Jazz con sello local

Mauro Apicella
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19 de enero de 2014  

Con la cantidad de lanzamientos discográficos de fin de año siempre quedan algunas joyitas que pasan inadvertidas entre el montón. Pero luego la marejada se aquieta y esas perlas se imponen por su propia luz. En el último trimestre de 2013 hubo un par de lanzamientos de perfil jazzístico que vale la pena destacar.

Uno es Contemplación, el segundo volumen del Ensamble Real Book Argentina, el colectivo musical de compositores, arregladores e intérpretes integrado por lo más destacado del jazz local. El otro es el disco Vuelos, que el contrabajista Horacio Fumero grabó con Mariano Loiácono (trompeta) y Diego Schissi (piano). A su grupo, Fumero lo define como un trío de "jazz contemporáneo". Desde hace un tiempo se viene usando la palabra contemporáneo (o contemporánea) para hablar de algunas músicas de hoy; "música popular contemporánea", por ejemplo. Convendrá, en algún momento, analizar a qué se refiere. Quizás haya más de una respuesta. Pero que eso sea más adelante; por ahora, mejor será dejar que la música se exprese a través de sus intérpretes y las características del lenguaje de cada uno.

¿Cuál es el de Fumero? ¿Cuál es la nacionalidad de un santafecino que está radicado hace décadas en Barcelona y al que se lo identifica esencialmente con el jazz, por su trabajo personal y por los músicos con los que tocó (de Gato Barbieri a Tete Montoliu)?

Hay gente que tiene varias nacionalidades. Quizás éste sea uno de esos casos. La prueba está en la música. En lo telúrico que atraviesa su última producción. En la decisión de dedicar todo el disco a las aves argentinas (chimango, chajá, carancho y ñandú, entre otros). En la concepción "standard" de temas como "Tero Tero". En la supresión del vibrato y en la cámara del sonido de Mariano Loiácono, que se aproxima al de Miles Davis, pero aplicado a la geografía de un aire de zamba como "Torcacita", una de las bellas piezas que Fumero escribió para este disco. O en la mixtura que Diego Schissi consigue entre lenguajes diversos, de una manera tan sutil.

Fumero pudo haber hecho un disco donde el contrabajo fuera el protagonista.

Pero es tan consciente del instrumento que toca (no por nada es considerado uno de los más notables músicos de la actualidad), que dejó que la protagonista de su disco fuera, simplemente, su música. Incluso cuando interpreta solo "Las golondrinas", de Eduardo Falú, donde el foco no está tan puesto en la destreza de sus dedos sino en la manera de llevar ese paisaje casi litoraleño a una danza del noroeste argentino.

Esa habilidad para recontextualizar también aparece en el disco del Ensamble Real Book Argentina. En realidad, el proyecto nació de la idea de Esteban Sehinkman de hacer inventario con la composición actual y local. En una segunda etapa los músicos comenzaron a interpretar estas obras en varios escenarios y a grabarlas. Éste es el resultado (el segundo resultado): un disco plural que refleja esa variedad que ofrece hoy el jazz local y esas "otras músicas" que son parte de un mismo territorio sin fronteras. Lo singular es que entre lo heterogéneo del CD (no podía ser de otra manera con nueve temas y ocho arregladores diferentes) hay una estética sonora común ­predominantemente jazzera, a veces rioplatense, otras rockera­ que marca el rumbo del disco y es, a la vez, representativa de esta tribu vernácula, con músicos que crean en solitario y luego comparte lo que hacen con sus pares. Mariano Otero, Alejandro Franov, Sergio Verdinelli, los hermanos Cutaia y Diego Urcola son algunos de los que aportaron sus obras. Richard Nant, Pollo Raffo, Cirilo Fernández, Nicolás Guerschberg y Ramiro Flores, entre otros, se encargaron de versionarlas para la grabación del ensamble.

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