Sherlock Holmes no hubiera tenido lugar en la ópera

Pablo Kohan
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29 de abril de 2004  

  • No hubo ni habrá otro detective como él. Ni reales ni imaginarios. Antes que Hercules Poirot, Ellery Queen o Philip Marlowe, Sherlock Holmes fue el primero en resolver los grandes enigmas policíacos con la única ayuda de la inteligencia, la atención y la fantasía. Pero, además, el personaje tocaba el violín y tenía gustos musicales refinados. Con el Dr. Watson, ejecutaba adaptaciones de las "Canciones sin palabras", de Mendelssohn y, según su confidente, "era un músico entusiasta y un intérprete de grandes méritos". Holmes admiraba a Paganini, gustaba de la música de Chopin, se apuraba para ver una ópera de Wagner en el Covent Garden y urgía a Watson para que dejara el consultorio "porque en St. James Hall toca Sarasate".
  • Pero el melómano creado por Conan Doyle hubiera sido absolutamente inapropiado como personaje de ópera, ya que la resolución de crímenes nos hubiera dejado sin argumentos y sin música. Por ejemplo, en "Tosca", sin torturas ni amenazas hubiera descubierto el paradero de Angelotti; le hubiera salvado la vida a Lulú arrestando a Jack "El Destripador"; nadie hubiera quedado libre, y menos aún sobre un escenario, en "Porgy and Bess", ya que entre sus personajes, además de pescadores, hay asesinos, ladrones, vividores, traficantes de droga, promotores del juego clandestino y policías corruptos. Pero sí hubiera sido un gusto verlo en "Adriana Lecouvreur", una actriz de la Comedia Francesa que muere asesinada por inhalar el perfume de un ramo de violetas envenenadas. Para ponerle un poco de interés a una ópera con escasos atractivos argumentales, hubiera sido una delicia verlo llegar, con su pipa y sus atuendos detectivescos, para descubrir el móvil, el modus operandi y, por último, a la asesina, la sagaz Princesa de Bouillon, la única homicida de la historia de la ópera que pergeñó un crimen especialmente diseñado para Sherlock Holmes.

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