Gran noche de free jazz

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24 de noviembre de 2002  

Presentación del pianista David Haney, con Jorge Hernáez en contrabajo y Diego Chamy en batería. El repertorio fue de Herbie Nichols. En el Centro de Experimentación del Colón. El miércoles, a las 20.30, se presenta con otro material y otras formaciones en la sala Enrique Muiño, del San Martín, Sarmiento 1551. La entrada es gratuita.

Nuestra opinión: bueno

El pianista David Haney trajo a la Argentina una propuesta fuerte y fascinante como lo es el repertorio del gran pianista Herbie Nichols, un compositor casi desconocido y por ende su música poco tocada.

Haney, que procede directamente de la música contemporánea y que entra en el jazz a través de su interés por el free y por las formas de libre composición, quedó deslumbrado con la obra de Nichols, cuya frescura en materia armónica, así como la profundidad de mensaje son dos de sus claves.

El pianista es una suerte de misionero de Nichols que lleva su mensaje, un puñado de composiciones (la mitad de su obra se perdió en una inundación) de enorme calidad musical que transmiten una serena alegría.

Con un Centro de Experimentación del Colón a pleno, el trío con Haney en piano, Jorge Hernáez en contrabajo y Diego Chamy en batería introdujo al auditorio interesado en un mundo que fluctuó entre la improvisación espontánea y la música de Nichols. La primera impresión que se recibe es la alta técnica de Haney y la belleza melódico-armónica del tributado.

Haney logró, como si se tratase de un sortilegio, un clima intimista y relajado. Su parte solista tuvo señales de los trabajos del grupo free de cierto tono intelectual que reúne a músicos como Roswell Rudd y Han Bennink, es decir, un dominio técnico sólido con propensión a la disolución del ritmo, métricas cambiantes, las disonancias en los silencios y un espíritu incansablemente indagador.

Este músico, que llegó a la Argentina en busca de ampliar su vocabulario, dejó una impresión excelente en cuanto a propuesta e interpretación.

Los temas elegidos fueron de una especial belleza, ya que, cincuenta años después, las composiciones tienen modernismo y una originalidad cautivante. La relación de Nichols con Monk queda de manifiesto en la música. Muchos pasajes sonaron a éste, pero no tanto por alguna afinidad melódica reconocible, sino porla forma en que organizó la música.

Nichols y Monk

En trío, las obras de Nichols muestran una fuerte impronta improvisadora, como la de Monk, aunque Haney apoya más la sección rítmica. Es probable que sea la primera vez que se toca Nichols en Buenos Aires.

El solo de Hernáez fue una interesante muestra de percepción armónica. Con Haney lograron un trabajo correcto en la presentación, pues mientras que el diálogo contrapuntístico era entre piano y el contrabajo, Chamy se dedicó mayormente a crear atmósferas sonoras.

La música comenzó a tomar forma en el piano de Haney con una introducción de claras señales jazzísticas, y el contrabajo marcó una línea rítmica que recordó por momentos la solidez rítmica y un cierto lirismo que transmitía Larry Gales. Chamy, en una batería muy poco ortodoxa, con un Gran Casa a su lado, despedía cada tanto truenos sobre el auditorio.

La melodía envolvía la sala; Haney mostró una paleta tonal amplia ayudada por ciertos arrebatos que llevaban al pianista a tocar en las cuerdas del instrumento.

Por momentos, Haney parecía avanzar en el sistema de la pantonalidad que tan bien desarrolló Cecyl Taylor. El grupo también propuso transitar por piezas del free jazz, en donde la composición libre y la interacción se vuelven protagonistas. Mientras que el piano de Haney toma líneas que sorprenden por su sinuosidad, por su inesperada riqueza armónica, Hernáez convierte el caos en ritmo y Chamy, como un chamán, invoca tormentas que suenan metálicas en sus platillos, secas en sus parches.

Toman riesgos y producen una música que va desde interludios íntimos hasta sonoras rispideces, y el sonido se apodera de la música .

Merece una mención el piano del CETC, de escasa sonoridad. Extraña que los escenarios del Colón, aunque estén el sótano, carezcan de pianos de primera línea. Un encuentro interesante que permitió disfrutar de la música de Nichols y protegerla del olvido junto a una propuesta de libre composición que tuvo momentos de mucha interacción y otros en los que cada uno tenía su propio patrón.

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