Los Coplanacu, de boca en boca

Gabriel Plaza
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15 de noviembre de 2001  

Recital del Dúo Coplanacu. Músicos: Julio Paz (bombo, quena y voz), Roberto Cantos (guitarra y voz), Andrea Leguizamón (violín). Invitados: Pablo Aznárez (violín) y Marcelo Perea (piano). Teatro Coliseo.

Nuestra opinión: muy bueno.

El fervor era el mismo en las populares y en las plateas del teatro Coliseo: cerca de dos mil personas siguiendo con palmas ritmos de chacareras, cantando zambas de par en par, copando los pasillos de la sala para bailar escondidos.

Que un grupo de folklore llene una sala tan prestigiosa no es tanta novedad, pero sí en las condiciones en las que el Dúo Coplanacu llegó a esta instancia: todavía con espacio para seguir creciendo.

Prácticamente sin promoción, el grupo norteño convocó a sus simpatizantes con el famoso boca a boca de los provincianos que viven en la Capital, el apoyo de su sello y la mística que fue construyendo en sus constantes visitas a Buenos Aires, desde aquellas primeras incursiones en sótanos culturales ante no más de cien personas, cuando en Córdoba ya juntaban a más de dos mil y tenían, en Cosquín, una de las peñas más concurridas por noche.

Si bien este logro de Roberto Cantos y Julio Paz tiene más que ver con afirmarse en un punto estratégico del país que en una consagración que hace tiempo tienen en todo el noroeste argentino, la buena recepción que están teniendo en la Capital permite trazar otro panorama folklórico, demostrando que la escena telúrica no se reduce solamente a Soledad, Los Nocheros o Luciano Pereyra.

Existe una enorme cantidad de propuestas que están renovando el ambiente folklórico hace rato, más alla de que trabajen en silencio. La sola aparición de Pablo Aznárez como violín invitado sirvió como botón de muestra (fue ovacionado con su tema instrumental "Carnaval"), lo mismo que la participación del pianista Marcelo Perea o la mención del acordeonista Chochi Duré (desconocido para muchos, pero famoso en el mundillo folklórico porteño).

La lista -enorme- podría encontrarse en el próximo encuentro "Músicas de provincias", que se realizará del 24 al 26 de este mes en el Centro Cultural San Martín y otros centros culturales, en forma simultánea. En ellos estarán algunos de los artistas que comparten el camino de los Coplanacu.

¿Cuál es el camino de Los Copla? Buscarle el fondo a la canción, hurgar en un repertorio nuevo y en otro olvidado, de chacareras añejas y zambas a las que logran encontrarle un nuevo sentido a través de una interpretación sensible, con bombo, guitarra y violín, logrando versiones inolvidables de clásicos como "La flor azul" o "Agitando pañuelos", que en sus voces resultan novedosas.

"Somos cantálmicos ", se definió en un momento del concierto Julio Paz, bombisto y cantor del dúo. No se equivocó. El canto de los Coplanacu no es hacia afuera, sino hacia adentro. Se puede medir en esa creación que hacen de "Las dos lunas" conformada por "Luna santiagueña" y "Luna tucumana", cantada al unísono, pero usando las dos letras al mismo tiempo.

Clásicos y modernos

El grupo aprovechó la oportunidad para recrear temas que hacían en los principios con su primer cassette independiente y otras zambas y chacareras viejísimas, como "La ronquera", que sumaron al repertorio actual y todavía les falta el tiempo de maceración que están acostumbrados a conseguir en la interpretación de cada tema.

Con el antiguo material, de 1991, lograron reflejar mucho de lo que llevó al dúo a conseguir un espacio propio y que no ha cambiando en cuanto al sentido del canto; proyectar la raíz desde adentro, con una estética que se nutre de la tierra, del sedimento de lo anónimo y popular (como se puede observar en la simbológica instalación escenográfica del plástico santiagueño Rafael Touriño).

Transmisores de una emoción que hace temblar a todo el teatro cuando el público los acompaña cantando algunas de las canciones compuestas por Roberto Cantos, que a estas alturas conjuró los himnos más importantes del dúo, como "Retiro al norte", "Mientras bailas" o "Canción de fuego", los Coplanacu producen una ceremonia ritual y festiva (una cuando cantan zambas y la otra cuando hacen chacareras, respectivamente) donde los músicos y la gente son los protagonistas de esa copla de ida y vuelta o, traducido, al quechua Coplanacu.

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