Las repúblicas y los quioscos del Teatro Colón

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25 de julio de 2004  

Experiencia, oficio, entusiasmo. Tito Capobianco, flamante director general y artístico del Teatro Colón, trasunta estas cualidades en sus dichos, que promete transformar en hechos. Después de desarmar su casa en los Estados Unidos, desde la semana pasada está instalado full time en el Colón para insuflar rápidamente su estilo al teatro de ópera porteño.

Con casi cinco décadas de carrera internacional como régisseur, y tres como director de casas de ópera en los Estados Unidos (San Diego, y sobre todo, Pittsburgh) sabe, lógicamente, también cómo manejar los tiempos de la comunicación.

Por eso, la entrevista con LA NACION, a un mes de su asunción, transcurre distendida, pero también mesurada. No hay definiciones tajantes ni anuncios, aunque lo que dice -si se lo lee con cierta atención- trae mucha miga para analizar. Y para empezar a comprender cuál es el perfil que le piensa dar el régisseur argentino, de 72 años, a su gestión.

De la charla se desprenden algunas constantes y axiomas para la acción. Asegura que quiere concentrar energías y controlar más de cerca las actividades: "En instituciones grandes como éstas si reconocemos que hay 34 repúblicas o 34 quioscos, perdemos todos". Sobre todo reivindica una y otra vez a los cuerpos artísticos. "Cuando hablo del teatro, no me refiero a las paredes, sino a la gente que trabaja aquí" (ver recuadro aparte). Respecto de los artistas invitados de primer nivel internacional alerta: "Por una cuestión presupuestaria, el Colón no puede elegir, sino aspirar a ser elegido por los artistas".

Capobianco quiere concentrarse en el ballet, la ópera y el concierto. "Si eso anda bien, el ejemplo cunde", dice. Y aunque no hay nombres ni plazos, se ve que está dispuesto a asumir el costo de la toma de decisiones artísticas que se produzcan en los próximos meses, con el argumento de que se va a limitar a la gestión: "Como régisseur ya hice todo lo que quería. Ahora quiero transmitir mi experiencia".

Sobre el año próximo, sólo confirma que Charles Dutoit continuará dirigiendo la tetralogía wagneriana. "Es un compromiso asumido y es estupendo tenerlo aquí; sería absurdo no aprovechar este interés", comenta. Luego, sólo adelanta que piensa en producir tres títulos "que nunca se escucharon en el Colón".

-Entró con la temporada en marcha. ¿Se termina el año sin problemas?

-Tomar una temporada a mitad de camino es lo peor que hay. Pero estamos trabajando para que se cumpla al máximo, siempre manteniendo la calidad y la dignidad. Si no, ocurre siempre lo mismo: hay un cambio y se cae todo. Y ahí pierde la institución. Se pierde la confianza en la profesionalidad del lugar. El arte que practicamos es de carácter y valor universal. Cualquier cosa que pasa acá, a las horas se sabe en Roma, Berlín, Madrid. Tenemos que reconquistar cada vez más el respeto del exterior. Por eso, los problemas son cosas que se resuelven adentro de la casa; afuera no tienen por qué saber nada. El teatro cumple a cualquier precio lo que prometió, porque es un compromiso. De esa manera nos van a creer.

-¿Y con respecto a las próximas temporadas?

-Probablemente, en quince días anunciemos la de 2005. Y dentro de poco tengo que estar en 2006 y 2007. El tema es que la limitación de dinero es muy grande. Pagamos la tercera parte o menos que el Metropolitan, Roma, La Scala. Amigablemente, podemos decir que tenemos una competencia desleal. Por eso digo que no estamos en condiciones de elegir el cantante. Vamos a ser elegidos, que es la gran diferencia.

-¿Es difícil encontrar voces?

-Estamos en crisis de grandes valores vocales. No existe más eso de tener en una misma temporada a Bergonzi, Mario del Monaco, Richard Tucker

-En esta situación, ¿el Colón no debería ir en busca de voces nuevas más que aspirar a las consagradas?

