Guillermo Calliero, una rara avis del jazz

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10 de julio de 2006  

Presentación del disco "Dreams Become Reality", del trompetista Guillermo Calliero, con Facundo Bergalli en guitarra, Hernán Jacinto en piano, Juan Pablo Navarro en contrabajo y Hugo García en batería. Próximo show: pasado mañana, a las 21.30, en Notorious, Callao 966.

Nuestra opinión: muy bueno

Guillermo Calliero, un músico que no ha tocado mucho en Buenos Aires, tuvo una actuación impecable en Notorious, a raíz de la presentación de su disco "Dreams Become Reality", editado por MDR, donde mostró el grado de madurez asociado a la creatividad y al manejo del grupo que ha conquistado este artista en su paso por las orquestas de buques y transatlánticos, poco antes de partir para radicarse en Barcelona.

De aquel trompetista sereno y de sonido dorado, Calliero hoy es un verdadero bandleader con prestancia artística. Su sonoridad llena, su manejo del ritmo, una excelente relajación para tocar y una forma de desarrollar sus ideas de manera inteligente fueron el mejor regalo de la noche para un auditorio que esperó expectante su actuación.

Como siguiendo la línea de pensamiento de Chet Baker, Calliero no quiso impresionar al auditorio con tres caminos de exhibicionismo como la rapidez, los agudos y el volumen, más bien propuso un viaje a un melodismo moderno, no exento de un alto lirismo a través de su sonido cálido y redondo. En efecto, el trompetista se destacó por su inclinación hacia las improvisaciones líricas, de alguna manera emparentadas con toda la tradición negra que va de Sweet Edison a Freddie Hubbard, pero sin acrobacias.

Sus solos fueron concisos y estructurados de una manera que equivalieron a una declaración de belleza melódica, como en la versión de "The Man I Love", por ejemplo.

La economía en sus solos; su forma de relato, que desarrolla poco a poco, como si su música necesitase de ese tiempo, de esa forma de suspenso que va creando a medida que recorre las armonías, mostraron a un músico que sabe organizar sus influencias. Calliero se ajustó a la melodía para improvisar con tonos afieltrados y en los que el mensaje tuvo tanto protagonismo como su elegante fraseo.

Un líder también debe funcionar en equipo y, en este caso, el quinteto, de sonido denso y ágil, tuvo una base muy sólida con Juan Pablo Navarro en el contrabajo y Hugo García en la batería, un músico de riquísimo swing, y un par de solistas, como Facundo Bergalli en la guitarra y Hernán Jacinto en piano, que no sólo construyeron el cuerpo colectivo de la propuesta, sino que también supieron desarrollar desde sus propios lenguajes una sociedad impecable con Calliero.

Comenzaron con "Skylark", y desde el vamos el ritmo lo puso el trompetista. Aquí unió un solo de modelo casi romántico con un sonido limpio, de esa pureza que genera la técnica. Por su lado, Jacinto es uno de los mejores pianistas que tiene la escena local y desde que "fichó" para el trío de Javier Malosetti su música y estilo han madurado de manera ostensible.

"Yendo a Brasil" y "Volviendo de Brasil", de Bergalli, fueron tocados de una manera potente y sin concesiones. Arreglos trabajados y esa sorpresiva expresividad para una música que trata con intimismo las melodías, salvo en ocasiones como ésta.

El cierre fue con un cambiante "Blue Monk", tocado casi sin la cadencia original. Calliero tiene varias virtudes, no sólo como trompetista; es uno de los pocos, poquísimos artistas, que se preocupan por entretener a la audiencia. Una rara avis .

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