Miguel Mateos, con nostalgia de los 80

Gabriel Plaza
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11 de diciembre de 2001  

Recital de Miguel Mateos. Músicos: Roly Ureta (guitarra y voz), Ariel Pozzo (guitarra y voz), Mario Masselli (teclados), Dany Castro (bajo) y Alejandro Mateos (batería y voz). Teatro Astral.

Nuestra opinión: bueno.

No es casualidad que las cámaras del canal Volver registraran todo el concierto de Miguel Mateos. El músico fue el símbolo pop de los ochenta. Y eso se traslada a un público que debe de tener casi la misma edad que el cantante, un poco entrado en años, con más arrugas y con hijos, que llena de entusiasmo nostálgico la platea del teatro Astral.

Miguel Mateos, hace tiempo sin Zas (aunque en realidad siempre su figura estuvo por delante del grupo), es el muestrario de aquel desencanto de la primavera alfonsinista, de la generación posterior a la Guerra de Malvinas, de la división de públicos masivos (aquella que obligaba a elegir entre Zas o Soda Stereo) y también de este presente social en quiebra.

Escuchando sus canciones "Perdiendo el control", "Va por vos", "Tengo que parar", "Mensajes en la radio" o "Extra, extra", que suenan igual que hace dos décadas, con ese mismo teclado característico de los años ochenta, la audiencia se vuelve a sentir joven, corea los temas, y la propuesta de Mateos suena inocente, como esas radios en las que se pone de moda la nostalgia.

En cambio, cuando Miguel Mateos recurre a sus más recientes composiciones, con un pop más denso, una banda más ajustada, su pop "beatle" y de protesta se vuelve un cachetazo para esa generación desencantada y desmovilizada. Sobre todo en temas como "Pisanlov", que, según él, le valieron la censura de su sello, o en "Salir vivo", donde apunta su dedo a "los artistas que se vendieron a la cultura oficial".

El músico mira con simpatía su pasado autoral, juega con el público y con su ego cuando pide "ahora Buenos Aires me canta a mí", cuenta chistes, baja línea sobre la realidad y mantiene ese sello nacional y popular en esa canción con slogan de "Los argentinitos", que dice en su estribillo: "En el cielo las estrellas, en el campo las espinas y en medio del pecho, la República Argentina", que al final se vuelve en el grito con bronca del público: "Argentina, Argentina, Argentina".

Intentando elevarse como un altoparlante de la realidad, Mateos recurre con poca fortuna al clisé o a los ejemplos directos cuando canta: "No manden más ayuda a Sarajevo, mándenla a Tucumán. No la manden a Somalia, mándenla a Santiago del Estero, y sí manden maestros, muchos maestros a Ciudad Oculta y a Malvinas...".

Miguel Mateos transmite una canción, de trazo grueso, llena de verdades absolutas que buscan calzar en este tiempo. Lo que ocurre es que esa voz generacional no encuentra eco en un público que no parece haber cambiado demasiado, excepto por sus arrugas.

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