-Sí, pero no es fácil. El nuevo divo hoy es Rolando Villazón. Lo conozco, porque lo lanzamos nosotros en Pittsburgh. Luego se fue al Met y ya lo tienen agarrado en Europa. Según ellos, es superior a Vargas, porque tiene el toque spinto. En la tradición italiana, el que tiene ese toque supera a todos. A todo el mundo le encanta Diego Florez, que es un chico que canta maravillosamente bien, pero cuando se le pone al lado un tenor spinto, le dicen "next". También hay que pensar en los talentos argentinos que hay afuera. Nuestro país los regala después de haberlos formado y esto ocurre no sólo en el arte, sino en todos los campos. Por ejemplo, a los tres mejores directores de coro los tengo afuera. Con los cantantes pasa lo mismo, por eso a Marcelo Alvarez le pedí que me dé una fecha, un día, que venga y dé un recital. Queremos que vengan, no que se queden, porque no hay mercado. Pero su presencia siempre es estimulante y motivadora para todos.

-¿Y aquí?

-También hay que buscar. Uno de los primeros planes que estoy completando es la campaña "Nuevos valores para el Colón", empezando por los cantantes, pero también para músicos, directores y compositores. La idea es hacer concursos anuales, producir motivación y formación. El Colón debería tener siempre un doble elenco con el segundo totalmente argentino y por qué no el primero. Como fue en otras épocas; esto es algo que se ha descuidado.

-¿Eso es válido para todos los repertorios?

-No, no tenemos en ningún repertorio un elenco completo que armemos acá y que esté a la altura de la ópera de París o Roma. Tenemos valores individuales. Tenemos, por ejemplo, primerísimos tenores como [Marcelo] Alvarez, [José] Cura, etcétera. Por eso, me interesa recuperar lo que fue la Opera de Cámara de Buenos Aires. Tuve una reunión con ellos. Quiero ayudarlos, estructurarlos, no que estén como huérfanos en un rincón peleando solos. Hay que ayudarlos para progresar. Darles la oportunidad para que hagan más, se puedan equivocar y volver a levantar.

Cuando asumió, hace poco más de un mes, Tito Capobianco acordó con el secretario de Cultura porteño, Gustavo López, que se tomaría 60 días para armar el staff definitivo para la dirección del Colón. Al respecto, Capobianco se limita a informar que se encuentra en pleno reordenamiento. Incluso deja para un poco más adelante la posibilidad de ocupar puestos vacantes, como el de director musical (ni la Estable ni la Filarmónica los tienen).

Según Capobianco, es necesario definir con claridad objetivos a futuro para el Colón y unificar los criterios de conducción, en un sistema de conducción que él ve demasiado disperso. "Es un problema de este tipo de instituciones que, como el Colón especialmente, son tan enormes. Si reconocemos que vamos a dejar que haya 34 repúblicas aquí, 34 quioscos, todos perdemos. Hay 124 coordinadores artísticos en todos los departamentos y no es posible. Se debe crear una estructura más lógica."

Sabe que éstas no serán decisiones simples, pero argumenta: "Tengo una ventaja: puedo dedicarme íntegramente a esto porque no tengo intereses personales como régisseur, porque eso lo dejé. He hecho más de 300 títulos. No se va a dar que yo piense hacer una ópera porque me gusta a mí: seguramente ya la hice. Siento pena , en cambio, por dejar la docencia, ya que me mantiene muy ágil con la actualidad y el futuro. Hablar con los jóvenes es hablar con el futuro".

Capobianco sabe que los cambios nunca se producen sin cimbronazos, pero se divierte con la ebullición intrínseca de teatros como el Colón: "Va a haber problemas, porque sin ellos no existe el teatro de ópera. Siempre digo que la ópera es la psicosis más hermosa creada por el hombre. He pasado muchas crisis -agrega riendo- tengo la experiencia de haberlas pasado. Y sobrevivido".

-Charles Dutoit sostiene que las orquestas deberían tener director titular. ¿Qué opina al respecto?

-Es lógico, tiene que haber una autoridad. Veremos de qué manera lo definiremos, porque depende del dinero que tengamos. Hoy, conseguir un Dutoit para aquí parece imposible, ¿Con qué lo pagamos? La dirección musical no se puede establecer si yo no tengo la garantía de que alguien se quede cinco o seis meses. E incluso afuera es difícil conseguir que alguien se quede cuatro meses, a pesar de que hablamos de contratos de 150 o 200 mil dólares. Lo que sí creo es que quien pueda estar en esta área debe tener experiencia universal, que sepa cómo es el problema en Europa, Estados Unidos o Australia, porque tenemos que reconectarnos con el mundo.

