La vuelta al mundo en la guitarra de Frisell

"The Intercontinentals", la nueva propuesta del norteamericano, es un compendio de géneros del mundo
Ricardo Carpena
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4 de mayo de 2003  

Banda de sonido de la globalización. Resumen de la música del mundo. Fusión de las fusiones. De alguna forma debería poderse calificar a "The intercontinentals", el flamante disco de Bill Frisell. Pero, una vez más, el último proyecto del notable guitarrista norteamericano termina escapándose de los rótulos, de las frías categorías de las bateas. Aquí está él, con su estilo de siempre, acompañado por una banda multiétnica, una suerte de seleccionado musical del Primer y del Tercer Mundo. Vinicius Cantuária, notable cantautor y guitarrista brasileño; Sidiki Camara, percusionista de Mali; Christos Govetas, griego, a cargo del laúd, y del bouzouki, y dos coterráneos de Frisell: Greg Leisz, en pedal steel guitar, y Jenny Scheimann, en violín.

A partir de su álbum "Nashville", de 1997, Frisell ha recorrido un largo camino para internarse, con una mirada climáticamente jazzera, en el corazón del sonido de su país. Así, disco tras disco, aunque cambiara de acompañantes, este músico fue destruyendo y reconstruyendo al mismo tiempo muchos de los íconos musicales que le dieron identidad a los Estados Unidos (blues, country, bluegrass, jazz).

En muchos casos, sus proyectos se convirtieron en sonoros cuadernos de viajes por las polvorientas y desiertas rutas norteamericanas, llenas de desolación, pueblos fantasmas, bourbon y vaqueros. Esa línea directriz de sus trabajos pareció volver a pleno en esa especie de continuación de "Nashville" que se llamó "The Willies", su anterior CD, de 2002, nunca editado en la Argentina. Aun antes, "Blues Dream", tampoco distribuido en el país, presentaba climas densos, casi angustiantes, con guitarras desgarradas, trompetas lánguidas y ritmos cansinos, que apropiadamente fueron ilustrados en la tapa misma del álbum con la fotografía de una típica estación de servicio perdida en alguna carretera de los EE.UU.

De esa forma, disco tras disco, Frisell fue armando un rompecabezas musical a través del cual podía delinearse un genuino mapa musical de su país. "The intercontinentals" representa su viaje a otros mundos, o la confirmación de que el propio no está tan lejano del resto, en una travesía cuyo espíritu le debe mucho tanto a Ry Cooder y su Buena Vista Social Club como al Shakti de John McLaughlin, tanto a Marc Ribot y sus Cubanos Postizos como al sello Real World de Peter Gabriel.

Hay en este disco catorce temas, en los que se alternan los distintos músicos, los diversos instrumentos, y cada track se convierte en una escala en otro sitio del mundo y, a la vez, en todos. Late la negritud africana en "Baba drame", la cadencia de los Balcanes en "Yála" y las raíces brasileñas en "Procissao" (de Gilberto Gil). Pero de la fusión, de la mezcla, de las interacción, surge el aporte más fascinante de este disco. Cuando los músicos improvisan se derriban las fronteras, cuando los distintos instrumentos de cuerdas se intercambian mensajes no hay necesidad de pasaporte ni de visas: todos entienden y disfrutan del mismo lenguaje.

Para oídos preparados

Probablemente no se trate de un disco fácil y requiera de varias audiciones antes de que los oídos sean conquistados por estos exploradores musicales de nuevos mundos. En general hay tramas superpuestas de sonidos, en las que se entrecruzan guitarras, laúdes, violines, la steel guitar y una discreta percusión, con motivos que se repiten, suben y bajan en medio de ritmos hipnóticos. Pero el resultado final es sencillamente fascinante. Paradójicamente, en uno de los discos en los que Frisell cede más su protagonismo termina logrando uno de sus mejores y más personales trabajos de toda su extensa trayectoria.

Vale la pena acceder a este disco aunque sea para descubrir a Vinicius Cantuária, uno de los grandes talentos brasileños que son virtualmente desconocidos aquí. Compositor, guitarrista y cantante, cuenta con tres discos solistas impecables (siempre editados en los Estados Unidos, con invitados de lujo como el propio Frisell) y una extensa colaboración con músicos de la vanguardia neoyorquina (Arto Lindsay, Laurie Anderson y Ryuichi Sakamoto). Además de su "bosseada" guitarra, su cálida voz le aporta otro matiz al álbum, mayoritariamente instrumental, en canciones como "Procissao" y la bella "Perritos" (de su autoría).

The Intercontinentals

Bill Frisell

Boubacar,Good Old People, For Christos, Baba Drame,Listen Anywhere Road, Procissao, The Young Monk, We Are Everywhere, Yala, Perritos., Magic, Eli, Remember (Nonesuch).

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