Rego con la Filarmónica

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11 de mayo de 2003  

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, con la dirección de Peter Bellino y la participación del pianista Manuel Rego como solista. Programa: Obertura de "Los maestros cantores de Nuremberg", de Wagner; Concierto para piano y orquesta en Re bemol mayor, de Aram Khachaturian, y Sinfonía N° 1 en Re mayor ("El Titán"), de Mahler. En el Teatro Colón, jueves 8 de mayo.

Nuestra opinión: muy bueno

Un saldo altamente estimulante habrá de quedar en el oído y el espíritu de quienes asistieron a este concierto de la Filarmónica dirigido por el maestro italiano Peter Bellino, a quien el público porteño conoció en 1983 al frente de la Sinfónica Nacional.

Bellino es hoy una figura calificada en el panorama internacional de la música, capaz de encarar las obras más densas o complejas de la literatura orquestal; poseedor de una gestualidad amplia y muy explícita, modeladora de intenciones interpretativas encomiables, con suficiente equilibrio y ponderación en los matices dinámicos, y precisión para delinear discursos sinfónicos, su labor resultó sumamente eficaz en la Obertura de Los Maestros Cantores de Nuremberg con que se inició el concierto.

Si bien ésta no ha sido considerada, precisamente, como una obra renovadora en materia de lenguaje musical respecto de sus otras producciones, Wagner le infundió sus rasgos esenciales, el color armónico que, unido a la pujanza sinfónica, da por resultado una combinación feliz entre la solemnidad celebratoria, marcada por los bronces y la percusión, con transiciones llenas de encanto y fluidez sonora. Todo ello, representativo del amor naciente entre los personajes centrales de la ópera y así fue expresado por la Filarmónica, en conjunto, a las órdenes de Bellino.

Sus precisas indicaciones obtuvieron respuestas concomitantes, con pareja intensidad en el sector de las cuerdas, fusión sonora cuidada con las maderas, los vientos y la percusión, y una interrelación precisa de los temas que plantea la partitura, en contrapuntos que no carecieron de la dosis dramática requerida.

Pero si Bellino dispuso de una orquesta cuyos grupos instrumentales funcionaron muy bien con Wagner, con el pianista Manuel Rego iría a contar con un solista de excepción para hacer lo propio con el Concierto para piano y orquesta (1936) de Khachaturian. Como acto celebratorio del centenario del músico armenio no pudo haber sido mejor.

Manuel Rego, uno de los más relevantes artistas con que cuenta el país, asumió la empinada tarea de abordar esta obra, quizá una de las más logradas y difundidas de la música instrumental del realismo socialista soviético de los años treinta, pero en no menor medida del nacionalismo musical armenio, de marcada raíz étnica. Aun así, y pese a su amplia aceptación general -como su Concierto de violín- su concepción no alcanzó a tener la original flexibilidad y riqueza musical de su Quinta Sinfonía.

Un desempeño magistral

Desde los impecablemente parejos acordes del Allegro ma non troppo e maestoso inicial, con los que el piano inicia su intervención después de la introducción orquestal, Rego mantuvo siempre un dominio magistral de la obra -de gran compromiso para los medios técnicos y sobre todo expresivos, por su ardua expresividad-. Su esquema estructural rígido no impide que aflore en ella un sentido improvisatorio fresco y melismático, con pasajes de una rítmica vivaz y coherente, y un dinamismo del que Rego hizo gala holgadamente con imaginación. Su piano fue siempre elocuente, su sonido siempre audible y de calidad, aun por encima del fortissimo de una orquesta cuya escritura virtuosística vincula a Khachaturian con Prokofiev.

Hubo solos instrumentales valiosos, como el del oboe y la gran cadenza final del solista fue ejecutada de manera admirable, como asimismo lo fue el dúo con el clarinete en el Andante y el Allegro final de inusual brillo y efectividad tocatística.

La Filarmónica, que logró mantener un ajuste encomiable con el solista, iba a tener asimismo rendimientos logrados en no pocos pasajes de la Primera Sinfonía de Mahler,que coincidieron cabalmente con su índole intrínsecamente heroica.

Bellino consiguió crear el clima de expectación ante la naturaleza imaginado por el compositor y tuvieron clara definición los diferentes grupos y timbres instrumentales por él convocados, como el logrado por el sector grave de las cuerdas, las maderas o los magníficos unísonos de los violines. La blanda sonoridad de los cornos y el tono acariciante de la melodía recreó ese clima de bonanza y felicidad que transmite el primer movimiento y que preludia zonas más sombrías.

Particularmente logradas fueron la tensión y la distensión del discurso, la flexibilidad mahleriana y la pujanza infundida al Scherzo , culminando con una danza frenética.

La inquietante parodia, de tonos irónicos del tercer movimiento ( Solemne y medido) con intervención del oboe fue admirable y el estallido final del Tempestuoso alcanzó -dentro de los condicionamientos actuales de la orquesta- niveles de rendimiento altamente positivos.

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