Más pequeños, pero más libres

Los sellos independientes fueron el refugio de las nuevas propuestas
Adriana Franco
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28 de diciembre de 2001  

Si un signo puede encontrársele a este año 2001 en la música popular es el del impulso ganado por las producciones independientes. Tanto en el jazz como en el folklore, el tango y el rock, la mayoría de las más interesantes propuestas han surgido de emprendimientos desprendidos de las grandes compañías.

A diferencia de otros ámbitos de la cultura, el devenir de la música popular ha estado generalmente depositado en el libre funcionamiento. Allí no hay, como en el teatro, subsidios ni créditos. Tampoco, como en la música clásica, debió enfrentar conflictos gremiales como los del Teatro Colón, o problemas presupuestarios.

Pero este año, que marcó una gran crisis para la industria discográfica por la baja de las ventas, el aumento de la piratería y la crisis de Musimundo, dejó aún más librada la iniciativa al ingenio.

Varios signos lo demuestran. El jazz cobró auge en espacios no habituales e impuso happy hours jazzeros en hoteles, restaurantes y bares. Los discos editados fueron también bajo sellos pequeños y nuevos.

En el tango y folklore, los espacios alternativos permitieron el desarrollo de nuevas propuestas, en peñas y centros culturales como Gandhi, Notorious o La Eulogia, que se apoyaron en las producciones independientes de músicos como Carlos Aguirre, Pablo Aznárez, Claudia Pirán, Irupé Tarrago Ros y Verónica Condomí.

El rock es el que más tradición de independencia atesora. La banda más convocante del país, Los Redonditos de Ricota, lleva 25 años imponiendo sus leyes de juego, a contramano de lo que los especialistas en marketing señalan como conveniente. Sus discos y presentaciones son iniciativas propias y han demostrado que estar al costado del camino principal no es obstáculo cuando de calidad se trata.

A ellos se suman Los Piojos, El Otro Yo, Las Pelotas. Este año, además, la edición de discos independientes ha sido más prolífica que nunca. Mimi Maura, una de las más importantes revelaciones del año, edita bajo el sello Canary, y hubo también importantes pases a sellos chicos y más atentos a lo artístico que a lo comercial de algunos nombres clave: Babasónicos, Ratones Paranoicos, Celeste Carballo, Flavio Cianciarullo, Boom Boom Kid, Almafuerte, Palo Pandolfo. Desde allí, desde sellos e iniciativas más pequeñas, pero a la vez más flexibles y adaptables a un mercado difícil, surgieron las propuestas más interesantes. Ese puede ser también el semillero de la música que vendrá.

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