Nueva función de la ópera de Mozart

A la representación de esta noche se agregó otra el domingo, con entradas a precios populares
A la representación de esta noche se agregó otra el domingo, con entradas a precios populares
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27 de junio de 2002  

Fue un acierto de las autoridades artísticas del Teatro Colón programar siete representaciones de "Las bodas de Figaro", de Mozart, en la actual temporada, y contar con dos elencos casi completos, tan efectivo el uno como el otro, una feliz circunstancia que viene a fortalecer la opinión de que existe un buen número de artistas locales con méritos suficientes como para actuar en un escenario de prestigio mundial, que además requieren para su elevación artística de una cierta regularidad de acción frente al público, que es quien determina los quilates de cada uno.

Algunas revelaciones

El nuevo elenco tuvo en la soprano Mónica Capra como Susana a una exquisita cantante mozartiana, de bello timbre, sonoridad de aquellas "que corren" en la amplitud de la sala, refinado fraseo y desenvoltura como actriz.

Mariana Rewerski demostró acabadamente ser una artista de singular jerarquía no solamente por su intachable musicalidad, voz bien emitida y agradable timbre, sino también por su natural manera de crear un Cherubino despierto y seductor.

Otro puntal del nuevo equipo para Mozart fue el barítono Luciano Garay al lograr una actuación consagratoria como Conde de Almaviva, con lo cual ha llegado para él el momento de asimilar con claridad dónde está el repertorio más adecuado para sus excelentes medios vocales y musicales.

Mónica Ferracani, de bella estampa y aplomado desempeño como actriz, fue una Condesa sobria de voz incisiva y de color esmaltado, que emite con un vibrato que por estar controlado forma parte de su personalidad artística (la nómina de cantantes con esta condición vocal es importante y valiosa), que le otorga al personaje un dejo de nostalgia muy adecuado para las desventuras de la vida afectiva del personaje

Otros cambios se operaron en los roles de flanco, donde exhibieron eficacia Marcela Pichot y Alejandro Di Nardo (correctos comediantes) como Marcelina y Don Bartolo.

Por su parte, el barítono Gustavo Gibert como Figaro (es el único papel protagónico que no tuvo reemplazante) fue mucho más desenvuelto como actor que en la primera función e igualmente seguro en el aspecto musical, logrando un canto de singular firmeza y de mayor prestancia sonora.

Gabriel Renaud y Gabriel Centeno reeditaron Basilio y Curzio. Fue correcto Mauricio Thibaud como Antonio, y apropiada Claudia Arce como Barbarina, en tanto las aldeanas (Gabriela Anapios y Cecilia Aguirre Paz) y el coro lograron el candoroso espíritu del momento.

La orquesta, dirigida por Jorge Carciófolo, rindió con la misma seguridad y conocimiento del repertorio lírico, pero en esta representación, con una cuota mayor de variedad de planos y matices -el director de orquesta estuvo más distendido en la expresión-, con lo cual todas las escenas de conjunto se transformaron en momentos musicales de delicada belleza. Excelente la labor desde el cembalo de Susana Cardonnet.

El público que es el único juez que puede dar un fallo inapelable; dio su veredicto con un lleno total de la sala, aplauso cálido y unánime, y una imagen de gente que salía del Colón, con una sonrisa, distendida y saludable.

Las localidades, entre $ 6 y 30

Esta noche, a las 20.30, el Teatro Colón ofrecerá nuevamente "Las bodas de Figaro", de Mozart, y en una feliz determinación del director general de la sala, Emilio Basaldúa, se agregó otra función de carácter extraordinario, el domingo, a las 17, a precios que van desde 6 hasta 30 pesos. En ambos casos, la actuación estará a cargo del elenco cuya labor se comenta aparte.

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