Inteligente homenaje a Kagel

Se destacó el trabajo de Marcelo Delgado y de la coreógrafa Diana Theocharidis
Pablo Gianera
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20 de diciembre de 2009  

Homenaje a Mauricio Kagel. Programa: La torre de Babel , Seis marchas para malograr la victoria , Zwei Akte / Dos actos , de Kagel. Intérpretes: Compañía Oblicua, Klara Csordas (voz), Lucrecia Jancsa (arpa), Alejandro Soraires (saxo), Romina Pedroli, Johanna Cessiecq y Julián Garcés (bailarines). Coreografía y dirección de escena: Diana Theocharidis. Dirección musical: Marcelo Delgado. En el Goethe-Institut.

Nuestra opinión: muy bueno.

Sólo con el tiempo empieza a entenderse cabalmente la relevancia del festival que el Centro de Experimentación del Teatro Colón le dedicó a Mauricio Kagel en 2006 y que implicó también el regreso del compositor al país después de cuatro décadas. Ahora, a poco más de un año de la muerte de Kagel, la coreógrafa Diana Theocharidis y el director y compositor Marcelo Delgado -ambos protagonistas de ese festival del CETC- organizaron un homenaje breve pero sumamente original, sobre todo porque fue pensado en los propios términos del compositor.

La modificación de la sala del Goethe-Institut (la platea se ubicó donde suele estar el escenario) marcó la voluntad de salir de las estáticas aspiraciones de un concierto. Se trató verdaderamente de un espectáculo continuo, de un relato que articuló hábilmente las piezas y que empezó con la proyección de la primera secuencia de la película Süden , de Gastón Solnicki. Enseguida, y en línea con la pantalla, la Compañía Oblicua tocó una de las Marchas para malograr la victoria . Las marchas (seis) se alternaron con seis canciones del ciclo La torre de Babel por la mezzosoprano Klara Csordas, en una escenificación en la que intervino la bailarina Romina Pedroli. La interpretación de Csordas tuvo una expresividad conmovedora; y no menos lograda fue la dirección de Delgado. Pocos comprenden la música de Kagel como ellos dos.

Hay una historia en Zwei Akte -la obra que cerró el homenaje-, y de algún modo esa historia está encerrada ya en su título: además de su sentido teatral (acto), la palabra alemana Akt alude también al coito y a la desnudez. Kagel había indicado que la pieza podía interpretarse en versión de concierto, o con dos actores. La alternancia de reconciliación y lejanía alcanza a los instrumentos, saxos (barítono, alto y sopranino) y arpa, emblemas respectivos, para el compositor, del hombre y la mujer. La versión de Theocharidis es una inteligente proyección visual de ese drama instrumental: una mujer (Cessiecq) y un hombre (Garcés) recostados en un diván empiezan a vestirse, dominados por la lasitud que sobreviene después del sexo. De ahí en más, se debaten entre lo consumado y aquello que parece no poder volver a consumarse. El virtuosismo de Jancsa (arpa) y Soraires (saxo) se reveló no tanto en su dominio de las técnicas extendidas sino especialmente en su sensibilidad dramática. Pocas veces fue la música de Kagel tan dolorosa como en la parte central de Zwei Akte , a mitad de camino entre lirismo y la crispación de la despedida. Pero quedaba todavía otra canción. Y después la sala oscura y una foto en la pantalla: Kagel sentado de espaldas frente a un telón cerrado.

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