Luca Prodan, un mito porteño

Daniel Amiano
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23 de mayo de 2003  

Se trata de un mito. Un mito del rock argentino -aunque nacido en Italia y educado en Londres- que llegó aquí para huir de su adicción a la heroína. Luca Prodan fue una de esas figuras que verdaderamente le cambiaron la cara (y el ritmo y la intención) a la música hecha en este rincón del mundo. ¿Cómo lo hizo? Con talento y sin inhibiciones.

Cuando cruzó el océano, incentivado por las fotos de las sierras de Córdoba que le enviaba su amigo Timmy McKern (algunos aseguran que eso ocurrió en 1979), advirtió que aquí había mucho por hacer. Entonces compró los equipos necesarios y formó Sumo.

Admirador de Joy Division (el álbum "Divididos por la felicidad" es un explícito homenaje a la banda) y seducido por la cadencia del reggae, Luca llegó a la Argentina y se puso a componer una música que aquí no se había pensado: los años setenta habían hecho del rock una estética densa, oscura, introvertida. Para iniciados. A pesar de todo, y con el mismo desparpajo con que una noche desafió a Pappo (en un recital en el que su público resistía la actuación del cantante calvo) a correr hasta Rosario tomando vodka, inauguró un nuevo camino. Y con la mayor parte de las canciones de su repertorio cantadas en inglés.

* * *

Sumo era una banda caótica y poco prolija. Pero en ese caos había un niño terrible, Luca, que desafiaba constantemente lo establecido. ¿Por qué un concierto de rock no podía ser divertido? ¿Por qué no debía haber imprevistos?

Y con esa misma pasión que desplegaba (y que devoró) su vida, compuso una de las canciones que mejor pintan a Buenos Aires en la era rockera: "Mañana en el Abasto". Todo un símbolo.

Una síntesis perfecta de la mirada de este italiano inquieto y desafiante. Si hasta parece que fue escrita por un porteño del barrio donde Gardel (que, dicho sea de paso, también nació lejos de esta ciudad) cada día canta mejor. Los mitos se perfeccionan con el recuerdo. Y lo que queda, claro, siempre es lo mejor. Si hasta parece que Sumo no fue una banda under.

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Lo cierto es que bastaron unos pocos años y algunos recitales sorprendentes para ubicar a Luca Prodan (y a Sumo, claro) entre los emergentes de los momentos de creatividad más exasperantes y definitorios de nuestro rock.

De hecho, el grupo tuvo dos herederos dilectos, Divididos y Las Pelotas, pero muchas otras bandas se "liberaron" gracias a la libertad de ese personaje imprevisible que siempre se manejó en los extremos.

El sábado último Luca hubiera cumplido 50 años. Hace casi dieciséis que murió. Sólo seis le bastaron para alimentar una figura que los años agigantan y mantienen intacta. Y creciente.

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