Guitarristas de gran calidad artística

Snajer y Windfeldt, con disco juntos
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31 de enero de 2002  

El guitarrista argentino Ernesto Snajer viene dando muestras del amor por su país no solamente aquí, sino también en el exterior, en compañía de músicos extranjeros y locales. Luego de haber presentado hace algunos días, en compañía de su amigo y colega guitarrero danés Palle Windfeldt, su disco compacto “Guitarreros”, producido nada menos que por Egberto Gismonti y editado por el sello Carmo/ECM, Snajer viajó a Dinamarca para concretar ocho presentaciones, dos en teatros de Copenhague y las restantes en las ciudades de Roskilde, Hostebro y Skorping, y dictar dos clínicas de música argentina en el Conservatorio de Música rítmica de dicha capital.

Recientemente nuestro guitarrista y compositor realizó un ciclo en Notorious (Callao al 900) que comprendió tres presentaciones junto a la cantante y compositora Verónica Condomí y al percusionista Facundo Guevara, oportunidad en la que presentó en sociedad el disco “Cielo arriba”, del trío, grabado en ese local en abril de 2001.

En ese tren Snajer pondrá a consideración hoy, a las 22, en el bar cultural Un Gallo para Esculapio, Costa Rica 1795, su último disco, “Recuerdos de Argentina” (un registro de música argentina y latinoamericana), en compañía del trío que integra con el bajista Matías Méndez y el baterista Daniel Piazzolla.

“La de «Guitarreros» fue la primera presentación oficial”, avisa Snajer. “El disco es una recopilación de dos que teníamos con Palle. Fue Egberto Gismonti quien seleccionó los temas que más le gustaron. Yo conocí a Egberto aquí, en 1996, después de un show. Lo esperé a la salida de su recital en el Bauen Hotel. A la semana me envió un fax diciéndome que quería comprar los derechos. Eligió lo que yo pensaba. Es decir que lo que más le interesó fue la música argentina, sobre todo los ritmos, cadencias y el color folklórico. El compacto es variado: contiene chacareras, huellas, milonga candombeada, tangos, chorinho tipo joropo, valsecitos, salsa”.

Palle escucha, observa y sonríe. Su castellano es todavía dificultoso. Pero sabe que en Ernesto tiene a un fiel traductor de su pensamiento.

“Palle –prosigue Ernesto– viene del funk. El tocaba en un grupo de fusión muy conocido. Allí aportaba esa parte funk y algo de jazz. En Dinamarca se escucha mucho rock-pop y metálico; preferentemente inglés. En esto hay algo de moda, pero también se busca desarrollar ideas. Yo, en cambio, tengo formación jazzística, aunque no soy músico de jazz. Sí incorporo en las interpretaciones la libertad que me otorga la improvisación, sólo como una posibilidad de desarrollo. Porque no es el único elemento. Debo confesar que tampoco vengo del folk ni del tango, aunque en casa se los escuchaba por igual. Hay músicos que están más compenetrados que yo en esto.”

–¿Dónde conociste a Palle?

–En Copenhague, durante una gira que hice con el grupo Semblanza. Esa noche Palle tocaba con su grupo. Charlamos y así surgió la amistad. Luego nos pasaron cosas que nos unieron. Creo que por eso la música en una buena relación, surge mejor. Recuerdo que durante esa visita me sorprendieron los daneses interpretando música de Piazzolla. A Palle le entusiasmaba. Entonces lo invité a estudiar música argentina. El consiguió el apoyo económico de la reina y de asociaciones musicales danesas. Esos fondos que otorgan el Estado y las entidades privadas son para estudiantes de conservatorio con buenos currículum. Es decir que es muy selectivo, porque tienen recomendación de los profesores.

Palle –que estudió guitarra en el Conservatorio de Música Rítmica de Copenhague– se esfuerza por contar que en 1988 conoció la música de Piazzolla durante una fiesta en un club de Dinamarca. “Fue como una revelación. Por eso surgió la idea de venir a Buenos Aires para aprenderla.”

Palle recuerda también que su padre es músico y que él fabricó la guitarra en la que toca. Entre Palle y Ernesto comentan que en los Estados Unidos hay colonias de daneses provenientes de los conservatorios de su país que se radican para estudiar en escuelas de música similares a la de Avellaneda, pero que disponen de suficiente dinero para sostenerla.

–Ernesto, ¿cuándo te decidiste por la guitarra?

–No tuve una inclinación muy definida. Pero cuando mi papá me preguntó si quería estudiar, le dije que sí. Empecé solo. Luego me apasionaron los Beatles. Y desde los 13 años me abrí al rock de acá, al folklore, el tango y el jazz.

René Vargas Vera

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