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"Prefiero hablar mi propio idioma"

Mauro Apicella
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15 de noviembre de 2003  

"Soy una mujer vertical, frontal. No evado preguntas. Prepárate para las respuestas. Siempre será así conmigo. En mi país he sido controversial", dice la cantante puertorriqueña Lucecita Benítez, con ese vozarrón que no podría pasar inadvertido ni ser disimulado detrás de los anteojos y el gorro que luce en el hall de un hotel de Buenos Aires.

Más tarde dirá: "No me interesa el Norte (se refiere a los Estados Unidos). Prefiero un país donde pueda hablar mi propio idioma. Fíjate que aquí no me siento extranjera. No es como en mi país, pero siento algo parecido. Hay un vecino que se parece a mí y a quien quiero ganar nuevamente".

Esta hincha de Boca que acostumbra ver el canal América desde su casa en Puerto Rico llegó a Buenos Aires con varios proyectos. Como anunció LA NACION semanas atrás, Lucecita quiere volver a poner en las bateas argentinas algunos de sus discos -el flamante sello Pelo Music estaría interesado en algunos de sus trabajos- y pasar la mitad del año en Buenos Aires para ofrecer espectáculos.

La cantante lleva la vista hacia el amplio ventanal del hotel. La avenida Córdoba pasa frente a sus ojos y trae recuerdos, recientes y lejanos. "Estuve muchas veces en la Argentina. Incluso hace mucho tiempo salió un disco con mi nombre, Luz Esther Benítez. El primer disco que llegó aquí y el primero del que se prohibieron dos canciones."

En la década del sesenta comenzó a participar en shows televisivos. Hasta llegó a cantar en el programa de Ed Sullivan, en 1970. Luego adoptó el repertorio latinoamericano testimonial. Grabó de todo y para todos. Desde temas de Palito Ortega hasta piezas de Miguel Matamoros, Agustín Lara, Atahualpa Yupanqui y Daniel Viglietti. "Pienso que mi voz está al servicio de las grandes cosas. Dios me dio un gran talento y lo tengo que poner de acuerdo a mi gusto y a cómo está la sociedad para la que voy a trabajar."

Una época diferente de la de la nueva ola, que la tuvo como una de sus protagonistas, varias décadas atrás. "Totalmente -confirma mientras apura una copa de champagne-. Empecé cuando comenzaron los Beatles, los Rolling Stones o Palito (Ortega) y El Club del Clan. Nosotros también lo llamamos el Club del Clan..."

Durante su anterior estada en Buenos Aires, en los ochenta, registró tres álbumes: "Mujer sin tiempo", "Gaviota del aire" ("con Leo Sujatovich, un gran músico de ustedes", comenta), y luego, con José Colángelo, el tanguero "Canción de Buenos Aires".

"Era algo que quería grabar desde bien nena. Mi mamá cantaba tangos de Carlos Gardel y de Libertad Lamarque", memora.

Estar en casa

Lucecita lleva más de un mes en nuestra ciudad. Ahora está por salir a ver "apartamentos". No quiere quedarse mucho tiempo más en este hotel lujoso: "No sólo por lo costoso, sino por lo impersonal", asegura. Pero antes deja unas cuantas definiciones.

Dice que en su propio sello independiente hay 15 obras de arte. "Con toda humildad te lo digo. No son desechables ni modas." También asegura que siempre se renace: "Se toca fondo y se vuelve a nacer. Desde muy joven, cuando gané el Festival de la Canción Latina en México, fui, y soy, la bandera de mi país."

-¿Quiénes más representan a su país?

-Hay artistas no tan jóvenes que fueron pioneros en los sesenta. Hubo un crossover que logró parir grandes artistas como el compositor Pedro Flores o Rafael Hernández, conocidos mundiamente.

-¿Y Ricky Martin?

-Es un niño muy trabajador que se merece todo el éxito. Está en el mercado en el que tiene que estar y es representativo de un sector de la comunidad de Puerto Rico. Representa a su generación. Admiro y respeto a cada uno, como él o Chayanne, que han logrado cruzar el charco y hacerse sentir en los Estados Unidos.

-Hace un rato habló de tocar fondo y volver a nacer...

-Toqué fondo cuando fui perseguida políticamente al declararme independentista. Porque soy una persona que cree que su país debe ser una república, no una colonia. En el comienzo y en la gloria de mi carrera tuve que toparme con los que controlan el medio en Puerto Rico, que son los cubanos. Al verme ir a Cuba a cantar invitada por Pablo Milanés, me costó que me sacaran de las radios. No me detuvieron, pero me han llenado el camino de piedras. Pero que te quede claro que no todos los cubanos de Miami son iguales. También tengo amigos adorados.

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