"Hay que cambiar el modo de pensar"

El flamante director musical del Teatro Colón habla de los desafíos de su labor
(0)
26 de septiembre de 2005  

Desde que, en 1993, condujo exitosamente una de las más audaces y destacadas aperturas de temporada lírica del Teatro Colón en mucho tiempo, con la ópera "Lulú", de Alban Berg, el director de orquesta norteamericano Stefan Lano se transformó en más que un asiduo y bienvenido visitante.

Cada una de las producciones que tuvo a su cargo -mayoritariamente provenientes del siglo XX- fueron una cabal demostración de que este repertorio podía ser interpretado aquí con un altísimo nivel y, por lo tanto, contar con una muy buena respuesta de crítica, pero sobre todo de público. La lista es elocuente: "Wozzeck", de Berg, y "El castillo de Barbazul", de Bartok, en 1995; "El amor por tres naranjas", de Prokofiev (1998); la exhumación de "Die tote stadt" (1999), de Erich Korngold, y "Salomé", de Richard Strauss (1999); "The Rake´s Progress", de Stravinsky (2001); "La damnation de Faust", de Berlioz (2002), y "Bomarzo", de Ginastera (2003). A lo largo de estos años, Lano fue el que mejor relación entabló con los músicos de la Orquesta Estable del Teatro Colón (OETC), que, desde hace años, venía pidiendo que se transformara en su director titular, un puesto vacante desde hace décadas. También mantuvo un altísimo nivel cada vez que dirigió la Filarmónica de Buenos Aires.

Tal vez por eso, ante cada cambio de gestión en el ciclotímico Teatro Colón, su nombre siempre aparecía en la lista de candidatos para algún cargo directivo. Sin embargo, sólo tuvo una experiencia, breve pero intensa, en el renacimiento del hoy alicaído nuevo Teatro Argentino de La Plata.

Por cierto, Lano sabe muy bien que, al aceptar el puesto de director musical y de la OETC, está entrando en una función caracterizada por la volatilidad. Sin embargo, dice apostar a la solidez del equipo de trabajo que se conformó para la ocasión: "Tenemos un equipo excelente, con Marcelo Lombardero como director artístico, Salvatore Caputo en el Coro Estable y otra gente que conozco desde años en el Colón. Es gente que se dedica al teatro en una forma más intensa que la gestión anterior. Naturalmente sé de los problemas gremiales que tiene el teatro. Que se han reforzado por la crisis que atravesó todo el país. Por eso, hoy es aún más prioritaria esta cuestión que la artística". Lano reconoce los límites de su incumbencia en la materia, pero destaca: "Marcelo conoce el Colón mejor que todos en la ciudad, porque creció aquí. Creo que podrá manejar las aguas entre los problemas internos y su articulación en un diálogo fecundo para satisfacción de todos, en el Teatro, en la Secretaría de Cultura y para la ciudad".

Mientras los conflictos recrudecen, Lano confirma que la temporada 2006 está casi lista, aunque se niega a adelantar nada hasta que Lombardero realice el anuncio oficial. "Ya estamos trabajando para 2007 y la temporada del centenario, 2008", agrega, tratando de salir del horizonte de coyuntura que atraviesa una vez más el Colón.

Según cuenta, desde que vino en 1993 tuvo la sensación de que estaba "predestinado a trabajar con más continuidad aquí". Su primer concierto en esta nueva etapa será en diciembre, que representa tanto una declaración de principios como una cábala. Será un concierto sinfónico a cargo de la orquesta estable, habitualmente limitada a su función de orquesta de ópera con dos obras: la suite de "Lulú", de Berg ("la obra con la que hice mi debut aquí"), y la Novena Sinfonía de Schubert ("para poner en movimiento la maquinaria de la Estable").

-¿Cuál va a ser su área de incumbencia?

-En colaboración con Marcelo, voy a ser responsable de la temporada lírica, en lo que respecta a la elección de repertorio, roles, directores de orquesta y régisseurs. También voy a trabajar más con la OETC. Dirigiré tres producciones líricas por año y un ciclo de cuatro conciertos sinfónicos con ellos.

-¿Sabe que la orquesta estable no tiene director titular desde hace años?

-Sí. Estuvieron Fritz Busch y luego Erich Kleiber. Luego no ha habido alguien querido por la orquesta que trabaje en continuo con ellos, con un nivel que tanto ellos como el público se merecen. Es importante destacar que la orquesta me pidió hace unos años por medio de una nota. En este sentido creo que trabajamos en un buen clima, hacemos buenas cosas y ellos quieren tocar mejor, como cualquier orquesta. Si hay directores invitados por amistad o intercambios es inevitable que baje el nivel de la orquesta. A mí no me interesan los intercambios. No es sólo una cuestión sobre el nivel de la orquesta: también me refleja a mí, si es que puedo invitar a los mejores directores que conozco. También ocurre esto con los régisseurs. Aunque no se entienda aquí hay mucha gente que le gusta y quiere participar de las producciones del Colón.

-Si bien el arte no es una ciencia exacta, uno de los problemas que más se han incrementado en el Colón es la imposibilidad de cumplir con las planificaciones anuales. ¿Cómo piensan trabajar este punto?

-Se trata de organizar un calendario para cada cuerpo del Teatro. Pero luego, hay que respetarlo. Esta semana, antes del ensayo pregeneral para "Kandaules", la Filarmónica estuvo media hora de más ensayando en el escenario. No sé cómo ocurrió ni quién tomó esta determinación. Pero algo así no puede pasar en un teatro profesional.

-Usted insiste en que aquí se peca de complejo de inferioridad a la hora de pensar en la producción artística. ¿Sigue pensándolo?

-Creo que lo más difícil aquí es cambiar ese modo de pensar. Si no, no vale la pena traerme, con la cierta experiencia internacional que tengo, para ayudar al Teatro. A veces hay que ponerse por fuera de la situación para poder observar los problemas con objetividad. Hay un complejo de inferioridad argentino que no es viable: la Argentina tiene problemas, pero muchos son comunes a América latina y otros a todo el mundo. Si no, miremos a Nueva Orleáns, una ciudad en el país más poderoso del mundo y el Estado no pudo hacer nada con el agua. En este sentido, es importante comprender que desde el Colón no podemos resolver todos los problemas sociales y financieros que aquejan a los trabajadores y artistas del teatro. Pero sí podemos abrir espacios de diálogo fecundo para mejorar el funcionamiento, incluso con el presupuesto que tenemos.

Experiencia y talento para la orquesta estable

Nacido en Boston, obtuvo el doctorado en Composición (Ph.D) en la Universidad de Harvard. En 1976 estrenó la primera de sus tres sinfonías. Una beca Fullbright lo llevó a Alemania, donde Lorin Maazel lo convocó para integrar como pianista el elenco de la Opera de Viena. Desde 1988, cuando fue nombrado director asociado de la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh, desarrolla una activa labor como director sinfónico y de ópera. Radicado en Basilea (Suiza), en el repertorio lírico ha dirigido óperas clásicas (Mozart) y del siglo XIX ("Bohème", "Turandot"), pero han sido las obras del siglo XX y contemporáneas por las que es más asiduamente requerido en diferentes teatros de Europa, América del Norte y América latina. Su técnica de dirección precisa y su buena relación con los músicos argentinos le permitieron a Lano ser uno de los que mejor nivel artístico logró con las orquestas del Colón, aun tratándose de obras a priori más complejas en su preparación que las del repertorio tradicional.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?