La Scala, en Buenos Aires

Llega la orquesta del teatro milanés, con la batuta de Riccardo Muti, su director desde hace 16 años
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30 de agosto de 2001  

En la continuidad de esta temporada plena de ilustres visitantes sinfónicos, le toca el turno desde esta noche a una de las orquestas paradigmáticas de la cultura italiana. Se trata de la Filarmónica de la Scala de Milán, que con la dirección del gran Riccardo Muti ofrecerá dos conciertos para los abonados del Mozarteum Argentino en el Teatro Colón, hoy y pasado mañana, y se presentará en un concierto extraordinario en el teatro Coliseo, que se realizará mañana.

No llegó la compañía de ópera completa cuando, por el abultado costo presupuestado, se truncó esa visita, en 1997. Pero sí arriba su orquesta, y en plena celebración del año verdiano, el compositor más amado por los milaneses y que, gracias al infatigable y comprometido Muti, está siendo objeto de una revalorización y refrescante "relectura" en el templo lírico más importante del mundo.

Dentro de un programa ecléctico, que incluye desde Beethoven hasta Stravinsky, Verdi sonará entonces en Buenos Aires al menos en su formato sinfónico la noche de pasado mañana, gracias a la Filarmónica de la Scala.

La orquesta fue fundada por otra notable batuta italiana, Claudio Abbado, y está integrada por los mismos músicos de la orquesta de ópera del teatro. Desde que, hace 16 años, el napolitano Riccardo Muti asumió la dirección artística de la Scala, el teatro lírico inició una fructífera actualización artística y estética en un espacio que corría el riesgo de sucumbir por el peso abrumador de la burocracia.

Dentro de ese contexto, Muti le dio un decidido apoyo a la nueva Filarmónica, surgida con la idea de ampliar claramente la experiencia artística de los músicos, desde el repertorio lírico hasta el sinfónico coral. Una orquesta que de base -es bueno recordarlo- tenía grabadas a fuego en su memoria genética las ideas musicales de los más grandes directores del siglo XX. Entre los italianos, Arturo Toscanini, Victor de Sabata y Carlo Maria Giulini. Entre los extranjeros, Von Karajan, Furtwängler y Bernstein. Aunque estaba virtualmente especializada en el gran repertorio operístico del siglo XIX.

Permanecer 16 años conduciendo artísticamente la Scala de Milán -un teatro que es "cuestión de Estado" para los italianos en general y para los milaneses en particular, que hace que cada estreno importante, conflicto gremial o discusión estética llegue a la tapa del tradicional Corriere della Sera- es tan difícil como perdurar en el inestable cargo de primer ministro de la península.

Probablemente sólo una personalidad de la talla de Muti, que combina una refinada sensibilidad musical con una solvente y consecuente defensa de sus principios estéticos, puede lograr domeñar a este monstruo sagrado de la lírica.

Sólo él parece capaz de darse vuelta en plena ejecución de la ópera inaugural de la presente temporada y amonestar al siempre revoltoso y sonoro loggione (el equivalente de nuestro gallinero del Teatro Colón) con dureza y salir airoso. "No hagamos un circo del comienzo del año verdiano", les espetó a los que iniciaron un estrepitoso abucheo después de que el joven tenor Salvatore Licitra terminó de cantar el aria "Di quella Pira" cometiendo la supuesta herejía de no cantar el célebre do de pecho culminante. Es que el 7 de diciembre último Muti enfrentaba con firmeza a un grupo ofendido por su atrevimiento de ofrecer una versión de "Il Trovatore", de Verdi, que dejaba de lado los usos y costumbres de la tradición.

Pero lo suyo no era un capricho, sino la consecuencia de su intención de sacarle el polvo a la costumbre devenida en fórmula estereotipada. Yendo a las fuentes, lo que hizo fue recuperar los colores originales imaginados por Verdi, que, por ejemplo, nunca escribió en su partitura aquella gimnástica nota do.