-¿Ve al Teatro Colón muy provinciano?

-No quisiera usar ese término porque el teatro no se lo merece. Al teatro lo veo un poco como desencajado, un poco huérfano. Y la culpa no es de la gente que trabaja acá. Esto pasa porque no se ha tenido interés en el teatro. Nos olvidamos de la Argentina que vivimos, de la crisis que pasamos. Todavía hay gente que no quiere venir. Lo primero que preguntan es: "¿Pagan? ¿Hay temporada? ¿No cancelaron?"

-¿Y cómo se revierte esto desde el Colón?

-Acá hay gente honrada capacitada para sacar adelante al teatro. Es fácil. El Colón no es el único teatro que existe en el mundo. No vamos a inventar la pólvora, basta con que se quiera mejorar.

-¿Que respuesta está teniendo de los artistas con los que está hablando?

-Tengo la ventaja de estar en la profesión desde hace muchos años. Cuando les hablo de que se les pagará en pesos, no es fácil. De todas formas éste es un país que todavía tiene magnetismo para los que vienen.

-¿Se puede recuperar la oferta de títulos que el Colón brindaba en la década del 60?

-Básicamente, es una cuestión económica. Falta dinero para el turno de la tarde. Por ahora, correctamente, no se pueden hacer más que nueve óperas por año. No hay plata para pagar ese bache. Pero si vamos incrementando el presupuesto, podremos hacer más. Es importante no confundir cantidad con calidad. Los tiempos cambian; el Colón no es el mismo de cuando estuvo el arquitecto Montero. Vivimos la época de la globalización, nos guste o no. Es una realidad, en la que el marketing es todo, y hay que afrontarlo para ver cómo respondemos. Se dice: "Hago 200 funciones y por eso estoy bien". ¿Pero 200 funciones de qué? Hay distintos niveles artísticos.

Para finalizar

Con amabilidad, Capobianco pide esperar un poco para hablar de títulos y nombres para el año próximo. Muestra, además, una carpeta que dice "Colón 2006", pero no la abre. Sólo define la necesidad de mantener un perfil amplio en materia de elección de repertorio y estéticas. "El público argentino es muy entendido, tiene una gran tradición. Lo mejor es ofrecer una temporada diversa para una sociedad como la actual, caracterizada por ser multicultural", concluye.

Números v. arte

Uno de los "leit motiv" de Tito Capobianco en el Colón es su vínculo con los trabajadores del teatro. La primera palabra que remarca es respeto: "Hay que tenerlo para ellos, entre ellos y entre nosotros. Y esto es un trabajo diario, para hacerlos sentir individuos". Según el régisseur, la "singularidad es la definición del artista que lo lleva a la universalidad por sus valores". Capobianco baja el tono y casi susurra para asegurar que los artistas "son individuos especiales, no son hombres comunes". Y esto le da pie para meterse en la vieja polémica entre administrativos y artísticos. "Se generan los conflictos entre ambos porque son individuos distintos. Hay que tener mucho cuidado con el trato. Para la administración esto es la farándula. Del otro lado, dicen que la administración no los entiende, no respeta el arte".

Ante esta situación, Capobianco dice: "Yo estoy en el medio. Hay que lograr, no que se entiendan, sino que convivan en razón". Sin embargo, brinda un ejemplo más que elocuente: "Hay que hacerles entender, por ejemplo, a los señores de la administración que tienen trabajo porque hay 525 personas que practican el arte en el Colón, entre coro, ballet, orquesta. Ellos les dan de comer a los otros 750 que trabajan aquí. Pero lo importante es empezar a respetarnos porque unos necesitan a los otros".

El futuro del CETC

  • En dos oportunidades, Capobianco se refirió al Centro de Experimentación del Teatro Colón, una creación de Sergio Renán que, desde 1990, se ocupa con muy alto nivel de las expresiones de vanguardia en el teatro. Primero Capobianco se preguntó sobre su perfil: "¿Qué es? Porque a lo mejor no es nuestro y se decide dejarlo afuera, para que hagan otra cosa. A menos que digamos que el Centro de Experimentación del Colón es de ópera y ballet y, entonces, deberíamos enfocar la programación en ese sentido. Porque ¿hasta qué punto al Colón le conviene que el futuro esté marcado por el centro experimental?".
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