La transformación de la Orquesta Sinfónica de Montreal

Junto a la OSM, el director dejó un recuerdo imborrable en 2013
Junto a la OSM, el director dejó un recuerdo imborrable en 2013 Crédito: EFE
El director Kent Nagano se despide de la entidad que ayudó a convertir en modelo; hoy y mañana, invitado por el Mozarteum, en el Colón
Helena Brillembourg
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7 de octubre de 2019  

Aunque sabemos que volverá, Kent Nagano viene para decir adiós. Es su última temporada como director de la Orquesta Sinfónica de Montreal, a la que dirige desde 2006.

Su nombre ha brillado en los escenarios desde que hizo su debut con apenas 20 años como director de la Sinfónica de Berkeley. De allí su carrera ha sido un continuo desafío en la que siempre obtuvo las mejores puntuaciones. La lista es muy larga: asistente de Seijii Ozawa en Boston; director de la Ópera de Lyon, de la Ópera de París, de la Orquesta Hallé de Inglaterra; de la Orquesta Sinfónica Alemana de Berlín, de Ópera del Estado de Baviera, en Múnich; de la Ópera de Los Ángeles y, su más reciente nombramiento: al frente de la Ópera del Estado de Hamburgo y de la Filarmónica de Hamburgo. Habría que sumarle la infinidad de veces en las que se ha parado como director invitado de otras grandes agrupaciones. Pero si hay una en la que su marca quedará inscrita de manera especial es junto a la Sinfónica de Montreal. A esta institución le dedicó gran parte de su trabajo en estos últimos años y con ella vino en 2013 en lo que se recuerda como una visita memorable.

En esta oportunidad, la Sinfónica viene con dos programas y dos solistas diferentes para presentarse hoy y mañana en el Teatro Colón, invitados por el Mozarteum. Antes de Nagano, la OSM tuvo también otros grandes directores titulares, como Wilfrid Pelletier, Igor Markevitch, Zubin Mehta, Franz-Paul Decker, Rafael Fruehbeck y Charles Dutoit. Cada uno dejó su sello en esa agrupación fundada en 1934 y considerada hoy en día una de las mayores orquestas de Norteamérica.

Con más de 100 conciertos por temporada, además de presentaciones especiales, giras internacionales y su propio festival de verano, la orquesta a la que hoy le dice adiós su director no es la misma que encontró. Los cambios son siempre inevitables y las influencias tienen que hacerse notar. "Si tengo que abreviar, el cambio más importante que ha dado la Sinfónica es haberse convertido en una orquesta del siglo XXI -señala Nagano-. Nuestras audiencias ahora son bastante jóvenes, con un promedio de edad que está en los 30 años y eso ha hecho que nuestra sala de conciertos (Maison Symphonique de Montreal, inaugurada en 2011) esté siempre llena. De manera muy pausada la orquesta ha ido realizando un proceso de recambio generacional y el resultado es una combinación perfecta entre músicos jóvenes que tienen una técnica y una preparación del más alto nivel junto con la madurez y el conocimiento de los miembros que han estado allí por una cantidad importante de años. Eso la convierte en líder entre las orquestas de este siglo."

La relación entre Nagano y la OSM comenzó antes de su nombramiento oficial en 2006, cuando salió Charles Dutoit y hubo un vacío en el puesto de director. Por lo que a pesar de no ser el período más largo entre todas las orquestas con las que trabajó (estuvo 30 años al frente de la de Berkeley), si han sido muchos años de lo que el propio director define como una colaboración muy enriquecedora. "No es algo que suceda siempre. Hemos tenido mucha suerte en que de alguna manera nos gustamos mutuamente y eso hace que la relación funcione. Cuando todos trabajan con el mismo objetivo puedes lograr muchas cosas, entre ellas destaco haber construido una nueva sala de conciertos y haber atraído a una nueva generación de público. También estamos muy activos en los medios de internet, algo vital hoy en día en términos de comunicación. Pero si algo nos distingue es jamás comprometer la calidad de lo que hacemos. Siempre apuntamos al más alto nivel de calidad y ese compromiso está en nuestro ADN y es fundamental para el futuro de la música clásica".

Las relaciones terminan por muy variadas razones, pero no es algo frecuente decir adiós justo en el momento en el que las cosas funcionan al cien por ciento, como lo afirma su director. "Voy a extrañar a la orquesta y a todos los que allí trabajan, pero de manera muy especial voy a extrañar todo lo que representa la cultura de Quebec. Allí se encuentra la más antigua representación de la cultura europea en Norteamérica y esto hace una gran diferencia, puesto que le da un carácter de universalidad que la mantiene muy relacionada con el resto del mundo. Cuando viajo entre Hamburgo y Montreal no siento fronteras, algo que sí me sucede cuando lo hago a San Francisco".

Para el director, Buenos Aires es una interesante combinación entre la estética europea y el nuevo mundo, y siempre la considera uno de los platos fuertes de sus giras.

En esta visita, la Sinfónica de Montreal viene acompañada por dos violinistas que hacen su debut en la Argentina: la holandesa Simone Lamsma, para el primer concierto, y la francesa Alexandra Soumm, para el segundo. Ellas traen dos programas concebidos, según explica Nagano, sobre criterios diferentes para cada uno. Para hoy, el "Concierto para violín y orquesta en Re mayor", de Brahms y "Concierto para orquesta", de Bartók; y para mañana, el "Concierto para violín y orquesta Nº 3 en Sol mayor", de Mozart, y la "Sinfonía Nº 5 en Do sostenido menor", de Mahler.

"En lo que ha sido mi larga colaboración con la OSM, aparte de la importancia que representa el repertorio francés, también ha sido vital haber profundizado el que comprende el imperio austro-húngaro. Es algo que se refleja claramente en el primer programa, allí buscamos mostrar el momento histórico en el cual Budapest y Viena estaban muy cerca el uno del otro, no solo geográficamente sino en lo cultural, al haber sido parte de un mismo imperio durante tantos años. Además, también nos interesa mostrar la superposición entre Brahms y Bartók, quienes a pesar de pertenecer a generaciones diferentes sus trabajos coincidieron en muchos aspectos. Son dos piezas de concierto, una para solista y otro para orquesta en los que se nota de manera muy clara la influencia de las danzas y el folklore húngaro. Para el segundo programa queremos destacar la importancia de Viena como lugar de destino. Tanto Mahler como Mozart, a pesar de haber nacido en otras ciudades experimentaban una atracción magnética por ella. Enfocamos a estas dos figuras, visionarios universales para el mundo de la música, en su relación con esta ciudad".

Orquesta Sinfónica de Montreal

Director, Kent Nagano

Solistas, Simone Lamsma (hoy) y Alexandra Soumm (mañana)

Funciones, hoy y mañana, a las 20.

Teatro Colón, Libertad 621.

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