Paradojas verdianas

"¿No es sorprendente silbar lo que Verdi ha escrito? Es una situación paradójica", comentó con ironía Muti en una entrevista otorgada al diario francés Le Monde. "Una parte del público se opuso a que nosotros tocáramos lo que Verdi escribió, en vez de la retranscripción que hizo la tradición. Algunos piensan que respetar el texto original es un gesto revolucionario: yo soy fiel, no revolucionario. En tanto que soy un intérprete italiano, no quise ver el repertorio verdiano masacrado. Si se admite que la música es un bien cultural, las intenciones del artista no deberían ser alteradas", aclaró.

La propuesta de Muti, realizada nada menos que en la inauguración de la temporada de la Scala cuando se conmemora el centenario de la muerte de Verdi, marca su fuerte poder de convicción y sus anchas espaldas artísticas para mantener sus ideas, que si bien son reconocidas por todos, son objeto de apasionadas polémicas por el fanático público lírico italiano.

Los cierto es que, más allá de las discusiones, el director no hace más que reivindicar la obra de Verdi, que debe, según él, alejarse de cierta imagen estereotipada. Muti refuta esta concepción reduccionista, basándose en las nuevas ediciones críticas trabajadas directamente sobre los originales por la propia casa editora Ricordi. "La atención que debemos prestar a la dinámica del sonido, para mí decisiva, estuvo constantemente eludida. En las páginas del Réquiem, por ejemplo, están escritos numerosos piano y pianissimo que desaparecen en las interpretaciones, dentro de los forte y mezzoforte continuos. Pero las partituras son muy precisas. Así, Verdi sería sinónimo de "sangre hirviente", y yo me rebelo contra esa simplificación. Verdi puede ser manierista, pero jamás encontré vulgaridad en sus óperas." Muti reconoce: "Hay una banalidad verdiana en su manera de recurrir a una forma de soluciones convencionales. Pero son vulgares las interpretaciones que deforman las intenciones expresivas claramente indicadas por la música".

De esta forma, Muti no hace más que ser coherente con su premisa estética, que responde no sólo a la sensibilidad musical sino a una inteligente y abarcadora mirada sobre el repertorio clásico, que él amplió en Milán hacia el clasicismo y su amado Mozart, de un lado, y a las creaciones del siglo XX, por otro.

En Buenos Aires, Muti y los filarmónicos darán cuenta en vivo de parte de este nuevo presente escuchado aquí a través de las numerosas grabaciones que se realizaron durante su gestión. Una pata más para lograr una nueva solvencia y alta calidad musical que se termina de asentar con una política continua de realizar giras por el mundo entero.

Los conciertos

Jueves 30

20.30 Teatro Colón.
Función correspondiente a los abonados al primer ciclo del Mozarteum Argentino. Programa: Obertura de "Guillermo Tell", de Rossini; "El beso del hada" de Stravinsky, y la Sinfonía N° 6, "Patética", de Tchaikovsky.

Viernes 31

20.30 Teatro Coliseo.
Con el patrocinio de la Banca Nazionale del Lavoro y Pirelli Argentina SA y el auspicio de la embajada de Italia se realizará una única función extraordinaria de la Filarmónica en el Teatro Coliseo. El programa incluye la Sinfonía N° 7 de Beethoven y la Sinfonía N° 6, "Patética", de Tchaikovsky. Para esta función las localidades están en venta en el teatro Coliseo y por Entrada Plus .

Sábado 1°

20.30 Teatro Colón.
La Filarmónica de la Scala de Milán, siempre con la dirección de Riccardo Muti, se despedirá del público argentino con dos obras de Verdi:la Danza de "I Vespri Siciliani" y "Las cuatro estaciones", más una obra de Schumann, la Sinfonía N° 3, "Renana", en una función correspondiente al segundo ciclo del Mozarteum.

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