Linaje sin etiquetas

Mauro Apicella
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21 de diciembre de 2013  

Factor burzaco en sobre la frontera / Composición, arreglos y dirección: Abel Gilbert / Músicos: Carolina Restuccia, voz; Facundo Negri, batería, vibráfono y percusión; Pedro Chalkho, guitarras; Carlos Quebrada Vázquez, bajo, y Sebastián Preit, piano / Invitados: Sergio Catalán, flautas; Rosa Nolly, saxos; Luciano Gianbastiani, clarinetes y saxo; Alan Courtis, guitarra; Nahuel Tavosnaska, bajo, y Hernán Crida, actor / Ensamble vocal: Virginia Majorel, Valeria Martinelli, Martí Díaz y Javier Lezcano / Próxima función: hoy, a las 20.30, en el CETC. Nuestra opinión: muy bueno

El director del Centro de Experimentación del Teatro Colón, Miguel Galperín, no suele diseñar su programación sobre lo que hay dando vueltas en la escena artística. Encarga obras o elabora conceptos que se concretan con músicos solistas, grupos, bailarines y actores que se encuadran con determinada propuesta. En el caso de las últimas funciones que el CETC propone este año (un ciclo denominado Sobre la frontera , que combina música académica con lenguajes de la música popular), el grupo Factor Burzaco sólo tuvo que hacer de sí mismo sobre el escenario. ¿Por qué? Porque lo suyo es la mixtura de lenguajes de tradición escrita y popular.

Hay otro dato significativo: a pesar de que la idea de vanguardia, evolución y progreso rondó a la música contemporánea casi desde que es considerada como tal (mediados del siglo pasado, digamos), las palabras "tradición escrita" no le son ajenas y tienen su peso desde el momento que obligan a una mirada hacia la historia.

Quizá sea ésta una época en la que la música contemporánea se revisita a sí misma a través de sus intérpretes y el proyecto de Gilbert sea uno de estos casos, en la medida en que el compositor hecha mano a procedimientos de este lenguaje, aunque esté mezclado con otros, los populares. Veamos algunos ejemplos. La manera en que escribe las líneas vocales y el tipo de diseño e intervalos que utiliza, que comenzó a trabajarse hace varias décadas; o la relación (caprichosa, tal vez, que puede hacer este cronista) entre el planteo de música como tortura y alguna escena de (la sesentista y futurista) La naranja mecánica .

Lo mismo se puede decir de los lenguajes "populares" que predominan en sus obras. El compositor echa mano a una de sus pasiones, el rock progresivo de la década del setenta. Por eso se puede encontrar un clima minimalista y desfasado a la manera de Robert Fripp, o breves pasajes de una voz femenina crispada que bien se llevaría con los proyectos de la dupla Zorn-Patton. Las lecturas son múltiples porque Gilbert se nutre de elementos claramente identificados con tiempos y lugares, pero la manera como trabaja los lenguajes hace que el oído se desprenda de las referencias o las relativice. Entendido de este modo, poco importa si lo que suena atrasa o es de otra época porque la ecuación no sería música contemporánea = novedad, experimentación, evolución, etc., etc. Lo que no ofrece múltiples lecturas es el resultado sonoro. Gilbert consigue la complicidad plena de sus músicos, que son muy talentosos. Y lo que hay más allá de las ideas de Gilbert es un grupo sólido y enérgico que las potencia y un ensamble vocal magnífico.

Por último, a Factor Burzaco siempre le sobra o le falta algo para que podamos reconocerlo claramente con rótulos como "música contemporánea", "rock progresivo" o "folklore". Pero sin eso que le sobra o le falta para ser "convencional" no tendría su razón de ser. Porque la esencia del grupo sigue siendo esa intención y concreción de lenguajes mixturados, amalgamados y friccionados.

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