La fiesta de la música uruguaya

Montevideo celebró un encuentro a todo ritmo en la península de Punta Carretas
Mauro Apicella
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12 de diciembre de 2001  

MONTEVIDEO (Especial).- Poco después del mediodía del domingo, cuando el sol pegaba con fuerza sobre la pequeña península montevideana de Punta Carretas, el predio dispuesto para realizar la tercera edición de "La fiesta final (una noche de paz)" ya ofrecía las primeras postales para los recién llegados y dejaba atrás el temporal del viernes último, que obligó a posponer el encuentro por un día.

Un bar que exhibía las imágenes de Bob Marley y Aníbal Troilo, más atrás el espacio cultural de la plaza Mateo, el pintoresco faro de Punta Carretas, un centenar de asistentes que apuraba los últimos detalles en los escenarios centrales, algunas familias en pleno reconocimiento del terreno y el personal de seguridad identificado con remeras que llevaban la palabra "tolerancia" (fue el comentario de muchos, en todos los casos con buenas cuotas de ironía). Una postal, entre tantas, que describió el espíritu y la diversidad de la fiesta. Un encuentro para ver y escuchar durante 17 horas a artistas consagrados como Jaime Roos, Rubén Rada, Pepe Guerra y el trío Fattoruso, noveles expresiones rockeras, DJ y teatro callejero.

"Es una especie de pueblo por un día", se atrevió a decir Alejandro Fontaina, director de la FM X, organizadora del festival que contó con el apoyo de la Comisión de Juventud de la intendencia local. Esa fue la imagen que quedó en sus ojos una vez que los cuatro escenarios principales, los fogones y los 30 puestos de comida, bares con música en vivo y las sucursales de los boliches más importantes del Uruguay estaban en pleno funcionamiento. Hicimos varios encuentros desde la radio hasta que, hace tres años, se nos ocurrió armar esta fiesta. Intentamos hacerlo en un estadio, pero estaba dañado estructuralmente y finalmente dimos con este lugar. La intendencia nos brinda toda la estructura y nosotros ponemos la producción y la difusión. Fundamentalmente es para darles lugar a valores como la paz, el respeto y la tolerancia, y mostrar la cultura nacional e involucrar a la noche uruguaya, por eso participan tantos boliches", explicó Fontaina, con cara de cansancio, pero contento.

"Como la primera edición fue en 1999 comenzamos a jugar con la idea del fin de siglo y de milenio -continuó el organizador-. Y si lo mantuvimos fue porque cada año nos parecía el último, pensábamos que no podíamos dar mucho más, pero siempre nos la ingeniamos. Para este año apostamos a duplicar la calidad y a decorar mucho más este predio que no tiene más que tierra. La idea comenzó con mostrar una foto de la cultura uruguaya, al principio fue para adentro pero de aquí en más queremos hacer un proyecto rioplatense para el Mercosur y darle continuidad".

Si los números del balance son favorables, seguramente los organizadores apostarán a establecer la fiesta como un encuentro anual. Mucho más ahora que están envalentonados luego de salir airosos de las vicisitudes previas. El viernes por la tarde, la lluvia y los vientos de más de 120 kilómetros por hora volaron pantallas y destruyeron carpas. Pero el trabajo de más de 400 personas durante todo el sábado permitió que a las 15 del día siguiente Jaime Roos estuviera sonando como el primer número fuerte de la maratónica jornada.

"Arriba la celeste"

El músico largó ese himno futbolero que pone a la celeste bien arriba, "Cuando juega el Uruguay", y continuó con temas de su último CD, "Contraseña", como "Amor profundo" y hits de su amplio repertorio ("Si me voy antes que vos", "Esta noche", que incluyó un homenaje a George Harrison, "Al Pepe Sasía", "Durazno y Convención", entre otros) hasta conformar un show consistente, al frente de una banda que suma calidad (a la que ya tiene) en cada nueva presentación.

Su recital acaparó a la mayoría del público de las primeras horas y esto perjudicó la convocatoria de artistas como el bajista Flavio Cianciarulo, que cruzó el Río de la Plata desde Buenos Aires, sin su apellido de casado (Los Fabulosos Cadillacs), para presentar su proyecto en solitario: Flavio Calaveralma Trío.

Cuando promediaba el recital de Roos, Flavio y los suyos debieron subir a otro escenario principal, ubicado a 100 metros, para ofrecer su música a un puñado de seguidores. Por otros motivos, también pasó casi inadvertida la actuación de la Banda Sinfónica Juvenil, que tuvo que luchar contra los decibeles que traían la música de otros escenarios; una congestión sonora que se mantuvo a lo largo de todo el festival.

Tras el cierre de Jaime, la multitud se trasladó en una breve peregrinación hasta el set montado para Rubén Rada. El carismático y entrañable negro contagió el frenesí de sus exitosos "Cha cha muchacha", "Quien va a cantar" y "Morir de plena" y otras ocurrencias de su perfil histriónico para darle impulso al primer tramo del encuentro.

El atardecer llegó con rock en los bares, con el Cuarteto Zitarrosa, el canto comprometido del ex Olimareños Pepe Guerra (ante una audiencia juvenil), grupos eléctricos perfilados hacia la elaboración instrumental como Yeca Tatu y Popo Romano, quien aprovechó el encuentro para presentar su primer CD, en tantos años de carrera.

La gente se dispersó a lo largo del predio con bebidas, termos y mates para toparse a cada paso con un espectáculo diferente y la certeza de que ante semejante oferta sólo era posible disfrutar de una mínima parte de la propuesta. Porque todo era un espectáculo, hasta la puesta de sol que convocó a un centenar de parejas sobre la punta oeste de la península, y dejó una chispa para encender los primeros fogones.

Desde entonces comenzaron a brillar las performances callejeras, especialmente el "Fuego", de la compañía Los Juglares, bandas como No Te Va Gustar (a pesar de su nombre cuenta con muchos fieles) o el Trío Fattoruso. Los hermanos Hugo y Osvaldo, más el aporte de Francisco, dieron uno de los recitales más potentes de toda la programación, con una lista que contempló desde una versión candombe de "Superstition" hasta el implacable "Rompan todo", aquel hit de la juventud Shaker de los hermanos. Estas fueron algunas postales de la maratón artística que se extendió durante la madrugada en el sector de boliches y que, si realmente el encuentro mantiene su continuidad, los organizadores deberían ir pensando en un nuevo nombre para su fiesta montevideana.

Gente en movimiento

Público: la primera edición del encuentro fue en 1999. Asistieron 8 mil personas. La tercera, realizada el último fin de semana, reunió a unos 30 mil espectadores, según la producción.

En escena: se presentaron 140 espectáculos (en su mayoría musicales). Se montaron 4 escenarios principales, 30 carpas con locales de comidas y pubs, y varios fogones.

Organización: participaron cerca de 1500 personas.

Bises: pasado mañana, la fiesta tendrá repeticiones, en versión acotada y nocturna.

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