La canción es mujer

Un largo ejército de divas en la memoria
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13 de diciembre de 2001  

Los mitos femeninos de la canción popular parecen aventajar, en número, a sus pares masculinos. Sinatra, Gardel, Maurice Chevalier, Carlo Buti, Nat Cole, Jacques Brel, Camarón y unos pocos más enfrentan a un verdadero ejército de mujeres del que podríamos convocar a artistas de la inmensidad de Bessie Smith, Elvira Ríos, Rosita Quiroga, la alemana Zarah Leander, Ada Falcón, la inolvidable Judy Garland, la andaluza Niña de la Puebla y su medio compatriota Imperio Argentina, la arrolladora rusa Alla Pugachova, Elis Regina, la Vaughn y la Fitzgerald, Ranko Fujisawa (la japonesa tanguera), la romana Gabriella Ferri, Mercedes Simone, la portuguesa Amalia Rodrigues... y un montón que se nos escapan. De las tres quizá más notables del siglo XX, dos están en el recuerdo: la negra Billy Holliday y la francesa Edith Piaf. La tercera, a casi medio siglo de su debut, continúa saludablemente en carrera: Mina. Cada una de ellas forjó su leyenda de distintas maneras; la de la señora Mazzini obedece a su prematura desaparición de la vista del público. De ahí que la resonante resurrección de su imagen haya generado tanto alboroto y, así, no pocas figuras del quehacer artístico italiano –Pipo Baudo, el habitual animador del Festival de Sanremo, o la actriz Franca Rame, la compañera del polémico premio Nobel Dario Fo, entre otros– manifestaron públicamente su entusiasmo. Aldo Grasso, prestigioso columnista milanés, recordó una difundida afirmación de Totò (“Mina es mucha”) y, analizando las “muchas” cosas que es la cantante –ídolo masivo, columnista de opinión, productora, animadora de shots publicitarios–, formuló una aguda observación: “Mina ha hecho la publicidad de productos que se referían, de diversas maneras, a la comida: heladeras, cerveza, grisines, pasta. Su slogan más célebre, «Hay una gran cocinera latente en ti y Barilla –una marca de fideos– te la revela», debe haberla perseguido hasta el fondo de su alma, si es que, en efecto, una de las causas de su desaparición había sido el conflicto que mantenía con su propio cuerpo”.

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