Páez, la vida en canción

Adriana Franco
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25 de mayo de 2003  

Recital de Fito Páez. Presentación de su nuevo álbum, "Naturaleza sangre". Con Fito Páez (voz, teclados y guitarra), Guillermo Vadalá (bajo), Gonzalo Aloras (guitarra), Sergio Verdinelli (batería), Javier Lozano (teclados) y Vandera (teclados y guitarra). Músicos invitados: Luis Alberto Spinetta, Claudia Puyó y Charly García. El viernes, en el Luna Park.

Nuestra opinión: muy bueno

"Vuelvo nuevo y empiezo otra vez", canta Fito en el primer tema. "Vuelvo nuevo y me pierdo otra vez." Y allí, quizá, se resume la apuesta de un artista. La habilidad de transmutar vida en canción.

Esta vez, el rosarino llegó con un puñado de las composiciones de "Naturaleza sangre" que ya habían comenzado a rodar en noviembre en el teatro Ateneo. Cuando aparecieron, eran aún tímidas, íntimas. Hoy, Páez y su banda se han hecho dueños de ellas. Y están en el escenario grande del Luna. Pero para que estas todavía nuevas canciones no se asusten demasiado, el músico comienza el show en el centro mismo del estadio. Guitarra en mano y rodeado de la gente. Todo blanco y rojo. Todo sangre. Recién después se encenderá el escenario principal con el resto de los músicos, sumándose, metronómicamente, a la propuesta.

La escenografía es poca, pero la intención es mucha. Nada más -nada menos- que músicos haciendo lo que saben.

Allí están "Nuevo", "Salir al sol", "Volver a mí". Canciones urgentes. Contundentes. Casi imperativas. Con el bajo preciso, maestro, de Vadalá, poniendo golpes funkies. La guitarra rockera de Aloras. La batería que define con sutileza Verdinelli. Y los arreglos que aportan Lozano y Vandera. Luego va para atrás con "Sable chino", bello tema de su primer álbum y, enseguida, "El diablo de tu corazón", que el público abraza. Páez está otra vez en el centro del estadio, en los teclados, vibrando la voz del artista con la del público, mientras una pelota inflable va y viene, entre él y todos.

Los invitados

De allí hay que bajar. Porque llega el primer invitado. Luis Alberto Spinetta para cantar los dos temas en los que participó en el álbum. "Bello abril" y "El centro de tu corazón". Si su aparición provocó el aplauso, su voz provoca conmoción. Si la de Fito aporta urgencia, como cronista de lo suyo y de allí, del tiempo de todos, la de Spinetta nos recuerda que podemos ser mejores. Pasaje alto de este muy buen primer tramo del show. Por la belleza de las canciones. Por el encuentro de las voces. De los artistas.

Luego, y por varios temas, Fito recorrerá su carrera. "Canción de amor mientras tanto", "Cadáver exquisito", "11 y 6" (con una introducción en teclados con aire a bar de jazz de entre guerras) y "Tumbas de la gloria". Invita a un amigo, Pilo, en armónica, para hacer los dos, en el centro, un medley con varios retazos de temas ("She´s mine" y "Pétalo de sal", entre otros) y luego es Claudia Puyó, gran voz de rock, la que cantará "La ciudad de los pibes sin calma". Tras el subidón de "Polaroid de locura ordinaria", llega "Circo beat", canción que es arrebatada por la audiencia, acelerándola, casi arrastrando a la banda. Fito juega, cambia la letra. Esta vez dice que "ha venido hasta el Luna Park a escuchar a Guille Vadalá".

Sobre el último tramo, la sorpresa de los temas nuevos, que había reinado en los inicios, se desdibuja. Sólo presentará, entre sus clásicos, algunos más. "Urgente amar" y "Naturaleza sangre", en la que, en medio de la canción y mientras sobre el fondo del escenario "chorrea" sangre, se suma Charly García. Trae desorden. Su ya habitual desorden. Siguen con "Ciudad de pobres corazones" y, casi pareciera que por decisión de García, "Cerca de la revolución". Tras cerrar con "A rodar", vuelve con otro estreno, "Los restos de nuestro amor", la semi tecno "Música para camaleones", para cerrar definitivamente con "Mariposa Tecknicolor".

En el Luna, el músico se ha encontrado con su público. Encuentro real. Por la entrega de todos en los temas ya conocidos y que lo hacen convertirse, por momentos, en gran director del coro general. Pero, sobre todo, por la manera en que fueron abrazadas sus nuevas canciones. Esas que ahora se irán por allí, de gran gira. A seguir mutando, cambiando, creciendo. Los músicos van con ellas.

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