Kanye West, entre peleas, escándalos y papelones

Fuente: Archivo
El célebre rappero y productor sufre de verborragia en Twitter y termina preso de sus palabras
Tomás Balmaceda
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10 de marzo de 2016  • 00:38

No quedan dudas de que la historia del hip hop y el rap tiene un sitio destacado para Kanye West , uno de los intérpretes, compositores y productores más importantes del globo, responsables de la renovación del género en el siglo XXI. Tanto en sus trabajos para colegas como Alicia Keys, Jay-Z o Ludacris así como en sus propias producciones, logró crear un sello propio y una gran cantidad de fanáticos e imitadores.

Pero también existe un costado frívolo de West, casado con Kim Kardashian, devenido diseñador de remeras que cobra 1200 dólares y siempre listo para opinar sobre casi cualquier tema en su popular cuenta de Twitter, en la que casi 20 millones de personas siguen sus rabietas, anuncios grandilocuentes y momentos de insólito egocentrismo.

Los últimos desvaríos del rey del hip hop comenzaron el año pasado cuando anunció que estaba dándole los retoques finales a su nuevo álbum. Lo que comenzó siendo un lanzamiento "inminente" se fue alargando más de lo esperado, con meses y meses de idas y vueltas sobre el material. A mediados de diciembre, escribió un tuit en el que pidió que nadie lo llame ni le pida cosas hasta que no terminase el disco:

Un mes después, reveló que la placa se llamaría Swish y que estaría disponible el 11 de febrero:

Diez días después, publicó la lista completa de temas y lo llamó, con la modestia que lo caracteriza, "el mejor álbum de todos los tiempos":

Pero a partir de allí comenzaron los problemas. Las diez canciones originales comenzaron a cambiar de título, desaparecieron algunas y se sumaron nueve más. La lista fue actualizada a esta, mucho más extensa y caótica:

Y el 14 de febrero, después de cantar en vivo en Saturday Night Live, tomó el micrófono para revelar que el álbum ya estaba disponible para streaming en su página web y que ahora se llamaba The life of Pablo, en referencia al apóstol que fue sorprendido por Jesucristo luego del martirio de Esteban. Lejos de ser una movida de marketing estratégicamente planeada, todo fue un impulso del artista y su equipo tardó más de una hora en actualizar su sitio con el material, que fue subido con errores.

La placa iba a estar disponible en todas las plataformas digitales, pero de un día para el otro West cambió de parecer y dispuso que no lo tenga ni Spotify ni Apple, sino que sólo pueda escucharse en el emprendimiento de su amigo Jay-Z, Tidal, lo que generó rechazo y llevó a muchos a piratear sus copias. Para colmo de males, no le gustó a los críticos, lo que él consideró un acto de racismo.

Mientras algunos de sus colegas y amigos mostraron preocupación por la salud mental de West una madrugada en la que reveló en Twitter que tenía una deuda de 53 millones de dólares y empezó a pedirle a Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, y a Larry Page, de Google, que se pongan en contacto para poder financiarlo. Su fundamentación era que él es "el Disney de nuestra generación" y que en Silicon Valley los emprendedores millonarios escuchan su música pero no quieren colaborar con una fracción de sus fortunas.

Luego de días de burlas y comentarios maliciosos en Twitter, Kanye regresó para transmitir tranquilidad a sus seguidores y afirmar que su ego era su mayor enemigo, lo que muchos interpretaron como una suerte de arrepentimiento:

Pero lejos de eso, su comportamiento errático y agresivo continúa. En estos días se peleó con el prestigioso productor canadiense Bob Ezrin, quien osó criticar su álbum y con el DJ DeadMau, a quién le dedicó filosos mensajes en 140 caracteres. Durante la entrega de los Grammy, arremetió con todo contra el premio, al que consideró viejo y que discrimina a los artistas de color. Además, ya advirtió que si el próximo año no lo invitan y no gana, será por fraude.

Su último escándalo involucra a Taylor Swift, a quien ya había atacado en 2009 cuando en plena entrega de los premios MTV subió al escenario para denunciar que el video del año lo merecía Beyoncé. En The Life of Pablo se refiere a ese momento con la canción "Famous" cuando canta: "Apuesto a que Taylor y yo tendremos sexo, ¿por qué? Porque yo volví famosa a esa perra". Cuando Swift se enteró del contenido de la letra, le advirtió a West que no lo publicara, pero fue en vano. Pero el rappero dijo que el término "perra" no tenía una mala connotación y que la cantante era quien había dicho que él la había vuelto famosa:

La verborragia tuitera de West parece no haberse detenido. En los últimos días anunció nuevo disco, llamado "Turbo Grafx 16", en honor a la clásica consola de videojuegos, y contó que sigue trabajando en los temas de The Life of Pablo porque quiere mejorarlos:

Atrás quedaron los tiempos en los que los artistas y celebridades vivían lejos del ojo público y sólo se comunicaban con sus seguidores por sus obras y alguna eventual entrevista. Hoy las redes sociales lograron desnudar sus almas y, en casos como el de West, mostrar el costado más débil de un genio.

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