con el estreno local de La Pasión según San Marcos, el Teatro Colón da esta noche el puntapié inicial a su temporada lírica
Pablo Kohan
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14 de marzo de 2012  

Para la gran mayoría de los argentinos que saben de su existencia -que, obviamente, no dejan de ser una minoría-, la música de Osvaldo Golijov es una incógnita. Después de todo, en nuestro medio, salvo alguna ocasión más que aislada en la cual se interpretó alguna de sus obras, lo único de su producción que tuvo alguna permanencia y una muy lograda resonancia fue la presentación de Ainadama , en el Teatro Argentino de La Plata, cuando fue programada, junto a Estancia, de Ginastera, en ocasión de la celebración del Bicentenario. Por lo tanto, la presentación de La Pasión según San Marcos, una invitada extraña para abrir la temporada lírica del Colón, tiene sabor a justicia, a sano resarcimiento. Por un lado, como reconocimiento al compositor argentino más célebre de la actualidad, uno de los más renombrados del planeta, y como un acto de justicia, ya que se le permitirá al público porteño, más todos los agregados que arriben curiosos y expectantes hasta el Teatro Colón para ver de qué se trata el asunto y para comprobar, en efecto, que el prestigio ganado lo ha sido más que merecidamente.

Recién arribado al país, desde Boston, donde reside hace veinticinco años, Osvaldo comienza recordando qué era para él el Teatro Colón. "Para mí, venir con mi mamá, desde La Plata, era una verdadera aventura. Yo tenía menos de diez años, y todo era sorprendente: subíamos al tren, bajábamos en Constitución donde había multitudes que me abrumaban, tomábamos el subte, saltaba a las escaleras mecánicas y, por fin, nos sentábamos en el teatro. Cuando se apagaba la luz, comenzaba la segunda aventura. En el Colón no tuve mi primer contacto con Mozart, con Verdi o con la música clásica, porque los conocía del Argentino, Pero aquí descubrí a Mussorgsky, a Stravinsky, a Wagner. Cuando volvía a casa y me sentaba frente al piano, me sentía superinspirado. Lo único que quería es que se me ocurriesen melodías que, para mí, en aquella época, era a lo que se reducía el arte de la composición." Y concluye sus pensamientos con una reflexión y una esperanza: "Ahora que vuelvo al Colón desde otra posición, humildemente, lo que más quisiera es que, frente a La Pasión..., algún chico o alguna nena, en la platea, se sienta inspirado como me pasaba a mí frente a aquellas obras que escuchaba con increíble atención. No sé si lo podré saber. Pero sería una gran felicidad. Además, siento que poder ofrecer La Pasión según San Marcos acá es una especie de devolución para con un teatro que alegró y dio felicidad a mi infancia".

En cuanto a los asuntos y los preparativos, no hay sorpresas. La Pasión según San Marcos es una obra de repertorio que, desde su estreno, viene recorriendo los teatros de todo el mundo. "Con estos solistas, instrumentistas y cantantes, y la mano experta de María Guinand, lo mío se reduce a algunas observaciones de balances, de equilibrios escénicos y a poco más." Lo consultamos sobre quiénes pueden interpretar una partitura que recurre a elementos y contenidos de la música popular latinoamericana. "Cada día más músicos y de los más diversos. Los integrantes del coro son, en un ochenta por ciento, cantantes que no participaron en aquel estreno de 2000. Cuando se hizo en Boston, los bronces y la mitad de la percusión, eran los de la Sinfónica de la ciudad. El próximo mes, cuando se haga en el Carnegie Hall, el coro será casi todo de jóvenes neoyorquinos. Cuanto más pasa el tiempo, más se va abriendo a otros intérpretes. Creo que hasta la parte destinada a una mezzo latinoamericana, concretado, hasta ahora, por Luciana Sousa o por Biella Da Costa, puede llegar a ser interpretada por una cantante lírica abierta y curiosa a otras maneras de cantar y a otros lenguajes musicales. Con todo respeto y salvando las distancias, es como la música de Duke Ellington. En un momento, sólo la podía hacer su propia orquesta. Hoy en día, cualquier banda de buenos músicos la puede hacer."

No dejamos de hablar sobre la controversia suscitada en Estados Unidos por el estreno de su pieza orquestal Sidereus y las acusaciones de plagio al argüir que tiene elementos de una obra de Michael Ward-Bergeman. Reduce el asunto a cierta ligereza, cuando no a cierta mezquindad, de quienes están al acecho para atacarlo por su manera de componer por fuera de ciertos cánones. Por lo demás, según lo aclararon tanto Golijov como Ward-Bergeman en una reciente nota que salió en The New York Times, la creación tan mentada no fue sino una obra que se realizó con materiales que ambos habían trabajado conjuntamente para la banda de sonido de la película Tetrus.

Pero Osvaldo Golijov prefiere dejar este tipo de comentarios de lado y concluir manifestando su esperanza de que La Pasión... sea bien recibida en el Colón. "Siempre hay una emoción particular ante el estreno o la reposición de una obra en la cual invertiste tiempo, honestidad, respeto y trabajo. Ahora, que sea en el país en el que naciste, te criaste, donde tu familia vivió y tus amigos están y en un teatro que a mí me nutrió, me causa una emoción muy hermosa y muy intensa.

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