Los productores opinan

A una semana del cierre del festival tres hombres de la música trazan perspectivas y cuestionamientos; mientras que uno de los programadores del encuentro folklórico defiende su criterio artístico
Mauro Apicella
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10 de febrero de 2014  

En el festival de folklore de Cosquín las grillas artísticas de cada noche son kilométricas. Con más de 30 o 35 números musicales, los horarios en los que cada músico sube al escenario cambian varias veces y las jornadas se extienden hasta las 6 o 7 de la mañana. Para que todos tengan lugar, algunos sets no duran más de 8 minutos. Porque en Cosquín hay lugar para todos: consagrados, nuevos talentos y acomodados. Durante el último lustro siempre ha sido así. Pero quizás esta última edición se exacerbó y provocó el enojo de tantos artistas famosos, al punto de que la polémica pasó por el escenario y siguió en redes sociales, pasadas las nueve lunas.

A una semana del cierre del festival LA NACION reunió a tres productores para trazar una perspectiva. Jorge Nacer es manager de artistas y fue, durante cinco años, el responsable de prensa del Festival. Por su parte, Daniel Nazer es representante de muchos de los músicos que son primera línea en los encuentros folklóricos de todo el país. Incluso, se encarga de producir festivales completos. En tanto, Roby Aidenbaum es productor de festivales de jazz, aunque también le ha tocado llevar músicos a encuentros folklóricos y padecer sus maratónicas jornadas. Tiene otra mirada para aportar al tema. "Qué termine a las 6 o 7 de la mañana para mí está perfecto, el problema es el contenido. Creo que este año no hubo más problemas que otros, simplemente la prensa se hizo eco en mayor medida", dice Daniel Nazer. "He ido al festival muchos años y coincido con él -agrega Jorge Nacer-. Lo que me parece es que este año quedó otro clima. Tristeza generalizada en mucha gente por todo lo que se comentó y sucedió."

-¿Por qué aparecen tantos músicos a los que se les cuestiona su talento artístico?

Nazer: -Por presiones. Es así todos los años. Ni siquiera la gente que programa el festival conoce a esos acomodados que cantan en horario televisivo.

Na c er: - Siempre hay un llamado a los organizadores que no se puede rechazar. El domingo de cierre había 45 artistas en la grilla completa.

Aidenbaum: -Yo no entiendo las noches maratónicas.

-¿Por esa exageración y por cortar conciertos importantes, como el homenaje a Falú, este año estalló toda la queja junta?

Nacer: -Lo que está prevaleciendo es que se le da prioridad al espectáculo y se deja atrás lo artístico.

Aidenbaum: -Para mí, todo tiene que ver con la poca profesionalidad del festival. Yo tomo como paradigma el Festival de Jazz de Montreal. Hay 3000 artistas de 30 países en 600 conciertos; 450 son al aire libre, gratuitos. El resto es pago, en auditorios. Entonces: no veo que el problema sea la cantidad de artistas en Cosquín sino el hecho de no tener más días o más escenarios.

-¿La organización toma en cuenta las críticas?

Nazer: -Creo que está totalmente sobrepasada.

Nacer: -El resto del equipo trabaja muy bien. El personal de camarines, de las oficinas, del sonido, de prensa. Todos son muy profesionales. Si lo hicieran mal el festival sería un caos.

Aidenbaum: - El festival tiene problemas, pero solucionables. El problema es que está demasiado politizado. Hay festivales que cuando entrás a la página lo primero que encontrás son las autoridades y la grilla artística no figura. Invito a hacer la comparación: el logo del gobierno de Canadá, que debe aportar mucho dinero, aparece chiquito en la página del Festival de Montreal.

Nacer: -Pero acá eso tiene que ver con una cuestión de idiosincrasia.

Nazer: -El 99 por ciento de los festivales no deben saber su presupuesto hasta 2 minutos antes de empezar. Canadá lo debe tener un año antes.

¿Todas estas cosas pasan porque el público lo permite?

Nazer: -Es el público más fácil del país. Aplaude cualquier cosa. En su gran mayoría es cholulo, sordo, mediocre e ignorante. ¿Queda claro mi opinión sobre el público, no? [el resto de la mesa se ríe]. Lo que pasó este año es que los artistas se quejaron mucho en el escenario, cosa que no comparto. La gente no tiene por qué enterarse que se pelearon con la comisión organizadora. Esos son problemas internos.

-¿Si se televisara en diferido el festival cambiaría?

Nazer: -Ésa sería la solución de todos los males. Aunque ahí le van a transmitir la presión al editor del canal.

Aidenbaum: -Bueno, pero también se podría hacer un festival con menos artistas, menos organismos, menos compromiso político y más curaduría artística. Estoy convencido de que a los públicos se los puede educar y formar. Se espera que un festival trascienda. Que vaya más allá de ser un mero festival de vanidades para los artistas y entretenimiento para el público.

Nacer: - Uno tiene que trabajar con la realidad y tratar de modificarla. Y que conviva lo popular, lo tradicional y lo nuevo. Me encantaría la experiencia del festival en diferido por televisión, como ya se hizo. Eso quita presión.

La voz coscoína

Desde Cosquín, uno de los programadores del festival, Freddy Martino, desestima la presión política que mencionan los productores, aunque reconoce haber recibido algún esporádico llamado: "Es porque todo intendente quiere que la figura de su ciudad esté en Cosquín. Pero te aseguro que no es tanta la presión como la cantidad de grupos que se acercan para tocar y cantar. Nos dejan entre 1800 y 2000 discos para que escuchemos durante el año. Le podemos dar lugar a unos 400". También considera que la última edición es un punto de inflexión y que está de acuerdo con estudiar la posibilidad de una transmisión televisiva editada y en diferido: "Llegamos a un punto en el que tenemos que reflexionar y reconstruir. Uno sabe que un festival con 18 y 20 artistas por noche es ideal. Evidentemente este año fueron muchos. Pero cuando bajemos la cantidad nos van a decir que no estamos dando oportunidades a nuevos artistas."

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