Músico y productor, una pareja imbatible

Se acaban de editar Electric Arguments, de Paul McCartney y Youth, y el segundo del "dueto" que forman de PJ Harvey y John Parish
Adriana Franco
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31 de mayo de 2009  

Trabajar de a dos, encontrar en otro el eco de lo que se piensa-siente-canta, como un espejo que, al deformar, permite que otras posibilidades pasen a primer plano. Casi siempre, es por allí por donde anda la búsqueda de un productor artístico, pero en otros, como en dos muy recientes ediciones locales, se pide un poco más: encontrar en el productor un compañero de ruta. Paul McCartney lo acaba de hacer con Youth y, desde las mismas tierras, llega el resultado del trabajo de Polly Jean Harvey y John Parish.

A esa seguidilla de excelentes entregas del ex beatle que está en una de sus mejores rachas creativas - Chaos and Creation at the Backyard, Memory Almost Full y ese rapto de amor por la disquería, Amoeba´s Secret - se suma ahora (gracias a un sello local que con poco ruido viene poniendo en bateas las mejores nueces) Electric Arguments , el tercer disco de The Fireman, el nombre que oculta (y, en principio, ocultó tan bien que casi nadie sabía de qué se trataba) el proyecto de McCartney y Youth, el productor y eventual colaborador del grupo Orb y Killing Joke.

Si los dos anteriores resultaron experiencias instrumentales y electrónicas, en éste, a pesar de su nombre, sumaron voces y canciones con todas las de la ley, pero con un tratamiento tal que esconden en ellas trucos, viajes y juegos.

Con la premisa de dedicar un día y sólo uno a cada tema (versión siglo XXI de aquellas sesiones beatles en las que en pocas horas terminaban discos que sacudían al mundo), este dúo trabajó codo a codo (como muestran, en otro registro de lectura, las fotos del libro interno con la construcción del mural-collage que resultó la tapa del disco) en estos trece temas desarrollan de todo: rocks potentes, pero deformados, al estilo "Helter Skelter" ("Nothing Too Much Just Out of Sight"); canciones bellas que recuerdan a "Blackbird" beatle o al "Jenny Wren", de Chaos and Creation in the Backyard ; otras, electrónicas y ambientales ("Lovers in a Dream", "Universal Here, Everlasting Now"); vocecitas gospel que piden amor; composiciones poptimistas y mañaneras ("Sing the Changes", "Highway", "Sun is Shining") y hasta dejó traslucir aquí y allá -algo de lo que se había cuidado en Memory Almost Full- la bronca y el dolor por el amor fallido y con final judicial (aunque, si le creemos, fue casi fruto exclusivo del azar o del inconsciente, hablando gracias al azar, porque contó McCartney en algunas entrevistas que las letras, en este juego de un tema- un día, fueron hechas al estilo cut up de William Borroughs, tomando un poco de un libro de poesía y otro poco de otro).

PJ Harvey, en cambio, tras el disco en el que cambió guitarra por piano ( White chalk ) dejó en manos de John Parish (productor de algunos de sus discos e invitado habitual en ellos) la composición musical de A Woman A Man Walked By para abocarse a la tarea de escribir letras y cantar canciones que juegan en el más amplio sentido de la palabra.

Ya la primera línea de canto da el tono de un álbum con muchas tonalidades. "I think I saw you in the shadows", cree PJ y ve sombras por aquí y allá. Arma el juego y el conteo de las escondidas entre Erica y Daniel, cantado con voz casi de niña sobre sonido de cuerdas y golpes de manos sobre el cuerpo; se pone sombría para hablar de la peor de las pérdidas; se despide de California y le habla al mes de abril, como una bruja que desconfía de la llegada de la primavera sobre un órgano que parece salido de una iglesia pagana; casi grita en "Pig Will Not" (inspirada en "The Rebel", de Baudelaire) y definitivamente incomoda al género masculino en el tema que da título al álbum y que, según las crónicas de sus recientes presentaciones en vivo, realmente perturba ("risas nerviosas de todos los hombres", dice Randall Roberts de su show en Los Angeles; "versos que hicieron a los hombres cruzar sus piernas nerviosamente", comenta Alex Petridis del de Londres).

Artista camaleónica, potente, inquisidora, PJ retoma un linaje femenino que se extiende al punk rock y a los gritos primales de Yoko Ono y aún más atrás y a quien no le interesa tanto hablar de lo suyo sino de lo de todos, que no ve apocalipsis futuros sino los abismos que perturban cada instante.

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