La propuesta de un pianista que regresa

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24 de septiembre de 2005  

Presentación del pianista Federico Lechner. Próximo show: hoy, a las 18, en Notorious, Callao 966.

Nuestra opinión: Bueno

Son tiempos de regresos. Músicos radicados en el exterior vuelven a Buenos Aires para mostrar su aporte que tiene, en muchos casos, mensaje y carácter. Tal es el caso del pianista Federico Lechner, que mostró en sus actuaciones un estilo depurado, es decir, un vocabulario amplio, variado junto con un sólido basamento rítmico que le dio a su presentación interés y atractivo.

Sin invitados, recurrió a un puñado de composiciones propias junto con algunos clásicos como "Days of Wine and Roses", de Henri Mancini, y "Charles Bond", del cornetista Thad Jones, por ejemplo.

Su actividad en España, más específicamente, en Madrid, lo llevó a participar de festivales y a realizar algunos trabajos interesantes como su disco con el trompetista portorriqueño Jerry González, en dúo, que fue como una suerte de presentación para aquellos que no lo conocen por estas playas. Hay una versión deliciosa de "Someday My Prince Will Come", que recuerda a la de Miles Davis.

En Notorious, mostró una fuerte formación jazzística con la que desarrolló un estilo pianístico clásico, con influencias de Jarrett, pero muy sostenido en un criterio melódico. En efecto, una balada como apertura a su show mostró ese espíritu cuasi romántico junto con un mensaje que toma la forma de una historia. Lechner es un relator desde su piano. Trabaja sobre frases que reelabora en busca de mostrarnos diferentes ángulos, distintas maneras de pararse frente a una composición en busca de modificar ciertos esquemas armónicos, sin desnaturalizarla.

En "Días de vino y rosas", ese romanticismo alcanzó las mayores cotas de la tarde. Una introducción en la cual sólo planteó un tramo de la frase y luego corrió alejándose de la línea central.

Toma de la tradición de los pianistas del Harlem, con una repetida forma de stride moderno. Una mano izquierda sólida acometió con bajos caminantes en busca de resolver la cuestión rítmica en esa soledad del piano solo; en otros momentos sostuvo un estilo contrapuntístico entre una mano derecha con vocación de dibujo melódico y una izquierda atenta a respuestas que nos devuelven la importancia del ritmo en el jazz.

Con la música de Thad Jones mostró su veta más moderna. Un aire melódico ataca los primer compases; su articulación habla de la contemporaneidad, de un criterio de sintaxis rico en sinónimos y un lenguaje que tiene lirismo, pero sin disolverse. Es concreto es su afán de volar sobre la parrilla de acordes.

Para el final eligió algunas composiciones suyas, que tienen un fuerte apego por lo que se considera como corriente central en el jazz. Su forma de explorar, o su gusto por la búsqueda, se orienta hacia la melodía. Su gusto por lo abstracto no tiene sello en sus trabajos; más bien, en su música se percibe la naturaleza de sus sentimientos.

Una balada para el final fue una decisión enteramente apropiada. Una intro que recuerda "Waltz for Debbie", de Evans, y luego una estructura plena de colores armónicos eslabonados por un afán de precisión en el concepto. Un pianista poco conocido con un trabajo que ya tiene formas reconocibles.

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