Nelly Omar: el milagro argentino

Gabriel Plaza
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5 de mayo de 2009  

Recital de Nelly Omar. Las guitarras de Carlos Juárez. Payadores: José Curbelo, Aldo Crubelier, Carlos Marchesini, David Tockar, Carlos Sferra, Marta Suint, Ballet Copes Tango Danza. El sábado, en el Luna Park.

Nuestra opinión: excelente

Yo soy como siempre, yo nunca cambié, / mi ropa es la de antes, mi vida también. / Por eso, de pronto, me cuesta creer / que seas la misma, la misma de ayer. " La voz inmemorial de Nelly Omar se hamaca sobre el vals de Manzi y Canaro. Es una foto perfecta de la imagen que la eternizó: los puños apretados sobre el pecho, en gesto íntimo y sentido como si sostuviera un puñuelo; un poncho pampeano rojo y negro, y una escarapela blanca en el costado izquierdo del corazón. Abajo, el público llora de emoción.

En más de una hora y media, la cantora nacional cumplirá con un ritual de varias décadas (donde no faltarán los condimentos y cánticos peronistas); escuchará pedidos de la platea; saludará a cada uno de los que se le acercan al pie del escenario; retará a sus músicos; desperdigará unos cuantos comentarios ácidos sobre el Gobierno y los políticos, y cantará con esa sobriedad criolla, en la que descansa todo el maravilloso encanto de su estilo, más de una decena de tangos, milongas y valses, que confirmarán su carácter de mito viviente.

A la espera de presenciar el milagro de su voz, el público escucha primero con devoción el contrapunto de los payadores que le rinden tributo a la "Gardel con polleras" y se florean por milongas y décimas, vestidos como para un desfile de gauchos. Después, la compañía de Juan Carlos Copes pone otro condimento a la noche.

Como un relator de box, el locutor Miguel Angel Gutiérrez anticipa el momento de la mujer nacida en Guaminí. Suenan las guitarras de sonido brillante de Carlos Juárez. Ella aparece radiante, con sus 97 años, sólo para cumplir su destino de cantora. "Cantando me he de morir y cantando me han de enterrar. Desde el vientre de mi madre vine a este mundo a cantar." Improvisa la glosa y estremece. Comienzan los sollozos en la platea de sus fieles seguidores. Algunos, de sus tiempos, y otros, jovencísimos, que oyeron de la leyenda. La voz de Nelly Omar cautiva en "Del tiempo de la morocha" y "Milonga del 900", evocando una época que parece despertar en su fraseo sensible, en ese registro que lo resiste todo y que suena tan verdadero.

Llueven los pedidos y Nelly dice categórica: "¡No nos entretengamos, que vine a cantar y ustedes a aplaudir!". Esa fiereza se equilibra con su delicado buen gusto para matizar en el repertorio "Jacinto Chiclana" de Borges y Piazzolla, con el vals "Desde el alma" y memorables versiones de "Tu vuelta", "Sur" y "Nobleza de arrabal". Otro concierto histórico, que cierra cantando "La descamisada" (en el mismo Luna Park donde conoció a Evita) y baja del escenario para saludar al público que le responde con la "marchita". En la calle, un volante un poco en broma, un poco en serio, señala: "Dicen que Gardel fue Nelly Omar en hombre y no al revés".

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